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Se define como una mujer que siempre ha sido curiosa, a la que le ha gustado experimentar y que siempre ha querido educarse. Es nicaragüense y, aunque la mayor parte de su vida la ha vivido en el extranjero, decidió volver al terruño e impulsar un proyecto enfocado en la promoción artística. 

Hace ocho años María Isabel Tiffer Alduvín materializó ese anhelo cuando regresó a su Masaya querida y se dio cuenta de que no había locales donde se pudiera escuchar poesía, asistir a un concierto o tener charlas interesantes y decidió abrir un café literario bautizado como Kolschitzky.

¿Qué tan complicado fue hacer realidad el cafetín?

Desde el punto de vista de organización yo no tenía costumbre de construir, por lo tanto no tenía experiencia trabajando con obreros de la construcción y se me hizo difícil siendo mujer y sola, pero aprendí muchísimo.

¿Qué tropiezos tuvo con los trabajadores?

No acataban mis órdenes, quizás porque soy mujer no tomaban en serio mis indicaciones. Fue bastante tedioso y difícil estar lidiando con ellos.

¿Cómo logró abrirse paso en la esfera cultural del país?

Debo decir con mucha satisfacción que no me fue difícil.  A la gente le encantó la idea y muchos de los intelectuales me apoyaron. Todavía recuerdo a todos los chavalos de la UNAN, que fueron los primeros en apoyarme y todavía tengo contacto con Dagoberto Avendaño, quien era uno de ellos. El doctor Iván Uriarte, el doctor Rodolfo Sánchez Aráuz, sobrino de Ernesto Mejía Sánchez, ellos me apoyaron muchísimo, ni qué decir de Álvaro Urtecho, Jorge Eduardo Arellano y mi amigo Ricardo Llopesa, que vive en Valencia.

¿Cuál fue la primera actividad que realizó en el cafetín?

Recuerdo que fue un concierto con  Los Bisturices Armónicos, cuyo integrante, el doctor Wilfredo Álvarez Rodríguez ya falleció. Luego presentamos al “Poeta Carpintero”, Raúl García, quien también ya falleció.

¿Cómo fue el recibimiento con la apertura?

Fue exitoso. Era una alternativa nueva en Masaya y la gente tenía curiosidad y no me puedo quejar, han pasado ocho años y sigue llegando bastante público a las actividades. En la noche de aniversario el lleno fue total. Espacio nos hizo falta.

¿Cómo logró que los grandes de la literatura nicaragüense se presentaran en Kolschitzky?

La bola se riega. Va de uno en uno y me complace poder decir que el doctor Sergio Ramírez ya se ha presentado en el cafetín, el poeta Ernesto Cardenal celebró con nosotros su cumpleaños 80, Gioconda Belli también. Pero es importante hablar de varios que eran desconocidos y han ido creciendo, yo los he visto crecer y madurar en su arte y me da mucha satisfacción.

¿Qué perspectivas tiene del trabajo que ha hecho durante estos años?

Yo lo valoro como exitoso, ahora los artistas son los que me piden presentarse en el local. Antes era yo la que tenía que salir a pescar a los intelectuales y a toda esta gente creativa y linda. Blanca Escobar de Jackman tendrá un desfile con modelos y mises del país.

¿Así que va a sumar la moda a su cafetín? 

He tenido pintura, música, presentación de libros, ecología, va a entrar la moda y ha sido idea de doña Blanca, a quien conozco desde pequeña, porque ella me compartía sus secretos de belleza. Ella vivía a la vuelta de mi casa y su papá era muy amigo de mi abuelo.

¿Qué planes tiene para el cafetín?

Mi misión es promover el arte, sin importar qué rama de este es la que está en juego. 

¿Por qué decidió ponerle Kolschitzky?

El señor Kolschitzky fue el fundador del primer cafetín en Viena, el cual se llamaba La Botella Azul y siempre en mi apartamento miraba la estatua de Kolschitzky y me nació la idea de ponerle ese nombre al mío.

  • 8 años tiene de fundado el Cafetín Literario Kolschitzky.
  • 12 de diciembre habrá un desfile de moda con doña Blanca Escobar de Jackman.
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