18 de diciembre de 2012 | 00:00:00


“Los diablos con alas” se proyectaba en el aún moderno Margot

Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni

Las carteleras fueron pulverizadas


“A pesar de que había cines por todos lados, se llenaban todos porque era costumbre ver películas, pero los llenos más sorprendentes que recuerdo fueron en el Cine González", recuerda Augusto Jarquín

Por Letzira Sevilla Bolaños | Terremoto

Las carteleras fueron pulverizadas
Teatro González: Justo P. López Rivera en el libro de Nicolás López Maltez. CORTESÍA JUSTO P. LÓPEZ RIVERA / END


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La noche del 22 de diciembre de 1972, en rótulos luminosos, Mario Moreno Cantinflas servía como imán para quienes pasaban por las cercanías del Cine Aguerri, “Perfecto para Managua”. Mientras tanto, la magia de Walt Disney resplandecía en la cartelera del Teatro González, “El preferido de los nicaragüenses”, con los “Aristocats”.

“Los diablos con alas” se proyectaba en el aún moderno Margot; la comedia “Yo no quiebro, rompo”, era la sensación en el Cine Cabrera, mientras que en diversos puntos de Managua la oferta giraba en torno a películas de terror, como “Niño o demonio”, que en el Cine María se promocionaba acompañada de la frase “Un espectáculo aterrador que nos lleva a las puertas del infierno”, slogan que bien podría tomarse como preámbulo de lo que vivieron los managuas la madrugada que sucedió a esa noche que por su variedad debió ser perfecta para los ‘cineros’.

Sí, para ‘cineros’, un término que no existe en el diccionario pero que es con el que mucha gente se refiere a aquellos capitalinos que antes de 1972 eran asiduos visitantes de las salas de proyección.

Un lujo para pocos

En la época en la que ver una película no estaba a un clic como ahora y en la que tener televisión era un lujo para pocos, Managua estaba invadida de cines y de teatros que fungían como tales.

Esa proliferación de circuitos de proyección que le inyectaba vida y energía a una capital que también contaba con un autocinema en el que se pagaba 12 córdobas por auto, se grafica claramente en las inmensas páginas de los diarios impresos que exhibían una cartelera cinematográfica en la que 25 cines anunciaban su programación.

Aquellos cines...

“Yo era arrecho a ir al cine, iba a dos cines diferentes en la misma noche”, dice don Onofre Guevara, para quien la historia del cine de Managua abarca dos períodos: “De los 30 a los 50, y de los años 50 al 72. En la primera época el cine de Managua era una especie de centro de reunión social diario, especialmente los domingos. Ir al cine era una muestra de cultura, cultura popular, pero valorada, porque se comentaban las películas entre los asistentes, además no había otra forma de diversión pública, popular y barata”.

González o Margot

Guevara realza que los cines estaban distribuidos por barrios y zonas, destacando que el González y el Margot se disputaban el título del mejor, sin embargo, ambos tuvieron que ser víctimas de incendios para modernizarse.

“El Margot viejo se quemó en 1947, el González era un cine viejo que estaba frente al Club Internacional Managua en la Avenida Bolívar y después que se quemó también lo construyeron de nuevo, en el local que ahora es una iglesia. Esos eran los preferidos porque estrenaban cada semana, los cines de barrio eran muy concurridos, como el Palace, al que le decían ‘el pulgoso’, porque en el centro tenía como un pozo sin techo, además que tenía otra área a la que le decían ‘el gallinero’, donde la gente parecía gallina sobre las bancas, esperando a que pasara el agua de la lluvia”, señaló.

Según los recuerdos de Augusto Jarquín, uno de esos managuas cineros, ir a ver películas se encontraba entre los pasatiempos preferidos y se adaptaba al bolsillo de los habitantes.

El precio de ir al cine

“Lo que uno gastaba dependía del cine que se escogiera. En el Cine Apolo el boleto costaba 25 centavos, ese era de los más baratos. El Palace no era nada refinado, mientras que el Luciérnaga era más regular. El Tropical tenía las mejores películas pero en la sala había techo en la parte de atrás y a los lados, mientras que el centro era descubierto, entonces en invierno la gente llegaba hasta de capote para ver la película tranquilamente”, manifestó Jarquín.

Por otro lado, este señor de memoria prodigiosa al punto de que confeccionó una lista de todos esos cines, cuenta entre esas anécdotas inolvidables, que en el Cine Oriental, que también era descubierto, la gente malintencionada agarraba a pedradas a los asistentes, que tenían que esconderse debajo de las bancas.

“A pesar de que había cines por todos lados, se llenaban todos porque era costumbre ver películas, pero los llenos más sorprendentes que recuerdo fueron en el Cine González; ahí la gente hizo grandes filas para ver los Bad Boys, la primera película en la que se conocieron las pandillas en Nicaragua. Eso fue tan sorprendente que las filas eran de cuadras. En cuanto terminaba una función empezaba la otra. Las de Clint Eastwood eran una barbaridad. Ya no se diga cuando había películas de Rafael, que era el cantante de moda”, precisó Jarquín.

