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Medio millar de personas han tenido la oportunidad de viajar al espacio, pero ese privilegio pronto se extenderá aún más, ya que, según el astronauta Miguel López-Alegría, "ya no hace falta ser astronauta para viajar al espacio".

"Hace menos de 100 años, ir de Nueva York a Boston era una locura, y hoy ya no es nada. Eso es lo que va a ocurrir en el espacio", manifestó a Efe el astronauta, de origen español, tras participar en una conferencia en Nueva York.

López-Alegría dijo que unas 550 personas en todo el mundo han podido hasta ahora viajar al espacio y se mostró abierto ante la inquietud de la sociedad para explorar esos rumbos, como si de una atracción turística se tratase.

"Hoy en día, si tienes mucho dinero, puedes subir al espacio", agregó el astronauta, que participó en una conferencia organizada en el Instituto Cervantes de Nueva York por la asociación de Españoles Científicos en Estados Unidos (Ecusa).

El turismo espacial lo estrenó el magnate norteamericano Dennis Tito, cuando en 2001 pagó cerca de 20 millones de dólares para viajar hasta la Estación Espacial Internacional (ISS) con la Agencia Espacial Federal Rusa, ya que la NASA siempre se objetó a lo que consideraba un "capricho".

Después de Tito, los siguientes en ir al espacio fueron el sudafricano Mark Shuttleworth (2002), el estadounidense Gregory Olsen (2005) o la también estadounidense Anousheh Ansari (2006).

La inquietud humana por el espacio ha llevado a muchas compañías a colaborar en proyectos para este tipo de viajes, entre las que destacan Bigelow Aerospace o Space Adventures.

López-Alegría, nacido en Madrid pero criado en California y nacionalizado estadounidense, fue el primer astronauta de origen español en realizar una misión espacial cuando en 1995 se embarcó en su primer viaje, sueño que el californiano tuvo "desde pequeño".

A lo largo de su carrera participó hasta en cuatro misiones para la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) y fue comandante del viaje más largo realizado por un astronauta estadounidense, cuando en 2006 estuvo en el espacio 7 meses a bordo de la Expedición 14 a la ISS.

"Cuando vives tantos meses en el espacio lo que más echas de menos es a la familia, los amigos, la comida... ¡y el vino!", bromeó el piloto, que admitió que flotara dentro de la nave y salir de ella "es divertido" aunque solo "los primeros 20 segundos", porque "se exige mucha actividad y precisión".

Y es que una vez fuera de la atmósfera terrestre, la nave espacial viaja a 28,000 kilómetros por hora dando vueltas a la órbita de la Tierra, 16 vueltas al globo terrestre cada 24 horas: "Ser astronauta requiere mucha concentración, paciencia y, sobre todo, trabajo en equipo", señaló.

Una de las cosas más impresionantes de viajar al espacio y presenciar el planeta desde más de 100 kilómetros de distancia tal como lo vemos en los mapas y representaciones digitales es lo que en la jerga científica se conoce como el "Efecto perspectiva".

Algunos astronautas indicaron que, desde el espacio, el planeta azul se percibe "frágil y flotando en el vacío". Eso puede provocar un cambio en la percepción que tenemos de la Tierra, como dice Miguel: "Te das cuenta que hay que cuidar más el planeta".

Pero mientras el ciudadano normal tendrá que esperar mucho para ir al más allá, la industria cinematográfica sigue introduciendo cada vez más películas ambientadas en misiones espaciales, algo por lo que aboga el astronauta.

"Si podemos ir al espacio es porque el ciudadano quiere seguir conociendo qué hay más allá y está dispuesto a ceder una parte de su dinero en ello", concluyó.

Tras pasar una gran parte de su vida trabajando y entrenándose para ir y sobrevivir al espacio, el apodado "Comandante MLA" no lo duda: "Sin duda volvería a ser astronauta, me he divertido mucho. No me veo haciendo otra cosa que pudiera ser tan fascinante".

 

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