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El recuerdo de los profesores que le brindaron enseñanzas y afecto, especialmente el doctor Fernando Vélez Paiz y Henry Debayle, llevaron al doctor Róger Díaz Estrada a escribir “Mis memorias y medicina en Nicaragua”.

A pesar de que el libro está escrito en primera persona y de su carácter eminentemente biográfico, no podemos dejar de reconocer que recoge capítulos significativos de la medicina en Nicaragua, principalmente por la cercanía del doctor Estrada con Vélez Paiz, uno de los más grandes estudiosos del cáncer en Nicaragua.

“No tenía la intención de hacer un libro, pero empecé a escribir y vi que iba creciendo el documento”, señala el autor, originario del barrio San Antonio en la vieja Managua. 

A sus 88 años de edad, el doctor asegura que desde niño eligió ser médico, una profesión que le ha llenado de grandes satisfacciones. Asimismo hace alusión a cómo eran los estudios médicos en su época de juventud.

“Cuando estudié solo había dos escuelas de medicina en Nicaragua, la de León y la de Granada; la central había sido cerrada por los alborotos que le hacían a Somoza García. Cuando yo estaba en cuarto año cerraron la de Granada, así que estudié en la única que quedó, la de León. Los estudios duraban 8 años, el séptimo y el octavo podían hacerse en León o en Managua. Antes desde primer año estudiábamos cadáveres y hasta hacían chistes de que arrasábamos con los perros para estudiar”, recuerda entre risas.

El doctor Vélez Paiz es un personaje importante en su vida, de él asegura que fue quien lo guio en su carrera  y resalta que un día después de salir de sala de operaciones le dijo: “Róger, te vas a ir a Francia”. Sin embargo, su tutor murió y de esa forma afirma que “perdí al maestro y al amigo que podía ayudarme a realizar mi sueño de especializarme en el exterior”.

Sin embargo, cuando todo parecía perdido, el doctor Díaz se encontró a la viuda del doctor Vélez Paiz, quien le dijo que desde hacía meses estaba tratando de localizarlo para enviarlo donde el embajador de Francia, con quien su esposo había hablado para pedirle una beca.

“El embajador me recibió y le dije que había sido alumno del maestro y me enseñó los documentos que se necesitaba. Me aclaró que las becas para 58 ya estaban otorgadas, por lo que me tocaba buscar un cupo extra. Escribí sobre cáncer de la próstata para aplicar, pero me pidieron dos cartas de recomendación y yo no tenía a quien pedírselas. Doña Anita, viuda de Vélez Paiz, me dijo que me las conseguiría. Pasó algún tiempo y ella las envió directamente a la embajada. Finalmente me otorgaron la beca”,  recuerda.

En Francia se especializó en el Instituto de Investigación del Cáncer, donde estudió hasta 1971. Cuando volvió de París formó parte de la Liga contra el Cáncer que había formado  Vélez Paiz.

Antes desde primer año estudiábamos cadáveres y hasta hacían chistes de que arrasábamos con los perros para estudiar”. Róger Díaz Estrada

“En 1946 el doctor Vélez Paiz formó la Liga Nicaragüense contra el Cáncer, al siguiente año le donaron el terreno donde estaba el hospital Vélez Paiz, puso la primera piedra el que era presidente, Víctor Román y Reyes. Antes de morir lo visitamos tres médicos y llegó el presidente Luis Somoza, nosotros nos salimos y volvimos cuando se fue. Él nos comentó que el mandatario le prometió que terminaría la construcción del instituto. Vélez Paiz murió a los pocos días”, menciona.

Esa promesa la quisieron hacer valer y finalmente tuvieron que pasar el instituto a manos del gobierno con la condición de que fuera para el instituto del cáncer o para un hospital, que fue lo que finalmente pasó.

Cómo se fundó el primer hospital de Managua también forma parte del contenido de este libro, el cual será presentado hoy a las 6:30 de la tarde en el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica. La entrada es totalmente gratuita. 

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