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Luz Marina Acosta se define como una mujer que ha vivido su vida intensamente en todo lo que le ha tocado, tanto en la juventud como en su madurez y en la vida familiar.

“He tratado de ser integral, una mamá que nunca ha dejado de serlo, pero tampoco ha dejado de trabajar", replica esta poeta y pintora que atesora los grandes secretos del poeta más importante con vida en Nicaragua: Ernesto Cardenal

¿Qué recuerdos de infancia la marcaron?

Mi infancia para mí es un pozo infinito de recuerdos y todos me han marcado la vida para siempre. Recuerdo que siendo muy niña era el lazarillo de mi abuela, la mamá de mi papá,  ella quedó ciega con glaucoma y aprendí a leer cuando me tocaba leerle a ella la vida de los santos y ella me decía que era su lucero. Fui una niña muy feliz. También hay recuerdos tristes, porque fui la sexta de nueve hermanos y era incómodo porque una vez hasta se olvidaron de mi cumpleaños. Yo tocaba acordeón en esa época y me encerré en el cuarto y me canté, autocelebrándome. A esa hora todos gritaban que les abriera la puerta porque me tenían una fiesta sorpresa pero no lo hice, porque no les creí, por eso dije que no tendría tantos hijos, sino solo los que podría atender ciento por ciento.

¿Cómo descubrió su pasión por la poesía y la pintura?

Yo no sé qué animal me picó, pero desde pequeña yo pintaba, era muy traviesa, dibujaba en el pizarrón a la Rafaela Herrera, el castillo y cosas que tenían que borrar pero lo hacía con pasión. Desde los 6 años bailaba ballet, en mi adolescencia en León puse una academia de ballet, la música clásica es parte integral de mis recuerdos.

Toda la vida fui tocada por el arte. Y ya más grande cuando empecé  a trabajar con Ernesto Cardenal, en 1979, participaba en los talleres de poesía con él, luego transcribía sus poemas, ya era fans de él desde joven y conozco sus poemas desde el colegio y luego me di cuenta que yo también podía hacer poesía y comencé a escribir, pero ciertamente llegó más tarde que la pintura y la danza.

¿A cuál de estas artes le ha puesto más amor y dedicación?

Creo que ahora lo que he tomado con mayor fervor y furor es la pintura. Sucede que el momento en que me tocó volver a ella fue cuando ya tuve el síndrome del nido vacío, esto fue un refugio que encontré y ha sido muy eficaz, me ha ayudado, he sentido gran placer hacerlo, me llena las horas de vacío. Puedo decir que es a lo que más tiempo le  he dedicado.

¿Qué ha significado para usted trabajar al lado del poeta Ernesto Cardenal?

Yo no dejo de repetir que no sé qué bendición me cayó. Me siento una privilegiada de llevar al lado de Cardenal tantos años, exactamente son 36 años de mi vida. En realidad para mí no es un trabajo sino un premio. Disfruto todo de él. Levanté sus memorias en la computadora y eso no era trabajo para mí, sino un placer al leer una vida intensa admirándolo cada vez más. Cuando terminé de levantar las memorias y de haber recorrido su vida como él la ha contado, he dicho siempre que el texto da para una película con actores verdaderos, porque hay una búsqueda de niño intensa, una pasión por la poesía desde joven, es hijo de comerciante que cree que su hijo bachiller tenía que estudiar Derecho o Ingeniería, pero él decidió que deseaba estudiar Literatura y luchó por eso.

Todo el ejemplo de lucha de Cardenal me ha marcado, luego renunció a la vida y a los amores terrenales para dedicarse al amor a Dios es un ejemplo de vida, es para una película motivadora.

¿Cuéntenos un poco de su más reciente exposición?

Empecé a exponer desde 2009 y no he dejado de hacerlo desde entonces. En esta última expuse dos cuadros, uno era el que considero mi último cacao, antes lo hacía lleno de color, pero cuando se seca y se tiene que abrir para sacar la semilla pierde el colorido la mazorca y en mi cuadro es monocromo en apariencia, pero están todos los colores representados aunque parezcan oscuros, fue como decir hasta aquí llegué con los cacaos.

También expuse naranjas que tienen una forma circular que me motivan mucho, he trabajado con espátula buscando las luces y la sombra y ese es el camino de búsqueda, sigo aprendiendo y quiero seguir aprendiendo.

En los últimos días he estado haciendo ojos, con mi hija que es oftalmóloga, le pongo nombre a los ojos y ando buscando siempre color y forma.

¿Qué planes o tareas tiene para el futuro?

Tengo pendiente sentarme a escribir muchas cosas que he vivido, tengo que dar mi testimonio, he tenido la experiencia de contar cómo conocí a Carlos Fonseca, a quien presento de carne y hueso. Un 31 de diciembre lo hice bailar y narré cómo su cuerpo sin nada de ritmo se tambaleaba de un lado a otro.

También publiqué sobre Coronel Urtecho y tengo mucho qué contar, porque mi vida ha estado llena de personajes que he ido conociendo y que he estado al lado de ellos. De Cardenal tengo mucho que contar y tendré que hacerlo en serio, mi futuro lo veo por ahí.

¿Sigue siendo el agua un motivo recurrente en su pintura?

Sí sigue siendo y sigo siendo una veraneante permanente, por eso los fines de semana trato de ir al mar. No es tanto el mar lo que pinto sino el lago donde navegué toda mi infancia y juventud, porque somos de San Carlos y así conocí desde niña a Cardenal. Esas aguas del lago son recurrentes y quisiera pintarlas siempre.

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