Al hablar de precios, don Augusto señaló que en algunos había entrada general, pero en otros “si se iba a luneta era más barato, porque esa área estaba desprovista de techo y se podía ver la Luna desde ahí. El palco era la más cara, por la comodidad, además cuando uno iba acompañado era mejor ir al palco”.

Cine para público selecto y decoraciones

El hoy cineasta Pierre Pierson voló hasta su infancia y se situó en una sala de cine pequeña a la que entraba a escondidas porque no eran permitidos los niños. Se trata del Cinearte.

“Era un espacio pequeño en el que exhibían películas europeas, todas las famosas en Europa venían ahí, pero eran como lo que hoy llamamos películas alternativas, pues en los otros cines predominaban las producciones mexicanas, las de vaqueros y todas las taquilleras norteamericanas, porque el cine de Hollywood siempre ha sido bien demandado en esta zona”, afirma Pierson.

Así que no era de gratis la publicidad que se hacía como la única sala para público selecto, pues según Pierson, las producciones europeas tenían otra tónica que les permitía distinguirse.

“Ese cine europeo que llegaba hasta el Cinearte sí que era más selecto, pero recuerdo muy bien que exhibían películas eróticas, en producción eran más estrictas, porque siempre iban a la vanguardia. En cuanto al erotismo debo decir que los gringos siempre han sido muy puritanos, a pesar de que no parecen, en cambio en esas cintas los europeos ya trataban la faceta del desnudo”, señaló Pierson.

Al igual que los precios y las carteleras, los cines en Managua eran diversos en infraestructura. Por un lado estaban “los pulgosos”, que eran los que no tenían techo, y por el otro los modernos y elegantes, que hacían gala de tener aire acondicionado.

Las pantallas eran enormes

“Los cines más caros y exclusivos estaban decorados con estatuas, tenían nichos, adornos en las columnas. Todo eso porque en ese momento ir al cine era ceremonioso. Las sillas tal vez eran más incómodas que ahora, pero la pantalla era enorme y le daba más espectacularidad a las películas, ahora en cambio todo es a proporciones”, aseguró Pierson.

Definitivamente que había unos mejores que otros, “me acuerdo que el Margot era bonito, la entrada muy original y otro detalle que no se puede perder es que se usaban cortinitas en vez de puertas”, prosiguió Pierson.

Y si del Cinearte, Pierre Pierson recuerda las buenas películas, hay otro detalle que no olvida: “Ahí miré a mucha gente infiel, hombres conocidos de nuestra familia iban ahí con las queridas; entonces, yo me escondía para que no me vieran, porque ellos estaban haciendo algo indebido y yo también, porque no tenía edad para andar en esa sala”.

Onofre Guevara reconoce que ya para 1972 Managua había mejorado con sus cines Margot y González con características de modernos, sin olvidar que ya había nacido el Cine Dorado, ubicado por donde está el Canal 2, el Cabrera con construcción moderna en la 27 de Mayo, y el María y el México que fueron consumidos por el Mercado Oriental.

La caída de los cines

Los 6.2 grados Richter no solo quebraron butacas, rasgaron las pantallas y pusieron fin a los templos en los que los managuas se congregaban para dejarse envolver por la magia de las tramas y de los personajes, sino también provocaron que el amplio circuito de cines quedara sepultado para siempre.

“Las consecuencias del terremoto se ven hoy con una modernización radical, más comercial, los cines ya dejaron de estar ubicados en las cercanías de las comunidades, ahora todas las salas están juntas, desapareció la división zonal que lo hacía un centro más sociable. Ya no son cines sino apéndices de los centros comerciales”, considera don Onofre Guevara.

Para Pierson, la caída de los cines cortó de tajo las opciones que los managuas tenían para escoger el sitio donde se sintieran más cómodos y los volcó hacia la televisión, que antes del terremoto iba en auge.

Los teatros del recuerdo

Teatro Ruiz, Aguerri, María, Margot, Autocinema, Alcázar, Cine México, Cine Blanco, Fénix, San Luis, Cabrera, Cine González, Cinearte, Cine Tropical, Cine Managua, Cine Bóer, Cine Guadalupe, Trébol, Principal, América, Alameda, Rosario, Darío, Luciérnaga y Rex.

El nuevo Teatro González de Managua fue inaugurado el 14 de septiembre de 1953, con función privada para el presidente Anastasio Somoza García. La película inaugural fue El mundo en sus brazos. (Fuente: Nicolás López Maltez).

Y se apagó la sonrisa

En el Cine Aguerri, la noche del 22 de diciembre se anunciaba la película “Águila o Sol”, de Mario Moreno Cantinflas, un especial atractivo para quienes gustaban de ir al cine.

 

 


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