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Originalmente, los pantalones vaqueros fueron diseñados para los hombres del Viejo Oeste americano y los mineros, allá por 1873, y ya para 1950 fue que se hicieron populares en los adolescentes, permitiendo a la compañía lanzar un sinnúmero de estilos de acuerdo con el tipo de cuerpo. Aquí están los modelos:

Pantalones skinny: lo opuesto a los pantalones de campana, pues son estrechos, ajustados y llegan justo hasta debajo del tobillo. Son muy favorecedores para definir la silueta de las personas delgadas, pero contraproducentes para aquellas que tienen sobrepeso, por el mismo estilo extremadamente pegado al cuerpo, aunque se pueden llevar con camisetas largas o vestidos cortos para que disimulen las formas.

Vaqueros boyfriend: se llaman así porque es como si te los hubiera prestado tu novio, ya que están confeccionados para que se vean un poco flojos y gastados. Los hay de cintura media y baja. Si tienes un poco de sobrepeso en el centro del cuerpo, podrías elegir unos de cintura media o alta; en cambio, si eres flaca, los jeans de cintura baja pueden ayudarte a lucir tu cuerpo con más curvas y definición. 

Pantalones flare: se hicieron famosos para la década del 70. Son talle alto y acampanados. Además del confort, los pantalones flare permiten disimular las caderas anchas hasta alargar la silueta y lucen increíbles en las chicas altas. 

Mom jeans: vendrían a traducirse como los vaqueros de mamá, porque precisamente eran los pantalones que llevaban las madres durante los noventa y se caracterizan por tener una cintura alta (elevándose por encima del ombligo) y decenas de bolsas. Este modelo de jean encaja perfectamente en cualquier tipo de cuerpo,  ayudan a disimular las curvas y el abdomen, “aumentando”  también el largo del trasero unos centímetros. 
 

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