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Si el romántico poeta francés Alphonse de Lamartine hubiera escuchado el relato sobre la vida de Víctor Rodríguez, seguramente hubiera pensado “la casualidad nos da casi siempre lo que nunca se nos hubiere ocurrido pedir”, y es que gran parte de la vida del muchacho, que dirige uno de los más reconocidos centros culturales de la capital, es producto de grandes casualidades.

¿Dónde transcurrió tu infancia?

Nací en 1984. La mayor parte de mi niñez la viví con mis abuelos, una tía y un primo en Masaya. Mis padres vivían en Tipitapa, pero decidieron enviarme a estudiar en dicha ciudad, misma con la que me identifico mucho.

¿Cómo llegaste a Managua?

Vine a la capital en el 2002. Llegué para estudiar Comunicación Social en la Universidad Centroamericana (UCA). En un principio quería estudiar Sociología, porque tenía la influencia de una tía que era muy importante para mí, y ella había estudiado esa carrera, pero cuando estaba en quinto año recuerdo que tuve una experiencia cinematográfica. Esa misma tía estaba haciendo su trabajo de culminación de estudios y me incluyó en la producción de un video. Me llamó la atención todo el trabajo en equipo que se desarrolla en una filmación, y fue esa casualidad la que hizo que me enamorara de Comunicación Social.

Cuando alguien culmina su carrera el reto es conseguir trabajo, ¿cómo fue tu experiencia?

Recuerdo que en la clase de Relaciones Públicas, el profesor nos mandó hacer un ejercicio que consistía en buscar trabajo. Fui al Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA), donde me dijeron que había espacio para un pasante y me quedé. Tras haber cumplido el tiempo de pasantías decidí quedarme trabajando y ocupé el cargo de analista documental de la biblioteca de dicho instituto. Trabajé cinco años en eso. Mientras estaba en el IHNCA una amiga periodista, que se ha dedicado a la producción audiovisual, me invitó a trabajar como asistente de producción en la serie Contracorriente. Fue en ese momento que por casualidades de la vida entré al audiovisual, que era lo que deseaba ejercer cuando estaba estudiando. Durante los dos años que estuve llegué a ser productor de campo de algunos capítulos de la serie.

Una vez finalizado el proyecto de la serie Contracorriente, ¿qué fue de tu vida?

Seguí trabajando en el IHNCA hasta que un día, de la nada, quise irme a Uruguay. Mi padre nació en ese país. Él vino a Nicaragua en los años 80 atraído por el proceso revolucionario que se estaba viviendo aquí. Conoció a mi madre y se quedó.

¿Cómo te fue en ese país?

Fue una aventura emocionante. Fue esa nación la que me hizo madurar en muchos aspectos. Recuerdo que salí a buscar trabajo a las calles, dejé mis documentos en muchas empresas. Un día me llamaron de una tienda para trabajar como dependiente (quien atiende), y por recostarme en uno de los maniquíes me corrieron, pero yo ya había presentado mi currículo en la Universidad Católica de Uruguay, donde laboré por cuatro meses.

Y después, ¿qué hiciste?

Tomé la decisión de regresar a Nicaragua, porque la cultura de Uruguay era muy distinta a mi personalidad en ese momento.

¿Cómo te convertís en el director del PAC?

Cuando regresé primero trabajé en una productora de publicidad. Luego entré a trabajar en el programa De Humo en el área de Mercadeo y ventas.

Después llegué al PAC por una gran casualidad. Un día estaba conversando con la que en ese momento era la directora de este centro cultural. Ella me comentó que se iba del PAC, y yo le dije que me gustaba el puesto. Me dijo que presentara mis papeles, lo hice, y tras hacerme algunas entrevistas me dieron el trabajo.

Desde tu puesto, ¿cómo apoyás la cultura nicaragüense?

La visión de Hispamer con el PAC es tener un espacio que sirva como punto de encuentro de todas las expresiones culturales y artísticas del país. Yo también creo en esa visión. La idea es hacer este espacio cada vez más inclusivo, pero cuidando siempre la calidad de lo que se presenta en él.

¿Cómo generan ese espacio?

Los artistas nos presentan la propuesta de su proyecto. La analizamos y una vez que hemos determinado la trascendencia de este, Hispamer pone a disposición, completamente gratis, el auditorio Pablo Antonio Cuadra. Muy pocas veces rechazamos propuestas.

Tu opinión sobre el movimiento cultural en Nicaragua…

Nicaragua es un país que tiene un folclor inmenso, es una tierra culturalmente activa. A nivel centroamericano somos una referencia de cultura, pues tenemos dos grandes eventos: el Festival de Poesía de Granada y el Centroamérica Cuenta.

¿Cuál es el papel de los jóvenes en esta “tierra culturalmente activa”?

Este es un país de jóvenes. Ellos tienen protagonismo, pero no liderazgo. Esto se debe al adultismo que impera en Nicaragua. Si se quiere que los jóvenes tengan protagonismo los adultos deben escuchar sus ideas, aunque sean locas, porque los locos han creado cosas maravillosas.

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