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Desde niña, Rina María Baltodano soñaba con ser la cantante de una gran orquesta  o de una  agrupación musical consolidada  en la que hubiera muchos instrumentos como trompetas, violines, trompas, violas, timbales, entre muchos otros. También soñaba ser una gran vocalista de la música romántica como Miriam Hernández o Laura Pausini, cantantes que ella admira, por lo que inició sus giras por diversos concursos tanto locales como nacionales, de realities shows, todo por darse a conocer.

Fue así que durante uno de esos reality shows el propietario de Fuzión 4, que en ese momento tocaba en un casino de la capital, puso interés en esa joven de voz prodigiosa y a los tres días estaba tocando las puertas de la casa de Rina.Rina María Baltodano.

“Ellos estaban viendo el festival por televisión y fue cuando Franklin Gutiérrez me escuchó y a los tres días lo tenía aquí en mi casa. Él tenía un proyecto con Fuzión 4 y aunque mi sueño era ser parte de un conjunto grande, cuando me dijo que eran cuatro en el nombre de Dios empecé con ellos”, relata la vocalista originaria de Niquinohomo nacida hace 37 años sobre su llegada a este grupo musical.

Pasos

Los inicios, como la mayoría de las veces, no fueron fáciles. Ni para Rina ni para el grupo. “Pero siempre tuve fe y esperanza de que el nombre de Fuzión 4 iba a ser grandioso, por eso nunca se me ocurrió salirme del grupo, aunque al inicio me decepcionaba porque no había trabajo y esa era mi parte de sobrevivir”, confiesa Rina, quien cuenta que luego de cuatro años iniciaron las grabaciones de los Fuzionazos, punto de partida hacia el reconocimiento público del grupo.

“Cuando miramos toda la gente llegaba a las fiestas porque querían escuchar La Pipiripao, la del Viejo, desde ahí comencé a ver que el grupo tenía mucho que dar, pero también había que pedírselo a Dios, poner en las manos de Dios todos nuestros proyectos”, asevera la vocalista del grupo, quien es conocida por el público como “La Pipiripao”.

“Es un cariño en los niños, en los eventos unos buscan a Liber, otros buscan a Sergio y niños que emocionados buscan conocer a La Pipiripao en vivo, en persona, eso me alegra muchísimo”, relata Rina. “Fijate que a veces me monto en los buses y ahí va la gente preguntándome:

¿Verdad que vos sos La Pipiripao? Y me piden foto en el bus”, asegura mientras  ríe sonoramente.

Pruebas

Y enseguida cuenta que, aunque no se queja de lo económico por los múltiples compromisos que tiene el grupo y que le dejan buenos ingresos, sus prioridades son otras. “Hay quienes me preguntan que cómo es posible que la vocalista de Fuzión 4 ande en bus, pero a mí me da risa porque he optado por mejorar mi casa, hacerme de mis cositas con inteligencia, ya habrá un día que tenga para comprarme un carro, pero no se ha dado el tiempo de que lo tenga”, sostiene, y  acentúa que “el carro ya vendrá por añadidura”.

Rina recuerda que uno de los momentos difíciles que pasó en el grupo fue cuando tuvo a su hijo Antonio Alexander Vargas Baltodano, hoy de tres añitos, y quien es “el amor de mi vida”. Tenía el deseo de quedar embarazada y lo logró, pero justo cuando estaba en los últimos meses para dar a luz salió la oportunidad de viajar a los Estados Unidos, otro de sus grandes sueños que ya en este momento, le creó un conflicto interno.

Fuzión 4 iba por primera vez a los Estados Unidos “y me dice Franklin: Negra, si vos no podés ir, va a ir una muchacha que te va a reemplazar, pero nosotros queremos que vayás vos porque vos sos la voz del grupo y allá no se puede engañar a la gente porque ya los posters se mandaron, hacele swing, me dijo”. Y fue así que por compromisos con el grupo, la oportunidad que se le estaba abriendo con ir a Norteamérica y el apoyo de sus familiares, principalmente de su mamá y hermana que quedaron al cuido del bebé es que Rina emprendió su gira por aquellos lados.

“Me fui a los 21 días de haber nacido mi hijo, no te imaginás con qué dolor de mi alma yo me fui, en ese avión yo iba destrozada, en vez de ir alegre porque iba para los Estados Unidos, sentí ganas de llorar”, confiesa. “Algún día me comprenderá”, dice esperanzada, aunque a veces la embarga un dolor cuando no puede compartir con su hijo y familia fechas especiales, “como un 24 o 31 de diciembre, es el sacrificio que uno hace en este tipo de trabajo”, apunta.

“Creo que esas cosas forzosas nos han ayudado a llegar hasta donde estamos, conscientes de que para lograr nuestras metas siempre pasamos por situaciones difíciles. Todo está en que no nos demos por vencido tan fácilmente, sin importar los obstáculos que haya en el camino”, finaliza Rina.

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