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Hanoi, la capital de Vietnam, encanta con sus mercados artesanales y la amabilidad de sus habitantes que uno va encontrando en las calles. De entrada fuimos al City View Bar, uno de los restaurantes más concurridos e la ciudad, ubicado en el sexto piso de la placeta.

Luego de la refrescada necesaria tras el largo viaje desde Hong Kong, conversamos con el administrador del City View Bar sobre cómo los vietnamitas han superado los efectos de la posguerra. “Eso ya es pasado, ahora estamos concentrados en el presente”, responde con firmeza Nguyen Dinh Dat.

Vietnam vivió una de las guerras más crueles de la historia, en los años 60. Medio siglo después, en sus carreteras y calles circulan más turistas que militares; los visitantes, procedentes de distintos lados del mundo, vienen para admirar bellezas naturales y conocer la cultura de esta nación ubicada al sureste de la costa de Asia, que comparte fronteras con Laos, Camboya y China.

Una calle típica en una ciudad de VietnamTran Khan Nam, un guía turístico en Hanoi, comenta: “Nosotros ya dejamos atrás lo de la guerra, ahora estamos más concentrado en cómo sacar el país adelante. Estamos viviendo en un mundo globalizado donde necesitamos ser competitivos”.

Los vietnamitas se muestran orgullosos de que su país vaya por la senda del desarrollo económico, en la que su principal socio es Estados Unidos, el mismo que durante la guerra fue su principal enemigo. Productos de exportación de Vietnam van a al mercado estadounidense y de allí le han llegado también los mayores inversionistas.

“Si nos ponemos a vivir del pasado nunca vamos a progresar, nuestra economía es una de las más fuerte del mundo a pesar de lo que vivimos”, expresa Tran Khan Nam mientras nos conduce por los atractivos turísticos de la capital vietnamita.

Negocios y maravillas naturales

En las calles de Hanoi es común ver negocios norteamericanos. La famosa tienda de ropa y zapatos “North Face” ya se estableció en esta ciudad. También sobresalen restaurantes de comida rápida con sello estadounidense, entre ellos Burger King, Popeyes y KFC.

Para conocer algo más autóctono de Vietnam viajamos al norte del país y, tras cuatro horas en autobús, llegamos a Halong Bay, una bahía donde el mar, la tierra y la vegetación se unen para formar montañas de rocas que asombran a los turistas. Halong Bay ha sido catalogada como la séptima maravilla natural del mundo.

Junto a la bahía conversamos con la joven Pham Tuyét Anh, quien se dedica a la venta de perlas extraídas del mar y asegura que una de las mayores fuentes de ingreso de Vietnam es el turismo. “Nosotros le damos la bienvenida al turista, venga de donde venga, porque sabemos que si llegan más turistas al país, eso significa que habrá más fuentes de trabajo para nosotros; además, ayuda a darle más sostenibilidad a la economía”, explica mientras continúa extrayendo perlas de conchas marinas.

Vietnam es una nación socialista y, mientras caminamos por sus ciudades, vemos que construyen hoteles de 4 y 5 estrellas, autopistas y puentes de concretos de alta calidad. Ocurre, sin duda, un desarrollo acelerado de infraestructura, no sólo en la capital, que coincide con el crecimiento del turismo y el comercio.

Sin embargo, aún se observan desigualdades en las condiciones de vida de su gente. Ancianos, por lo general mujeres, venden todo tipo de productos en las calles para conseguir los alimentos del día de sus hogares. Faltan semáforos en las diferentes ciudades, incluyendo Hanoi, por lo que cruzar las calles es una odisea. Las motos vespa o scooter, el principal trasporte de la clase obrera, no se detienen en las intersecciones de calles, y ser intrépido parece ser la mejor forma de llegar al otro lado de la vía sin ser atropellado.

Aún así, Vietnam podría muy pronto convertirse en una potencia económica de Asia, si continúa de manera intrépida moviéndose en el mundo globalizado.

 

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