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Originaria de Granada, una ciudad a la que asegura quiere mucho, la señora Lorena Lacayo Bolaños es una mujer marcada por el esfuerzo, el tesón y el trabajo.

Se define como un ser agradecido infinitamente con Dios por haberle dado la vida, “por haberlo conocido y amado, por darme una familia llena de amor, felicidad y tan unida y por muchísimas otras bendiciones”.

Al hablar de sus recuerdos memorables, se remonta hasta su infancia, la cual define como “llena de mucho amor de parte de mis padres Jorge y Lorena, mis dos hermanos Jorge y Mauricio, mi hermana Tatiana, mis abuelas Margarita y Elisa, mi abuelo José, tíos, tías, primos que también son como hermanos, además de muchas amistades lindas que han perdurado al día de hoy”.

Lorena Lacayo Bolaños comparte con nuestros lectores su experiencia de vida y su trabajo en una fundación que ayuda a mujeres embarazadas. Conózcanla.

¿Cómo se define Lorena Lacayo Bolaños? 

Yo diría que soy una persona sincera, a veces demasiado, leal a mis creencias, valores y a mí misma, a lo que soy y pienso. Creo que esa lealtad ha sido el ancla para mantener siempre los pies sobre la tierra. Soy cariñosa, muy sentimental y servicial, me hace muy feliz servir y ayudar en lo que pueda a los demás. 

¿Cuéntenos un poco sobre las cosas que ha hecho en la vida? 

No sabría por dónde empezar...Realmente he hecho de todo. He trabajado siempre, desde muy joven, mi esposo Carlos y yo nos casamos muy jóvenes y desde el inicio hacíamos pequeños negocios juntos. De él he aprendido mucho del comercio y de números, hemos hecho siempre todo, juntos. Soy pedagoga de profesión, me especialicé en administración escolar, trabajé muchos años en educación, disfruté muchísimo trabajar con niños, pero después me dediqué a trabajar con mi esposo, ya que acabábamos de abrir FarmEx y creció tan rápido que pronto necesitó de mi ayuda para sacarla adelante. Desde entonces me he dedicado más a los negocios que a la educación. Ahora que ya no estamos en el negocio farmacéutico, ya que el año pasado vendimos FarmEx, hemos tenido la oportunidad de diversificarnos aún más.

¿En qué momento optó por emprender un negocio como La Piazzetta? 

Carlos y yo siempre estamos pensando en ideas de negocios, nuevas. Un día se me ocurrió llamar a Johanna Pedroni, a quien veía de vez en cuando en reuniones de la pastoral familiar, para preguntarle si le gustaría abrir nuevamente el restaurante La Piazzetta en sociedad con nosotros. Lo puse en oración y le dije al Señor: si es tu voluntad que se haga, abrinos las puertas y si no la es, entonces cerralas, y fue así como comenzó toda esta aventura del restaurante. Ha sido todo un aprendizaje para nosotros, ya que no habíamos trabajado nunca en este tipo de negocio. 

¿Cómo ha sido la experiencia?

Ha sido muy enriquecedora, todo un aprendizaje. Todo trabajo nuevo te va dando la oportunidad de aprender y crecer más como persona y profesionalmente también.  Todo negocio debe aspirar siempre a alcanzar la máxima calidad para sus clientes. Para lograrlo se necesita de mucha constancia, perseverancia y amor al trabajo. Es muy importante amar el trabajo, que es realmente una bendición, nos dignifica como personas y aporta significativamente para realizarnos en el ámbito profesional. Si amamos lo que hacemos, pondremos mucho esfuerzo y amor en cada pequeño detalle. Esto sin duda va dando frutos que serán el resultado de la calidad a la que nuestra empresa pueda llegar a ofrecer. Estamos seguros que nuestra oferta gastronómica es única y de total excelencia, por la mística perfeccionista que le imprimimos los socios. 

¿Cuál es su mayor satisfacción como mujer y madre?

Mi mayor satisfacción como mujer y como madre es ver el fruto del amor y dedicación a mi familia. En septiembre de este año cumpliré 22 años de casada y es una gran satisfacción que hoy pueda decir que seguimos juntos con el mismo amor e ilusión del primer día, más unidos que antes porque cada situación difícil que hemos tenido que superar  ha hecho más fuerte nuestro amor.

 Este amor fue bendecido con cuatro hijos, dos que no llegaron a nacer porque no fue la voluntad de Dios, pero que los llevo en mi corazón y dos que hemos criado con muchísimo amor y dedicación. Nuestra hija mayor María Fernanda Vogel Lacayo tiene 20 años y está estudiando arte en Florencia, Italia, y Carlos Andrés Vogel Lacayo tiene 14 años, está terminando noveno grado de High School. Son muy diferentes en personalidades y talentos, pero ambos me llenan de alegría y orgullo cada día más. Como mujer y madre es una gran satisfacción ver que dar amor y dedicación al esposo y a los hijos vale la pena porque sí da buenos frutos.

¿En qué proyecto está trabajando actualmente? 

Siempre estoy haciendo varias cosas a la vez, actualmente estoy dedicada a La Piazzetta, y al mismo tiempo trabajo con mi esposo en otras inversiones, la otra parte de mi tiempo la dedico  a trabajar en una fundación sin fines de lucro que ayuda a mujeres embarazadas, la cual se dedica a brindar consejerías, apoyo médico, psicológico, espiritual, legal y habitacional a mujeres embarazadas en crisis y que se encuentran solas. Les ofrecemos capacitaciones técnicas para que aprendan un oficio con el cual puedan poner su propio negocio y logren sacar adelante económicamente a sus hijos. Toda esta ayuda es posible ofrecerla gracias al voluntariado de muchas personas de buen corazón que donan su tiempo, amor y medios económicos a estas mujeres. Siempre he creído que si cada uno de nosotros comparte un poco de lo que Dios nos ha regalado no existiría la pobreza en el mundo. No se necesita hacer grandes obras para marcar la diferencia, si todos ponemos un granito de arena sería suficiente para cambiar el mundo. 

 

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