María Joaquina Sánchez
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Aunque el protocolo de indumentaria para asistir a una boda es cada vez más relajado, hay ciertas normas que no se pueden pasar por alto. La regla de oro es  apegarse a las indicaciones que figuren en la tarjeta de invitación, según cita un artículo publicado en el sitio de belleza Cromos.

En la mañana

A partir de las siete de la noche no hay una etiqueta femenina. La etiqueta la marca el hombre, la mujer debe ir vestida en correspondencia con lo que marca la etiqueta masculina. Si se trata de una boda de mañana, lo correcto es llevar un vestido corto, de colores suaves y telas sencillas. También se puede optar por lucir un mono o unos pantalones. Se debe huir de los tejidos suntuosos, lentejuelas o brillos. También, queda prohibido ir vestido de blanco o beige, porque estos son colores exclusivos de la novia, tampoco hay que lucir gafas de sol, salvo que sea una boda al borde del mar. De igual forma, se deben evitar las lentejuelas y las plumas, adornos propios de los vestidos de noche. Si se decide vestir un abrigo a juego con el vestido, el largo tiene que ser el mismo, nunca debe quedar a diferente altura. El vestido de día se puede acompañar con un tocado, pero su tamaño se irá reduciendo según vaya pasando el día.

En la tarde

Si es una celebración de tarde-noche, el vestuario cambia, se puede optar por vestido de cóctel o por un modelo largo en colores más oscuros. Para las bodas de tarde, se puede elegir un vestido de cóctel más elaborado y más trabajado que el corto. El largo del traje debe ser hasta la rodilla, e incluso puede bajar un poco más y cubrir hasta media pierna. A diferencia del vestido de día, el de cóctel tiene mayor riqueza, es decir, está elaborado con tejidos más suntuosos, como la gasa, la seda o el tul y que además puede estar realzado con encajes o  cristales.

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