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Últimamente, se ha vuelto común ver que los salones de belleza y clínicas de estética para el cuidado personal estén promoviendo en sus redes de Facebook e Instagram la mascarilla negra, un producto que nos promete hacernos lucir un rostro radiante en cuestión de minutos, pero ¿qué tan cierto son los beneficios que nos puede aportar esta mascarilla?, alrededor de la misma hay muchas interrogantes sobre su resultado, y en nuestro país es una tendencia relativamente novedosa, por eso para brindarte más información sobre la mascarilla negra y para qué casos es ideal aplicar este tratamiento en el cutis, consultamos a Francis Altamirano Castro, dermatóloga de Bliss Salón y Spa.

“La mascarilla de color negro y textura de silicona tiene como componente principal el carbón activado, de ahí su color oscuro. “El carbón activado tiene propiedades de ser un absorbente de grasas antioxidantes y antibacterianas. También, el magnesio es uno de sus componentes, y este ayuda a hidratar la piel y produce un efecto antioxidante”, manifiesta la experta. Cabe destacar que la mascarilla negra tiene su origen en Asia, parte de su composición está basada en la arcilla Ghassoul, que se consigue en Marruecos y que ayuda a eliminar las toxinas del rostro. En caso de tener la piel muy grasa, ahora ya sabés que los asiáticos han puesto esta solución al alcance de tus manos.

Aplicación

La dermatóloga de Bliss Salón recomienda que la mascarilla negra debe ser aplicada sobre el rostro previamente higienizado con un jabón que sea apto para nuestro tipo de piel; esto es, una exfoliación, la cual no debe ser muy agresiva para no abrir en exceso los poros, posteriormente se lava el rostro con agua y se seca. Acto seguido, se procede a aplicar una capa considerable del producto (ni muy fina, ni gruesa), con la que se debe cubrir las zonas en las que se desea eliminar el exceso de grasa o los puntos negros, por lo que la aplicación de la máscara no necesariamente debe abarcar todo el rostro. Altamirano aconseja que la aplicación sea en la zona T del rostro, que es donde se concentran los problemas antes mencionados.

Si deseás tratar la zona de la nariz, lo aconsejable es llegar con la mascarilla hasta pasadas las aletas para poder tirar de ella fácilmente a la hora de quitarla. Una vez terminada la aplicación, se deja secar la mascarilla por al menos entre unos 15 a 20 minutos, para luego retirar fácilmente como un peel off, de forma suave hasta despegarla totalmente del rostro. Lo importante de este tratamiento indica la dermatóloga y experta en cosmética es que además de cumplir con su función principal que es eliminar los puntos negros, no reseca la piel porque reserva los minerales, no la irrita ni la deja roja.

Para los únicos casos en los que la aplicación de la mascarilla negra está contraindicada es cuando la piel está sufriendo por alguna infección, tiene heridas, si es sensible, está rosácea o si la persona tiene problemas de acné agresivo. En general, las pieles sanas son candidatas a realizarse este procedimiento, siempre y cuando se aplica en pro de eliminar el exceso de grasa; expresa Altamirano, y agrega que siempre es preferible consultar al dermatólogo antes de optar por cualquier tipo de aplicación de cosméticos como lo son las máscaras a diferencia de los productos dermocosméticos.

Bondades

El resultado después de haber retirado la mascarilla es la sensación de limpieza y frescura al instante. Limpia los poros, elimina los puntos negros y hace desaparecer por completo las impurezas del rostro. Además, ayuda a remover la grasa y la suciedad por lo que su uso resulta muy completo. Y, por si fuera poco, favorece la eliminación del acné. Como esta mascarilla es un poco fuerte, se aconseja que si te animás a probarla, apliqués después tu tónico e hidratante diario.

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