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Una mujer de temple forjada entre la incertidumbre y las lágrimas provocadas por vivir en el purgatorio causado por el cáncer de mama, hoy en día, con la sensibilidad a flor de piel, comparte su experiencia y hace un llamado a las mujeres a estar alerta.

La filántropa y escritora nicaragüense Lourdes Chamorro César es esa amazona que después de un año de quimioterapias, radiaciones, falta de vigor, incertidumbre  y pérdida del cabello, sale renovada a una nueva vida con proyectos, sueños y metas, entre los que cuenta publicar un libro incluyendo los 13 capítulos que escribió durante su convivencia con el cáncer de mama, y aunque no sufrió la pérdida de los senos, sí vivió la tortura de muchos efectos secundarios que trataron de doblegarla. 

¿Cómo marcó su vida tener cara a cara el cáncer?

La vida de todas las personas se marcan por un antes y un después. Hoy la mía es antes del cáncer y después de él. No te voy a decir que es la circunstancia más significativa de mi vida, pero sí la que me ha hecho valorar más las bendiciones que tengo y me ha hecho ver las cosas de una manera totalmente distinta.

¿Qué fue lo primero que pensó cuando sintió que tenía nódulos en los senos?

Era un crecimiento grande y solo pensé que tendría que ser algo malo. Se me vino una avalancha de sentimientos y de angustia, sentí incertidumbre acerca de qué vendría en mi vida con la mamografía. Se me fue el alma a los pies, se me abrió el piso y no quise volver a tocármela. Dejé pasar un mes antes de ir al médico, porque estaba en la víspera de presentar la antología "Cuentos nicaragüenses de ayer y de hoy”, de la cual fui coautora con Max Lacayo y Julio Valle-Castillo. El primer momento fue confuso.

¿Pensó en posponer la antología?

No. La verdad no quise dejarlo en espera y decidí posponer la ida al médico por un mes. Tengo la duda de si ese mes incidió en el desarrollo del cáncer que era un Her 2+, que es de los más agresivos, hace diez años el 10% de las mujeres morían por él. Tuve la suerte de que a pesar de ser uno de los más agresivos es de los que más estudios tiene. Siempre tengo la duda de si ese mes hizo alguna diferencia, pues además del tumor tenía un ganglio con células cancerosas.

¿Cómo fue el proceso?

Lo más duro es ver a tus seres amados angustiados, tratando de complacerte en momentos en los que no hay nada que te pueda aliviar, sobre todo por la falta de energía, la imposibilidad para sonreír a veces. Fue duro no poder levantarme para atender a mi esposo, que fue tan fino conmigo y estuvo acompañándome en estas circunstancias a pesar de su responsabilidad como rector de Incae, un puesto que no quería aceptar porque deseaba estar todo el tiempo conmigo. 

Yo siempre le dije que todo pasa y así ha sido. Estoy recuperando mi cabello, algunas uñas aún no han salido, pero saldrán, ha regresado mi sonrisa verdadera, porque a veces tenía que fingirla para no angustiarlos más.

¿Qué papel jugó la literatura en esta experiencia?

Sufrí un efecto secundario llamado “quimio brain”, que provoca que las cosas se te olviden, a veces escribía algo y perdía la idea, y ante esa situación me refugié más que nunca en la literatura. Nunca dejé de leer y mucho menos dejé de escribir, a pesar de que me costaba concentrarme y era una necesidad de salir al mundo. Así que decidí usar las redes sociales para compartir mi situación y al ver el apoyo y gran cariño que mis amistades me prodigaban me inspiré a seguir compartiendo y logré escribir 13 capítulos que son uno de los pilares importantes que tuve para apoyarme en esta situación.

Esos 13 capítulos son la base para mi libro sobre esta experiencia que duró exactamente un año, que me pareció como un siglo.

¿Qué recomienda a las mujeres?

Que no se descuiden. Que vayan cumplidas a hacerse sus mamografías, más si encuentran algo sospechoso que no lo dejen pasar. No vale la pena vivir con esa angustia.

¿Qué sigue ahora para Lourdes Chamorro?

Siento que dejé mi vida en stop en un semáforo que se puso en rojo y tardó así un año, pero ya se puso en verde y voy a seguir adelante. Entre mis proyectos están todos los sueños que tuve dormidos durante el tratamiento y que ahora van a realizarse con mi nuevo renacer. Quiero llevar nuevamente al Teatro Nacional Rubén Darío mi obra “El palo de mamón”, con el objetivo de recaudar fondos para las mujeres con cáncer.

Todos los días trabajo en mi próximo libro sobre esta experiencia con el cáncer, quiero publicar una obra de mi nieta Vanesa, quiero abrazar a mis hijos y a mi esposo cuantas veces pueda y quiero agradecer a Dios por una familia y amigos tan bellos como los que a mí me dio. Mis cinco hijos con sus cónyuges, Lila y Santiago, Enrique y Luchi, Alberto y Valeria, Leandro y Sabina y Gabriel y Megan, son los más hermosos que pude haber tenido. 

  • 6 quimioterapias le realizaron. 
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