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Mick Sarria rompió los grilletes que lo ataban del teatro convencional cuando tuvo contacto con los privados de libertad en León, quienes a su vez fueron aflojando sus cadenas cuando conocieron a este teatrista leonés, que ha trabajado con ellos varios meses para presentar su más reciente obra: “Caín y los perros”.

Este profesional tuvo una etapa de amor-odio con  las artes escénicas debido a un fuerte episodio que sufrió en su adolescencia,  aunque luego se reconcilió con el teatro y trajo a Nicaragua esta  peculiar puesta en escena que se presentará el 10 de diciembre desde las 7:30 p.m. en el Teatro Rubén Darío. Conozca al genio detrás de esta idea. 

¿Cómo inició tu gusto por el teatro?

Vengo de una familia de teatreros leoneses, desde 1992 pusimos varias obras en escena y nos hacíamos llamar “Ronda de barro”. Íbamos creciendo como proyecto  hasta que mis padres se divorciaron en el 2000 y es ahí cuando tengo una profunda desilusión del teatro. Sentía que todo lo que se hacía en el escenario era falso, ese mismo duelo que produjo la ruptura de mis padres cuando tenía 19 años hizo que me peleara con Dios, con la gente, detestaba a mi madre.

Fue así como decidí estudiar en Europa, buscando afecto y el reencuentro conmigo mismo, tratando de sanar mis duelos y buscando al mismo tiempo el sentido al teatro que yo ya había dado por perdido. Mientras estaba llevando ese taller, me di cuenta de que había un grupo en Chile que estaba trabajando con privados de libertad y partí para allá en el 2008. Yo quería rodearme de personas que tuvieran qué contar y me encontré con esas vidas llenas de oscuridad. Cuando regresé a Nicaragua, ya tenía todo armado para trabajar con ellos. 

¿Cómo hiciste para que te dejaran entrar?Mick Sarria, teatrista leonés. Orlando Valenzuela / END

Las puertas se me abrieron en el penal de Matagalpa y mi intuición me dijo: “Aquí está el camino que yo necesito para reconstruirme”. Antes tenía ese concepto de que todo era prohibición para la policía, pero desde el 2009 hasta la fecha las autoridades han estado completamente abiertas.

¿Qué tal fue ese primer encuentro con los privados de libertad?

Creo que llegué al límite, de lo bello y lo peligroso. La primera vez que los vi no me causó miedo, más bien me quedé impresionado por todo lo que uno lleva en la cabeza cuando va a un sitio de esos al pensar: “los castigados, los condenados” que sí es verdad, pero también son muy humanos. A mí me impactó profundamente porque es como entrar en una selva oscura, una selva habitada por fieras, que les pisás la cola y te muerden.

Con ellos tenés que ir creando un círculo de confianza. Trabajar la parte técnica es trabajar la parte emocional, confrontar los duelos, es ese constante proceso de sanación, de limpieza, de purificación, de asumir esa herida. No quiero ponerme la etiqueta de terapeuta, porque es parte del entrenamiento actoral, en los encuentros hay llantos, discusiones serias y lloramos como niños.

La primera vez nos presentamos en el teatro municipal. Ellos pasaron del encierro, ese calabozo, a uno de los sitios más bellos que contempla el arte nicaragüense. Es un acto que estaba ‘full’, hubo ovaciones, aplausos, la gente de pie, fue muy emocionante.

¿Cómo seleccionaste a los jóvenes?

Yo hago una convocatoria, por ejemplo, en Matagalpa llevé una obra  acerca de las pandillas. La fui a presentar al sistema penitenciario y a todos los privados de libertad les encantó. Entonces cuando terminé, les pregunté si les gustaría hacer esto mismo y ahí se me apuntaron como 500, de los cuales quedaron 12.

Describime un día con ellos

Llegamos a la Dirección de Asuntos Juveniles de León, desayunamos, comenzamos a leer, realizamos los entrenamientos e investigamos el espacio. En ocasiones rentamos un bus y vamos a buscar distintas locaciones, como el fortín o casas abandonadas, siempre acompañados de un cuerpo policial. Los talleres son de lunes a viernes, de nueve de la mañana a cinco de la tarde, donde entrenamos para nuestra puesta en escena ‘Caín y los perros’. Ellos regresan al Sistema Penitenciario solo a dormir.

¿En qué consiste la obra ‘Caín y los perros’?

Con  esta puesta en escena vamos reconociendo a estos jóvenes como humanos, no como el condenado, sino restaurar sus derechos. Terminé el nombre de la obra con “perros”, porque en mi ciudad abundan los perros callejeros y como León también es una ciudad de mitos y leyendas, está aquella del Cadejo, que dice que si te persigue y él siente que le temés la agarraste y te jode. Todos esos perros callejeros yo lo asumo como una metáfora del descuido y la marginalidad social, porque ahora estamos en un gran campo de concentración donde nos estamos matando como perros rabiosos. 

¿Cuál es la mayor ganancia que te has llevado con esta experiencia?

En  lo económico, puedo decirte que podés vivir y vivir bien del teatro. En el aspecto personal, siento que esta es la mejor escuela, la cual me ha dado la posibilidad de ser un buen aprendiz. 

¿Qué planes tenés para el próximo año?

Ya estamos hablando de Darío, pero queremos buscar al Darío humano, no al Darío de las ‘Prosas Profanas’, sino al de la bebida, bajarlo de las arcas celestiales y recrear lo que sintió a lo largo de su vida. 

  • 35 años tiene el artista de las tablas.
  • 10 de diciembre en el Teatro Nacional Rubén Darío. 
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