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En 2014, la firma Rolls-Royce (R-R) presentó su visión general del barco carguero robotizado del futuro que esta empresa británica especializada en propulsión para  el transporte vaticina que se hará realidad a finales de esta década: naves-robot  no tripuladas que recorrerán los océanos bajo el control remoto de capitanes mercantes que operarán  en bases terrestres.

Esta firma de ingeniería ha descrito en 2016 cómo podrían ser estas embarcaciones autónomas y qué problemas deberán resolverse para poder fabricarlas y que comiencen a operar incorporándose al tráfico marítimo.

“Dentro de esta iniciativa ya se están ensayando en Finlandia un conjunto de sensores en diferentes condiciones climáticas y operativas, y se ha construido un simulador de un sistema de control de un barco autónomo, para ensayar todas las posibles situaciones de comunicaciones”, adelanta Oskar Levander, vicepresidente de Innovación de Rolls-Royce (R-R).   

Según Rolls-Royce, los futuros barcos cargueros autónomos serán gigantescos y tendrán el aspecto de ballenas con cubiertas muy planas y lisas (en el caso de que tuvieran alguna) y sin estructuras por encima de su superficie.

Estos buques navegarán con tranquilidad casi ‘deslizándose’ con suavidad a lo largo de las rutas marítimas, propulsados por motores ecológicos amigos del medio ambiente.

Estas embarcaciones van a ser controladas con la ayuda de  complejos grupos de sensores que incluirán cámaras de video, sistemas de infrarrojos, radares, micrófonos, sonares, GPS y también el LIDAR, una tecnología que permite determinar la distancia a un objeto o superficie utilizando un rayo láser.

Navegación autónoma

Uno de los desafíos que plantea esta faceta de los barcos robots, es averiguar cómo se podrá manejar los diferentes tipos de señales que utilizan estos sistemas y conseguir que operen en tiempo real, es decir al instante y sin retrasos, según la revista GizMag.

Los barcos robots serán capaces de tomar decisiones con diversos grados de autonomía, desde seguir exclusivamente las instrucciones de humanos, hasta funcionar mediante ordenadores sin intervención de operadores ‘de carne y hueso’.

El principal respaldo para los barcos autónomos será una red de centros de control asentados en tierra y conectados con las naves a través de satélites y sistemas terrestres,  los cuales permitirán comunicaciones seguras y en ambas direcciones.

Supervisión constante

Los operadores de estas estaciones terrestres serán capaces de monitorizar varios barcos a la vez, y de identificar y corregir errores en el instante en que suceden, así como ponerse en contacto con capitanes mercantes humanos, si fuera necesario, para que colaboren en la resolución de problemas a distancia.

El amarre y desamarre de las embarcaciones podrá ser automático o con supervisión humana, mientras que en mar abierto estos barcos navegarán siguiendo una ruta planificada hasta un punto determinado y, si detectan en su curso una gran cantidad de naves u objetos que no pueden identificar, solicitarán asistencia urgente a un puesto de control en tierra.

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