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Su casa es una especie de santuario del arte, donde la pintura ocupa un lugar preponderante en cada rincón, gracias al romance que Nunzia Valenti ha sostenido durante toda su vida con esta rama del arte.

Ella se describe como multifacética y asegura que dentro de ella hay muchas personalidades que en algún momento salen a la luz.

“Además de sentirme bien en mi rol de madre, de esposa, de vicepresidenta de la Academia de Ciencias de la Genealogía, de la Cámara de Industria y Comercio ítalo nicaragüense, me encanta pintar.  De vez en cuando soy bohemia, así que soy un poco de todo", señaló.

¿En qué momento descubrió su vocación por la pintura?

Yo creo que hay muchas cosas que nacen con uno. En mi caso vengo de trayectoria de artistas. En mi lado materno hubo artistas y estaba familiarizada con lápices y pinceles. En las largas noches de inviernos italianos pintar era algo que nos gustaba muchísimo. Tuve la suerte que en las escuelas donde estudié nos enseñaron a pintar y tuve la suerte de poder profesionalizarme tanto en cerámica, con el taller Artesa durante más de 30 años,  como en la pintura. Estuve en una escuela de Bellas Artes en Estados Unidos y aquí está naciendo un movimiento de mujeres y artistas dentro de la plástica muy interesante, con el cual  me siento comprometida.

¿Cómo llegó a Nicaragua?

Mi Nicaragua, mi segundo país. Nací en Italia, mi papá se vino a América y me dejó ahí hasta los 14 años. Aquí conoció a una nicaragüense, se casó con ella, y después de algunos años me fue a traer y vivimos en Nicaragua. Tengo cinco hermanos, que son los Valenti García, todos excelentes hermanos y muy unidos. Además, trabajando en el Banco Central conocí a mi esposo y aquí estoy.

¿Qué la atrapó de Nicaragua?

Viví en Panamá y no aguanté el calor. Cuando vine a Nicaragua llegué a Diriamba y ahí hice mi último año de bachillerato en Divina Pastora, luego di clases y también junto a una religiosa dimos clase a las niñas del mercado y se graduaron de secretarias. Luego me vine a Managua y menos mal que hay aire acondicionado, porque el calor es fuerte. Para mí este país es un lugar de encuentro y de oportunidades.

¿Cómo se dio su encuentro con la cerámica?

Fue como un juego. Cuando vine de Estados Unidos pensé en tener familia y no quise meterme a cuadros que me tomaban demasiado tiempo y me metí a una clase de cerámica e inmediatamente empecé a vender las primeras piezas y en la guerra fue una fuente de ingreso grandísima para mí. La cerámica se convierte en un vicio, tenía dos o tres piezas, quería más, y luego construí el taller de cerámica, tuve muchos alumnos durante diez años desde los 5 hasta los 80 años. Tuve más de 20 empleados en Artesa. Incursionamos en cerámicas de hoteles importantes de Nicaragua. Quise traer la pintura real dentro de la cerámica, por ello usamos tridimensión.

¿Cómo ha integrado todas sus facetas?

Muy bien. No he descuidado ninguno de mis aspectos. Soy integrante del Grupo Inmanti que quiere decir ya llegó el tiempo de hacer algo, tengo un grupo que exponemos una vez al año en el INCH y otro en el que hombres y mujeres vamos a exponer en Epikentro.

¿Hacia dónde va después de Artesa?

Mi sueño es poder hacer que la plástica de las mujeres en Nicaragua sea tan admirada y reconocida como la de los hombres.

A pesar de que hay mujeres que han despuntado internacionalmente siempre existe la tendencia de que nosotros llegamos por aburrimiento pero en realidad somos profesionales. Otro gran reto es unir a las familias italianas y eso estamos haciendo desde la cámara de industria y comercio. Más del 40% de las familias nicaragüenses están emparentadas con italianos y eso hay que reconocerlo y sacarlo a la luz. No solo es la pasta, la moda y los vinos.

¿Cuáles son sus pasatiempos?

Me gusta cocinar, me gusta leer y tener un lápiz en la mano.

 

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