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Cuando la habitación para probarse la ropa en una tienda convencional, se vuelve "inteligente" con un espejo que parece evocar al del cuento de Blancanieves, al interactuar directamente con el cliente para proponerle otras prendas o complementos, la experiencia del cliente mejora sustancialmente.

Así lo explicó ayer a Efe el ingeniero José Manuel Martínez, uno de los socios fundadores de JogoRoom, una tecnología diseñada por una empresa emergente española que aspira a revolucionar la forma de comprar ropa en establecimientos físicos al convertir en "inteligentes" sus probadores, al tiempo que permite el pago directamente desde allí.

Algunas de las mayores cadenas comerciales en España y prestigiosas marcas textiles se han interesado ya por esta novedosa tecnología, según sus responsables.

Además de facilitarle la vida al comprador que no tiene que salir del probador a buscar al dependiente para que le facilite otras prendas, al comercio le permitirá recopilar valiosa información de los gustos, hábitos y necesidades de sus clientes, al quedarse registrado su historial de compras en este probador "inteligente".

Por el momento, esta tecnología está siendo utilizada ya con mucho éxito, según sus responsables, en una tienda de ropa de Madrid.

Este probador "inteligente", no virtual -porque exige probarse la ropa-, incluye un espejo táctil desde donde se puede solicitar otra talla o color de la prenda elegida.

La petición es recibida por el dependiente de la tienda en un reloj de pulsera "inteligente" una vez pasado el código de barras de la prenda por el espejo o una etiqueta de radiofrecuencia RFID desde donde se transmite la información sobre el pedido.

El cliente es informado de que el envío de su petición al probador está en tramitación mediante una ventana emergente que se lo confirma directamente en el espejo del mismo.

"Entras con la camisa verde, y seleccionas la de color amarillo para que la traiga el dependiente", explica su responsable.

  • 3 ejemplares del probador existen en el mundo: dos en Nueva York y uno en Madrid.

"Evitamos así al cliente dentro del probador tener que vestirse de nuevo para salir a buscar otra prenda o tener que dar vueltas hasta encontrar al dependiente para que le saque otra talla". 

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