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Viajar a Venecia significa llegar a un lugar único, que vive según sus propias reglas. En Venecia no hay coches, porque la vida transcurre sobre el agua. Los únicos atascos son aquellos que forman los turistas en las callejuelas que serpentean entre los canales, iglesias y palacios de una ciudad que parece estar consagrada al arte.

La ciudad tiene muchos rincones atractivos. EFE / ENDUbicada en el noreste de Italia, a unos 120 kilómetros de Verona y a solo 40 de Padua. Además, dado que está situada a orillas del mar Adriático, solo un trayecto en ferri la separa de la costa croata.

Con 1,500 años de historia, Venecia tiene infinidad de rincones en los que deleitarse. Pero si hay un lugar emblemático en la ciudad, este es San Marcos. “Si se trata de la primera visita a Venecia, hay que empezar por la Plaza de San Marcos”, recomienda Ilaria Rizzardi, guía turística de Venecia.

Napoleón describió esta plaza como “el salón más hermoso de Europa” y hoy se podría añadir que también es uno de los más concurridos. San Marcos nunca se vacía. Los clientes de las cafeterías y las tiendas se mezclan con los paseantes y con quienes hacen cola para subir al Campanile o para visitar la Catedral.

Ilaria Rizzardi explica que a la Basílica de San Marcos también se le llama la basílica de oro, por sus mosaicos bizantinos Venecia es un lugar único. EFE / ENDdorados. “Están formados por teselas de pasta de vidrio. Cada una de ellas lleva una fina lámina de oro en el interior, según la técnica bizantina”, detalla.

Durante mucho tiempo, la basílica fue la capilla de los dux --magistrado supremo y máximo dirigente de la república marítima de Venecia-- y hasta 1807 no pasó a ser la Catedral de la ciudad. El templo, con su planta de cruz griega, sus mosaicos y sus cúpulas, viene a ser un símbolo del papel de Venecia como vínculo entre Oriente y Occidente.

Su altar mayor alberga las reliquias de San Marcos, robadas en Alejandría por dos marinos venecianos y que llegaron a Venecia escondidas en un cargamento de carne de cerdo. De hecho, los mosaicos que se hallan bajo los pórticos de la fachada de la Catedral narran la peripecia del robo del cadáver del evangelista.

Plaza San Marcos. EFE / ENDEl Campanile

Tras la tumba de San Marcos se puede contemplar la Pala D’Oro, una gran placa revestida de oro y piedras preciosas con distintas escenas religiosas. 

Otro de los tesoros de la Catedral son los cuatro caballos de San Marcos. Se cree que estas majestuosas esculturas de bronce dorado formaban parte de una cuadriga situada en el hipódromo que el emperador Constantino mandó construir en Constantinopla. 

Hoy los originales se hallan en el interior de San Marcos y los que están situados en la terraza exterior de la basílica son una réplica.

Desde la terraza, hay unas vistas espectaculares de la Plaza de San Marcos y de parte de la laguna. 

El Campanile, uno de los edificios más característicos de la plaza, también ofrece una gran panorámica de la ciudad. Esta torre de 92 metros de alto es una reconstrucción del anterior campanario, que se desmoronó en julio de 1902.

Junto a la Basílica de San Marcos se halla el Palacio Ducal, uno de los edificios más destacados de Venecia. 

“Hoy es el primer museo y mejor ejemplo de arquitectura gótica de la ciudad. Pero durante la república fue la sede del gobierno, la morada del dux y el Palacio de Justicia con prisiones”, precisa Rizzardi.

Uno de los espacios más impresionantes del interior del palacio es la sala del consejo mayor, que fue la sala más grande del mundo sin columnas que soportasen el techo. Cada rincón merece un elogio. EFE / END

En sus paredes se suceden los retratos de los primeros dux, aunque uno de ellos está tapado por pintura negra. Se trata del dux Marino Faliero, condenado y ejecutado por traición en 1355 y del que no se conserva ningún retrato.

Al principio, el propio palacio también albergaba las mazmorras, pero cuando se construyeron las nuevas prisiones, los condenados tenían que pasar desde el palacio, donde se celebraban los juicios, hasta las celdas a través del famoso Puente de los Suspiros. La Plaza de San Marcos es, sin duda, el corazón de Venecia, pero ningún viajero debería marcharse de la ciudad sin visitar algunas de sus iglesias más representativas. 

“Si se dispone de poco tiempo, hay que echar un vistazo a la Plaza de San Marcos y a sus monumentos desde fuera. Luego se puede dar un paseo por los alrededores y llegar al Campo Santo María Formosa y al Campo Santi Giovanni e Paolo, el más magnífico de Venecia”, destaca Rizzardi.

En este campo se alza la estatua del condotiero Colleoni, una representación del militar a caballo que se ha convertido en una de las grandes obras de la escultura renacentista en bronce.

No obstante, el homenajeado había elegido otra ubicación para el monumento. De hecho, Colleoni entregó una suma de dinero para erigir una estatua conmemorativa con la condición de que se situara en San Marcos. 

Obviamente, se refería a la Plaza de San Marcos. El gobierno veneciano, que no tenía intención de levantar la estatua en aquel lugar, aceptó el legado pero instaló el monumento en este campo, frente a la Scuola Grande di San Marco.

El Campo Santi Giovanni e Paolo está presidido por la iglesia dedicada a San Juan y San Pablo. Se le considera el panteón de Venecia, pues alberga una gran cantidad de tumbas de personajes ilustres. Uno de los sepulcros es el de Marcantonio Bragadin, despellejado vivo por los turcos en la caída de Chipre en 1571 y cuya piel se conserva allí mismo en una urna.

La ciudad sobre el agua. EFE / ENDTiziano y Tintoretto

Otra de las recomendaciones de Ilaria Rizzardi es la Basílica di Santa Maria Gloriosa dei Frari “con el retablo de la Asunción, una obra maestra de Tiziano”. 

En el interior de este templo, junto al altar de la familia Pesaro, hay una bomba, depositada allí como ofrenda, pues cayó sobre la iglesia durante la Primera Guerra Mundial, pero no hizo explosión. Además, en Santa María Gloriosa dei Frari se halla el sepulcro de Tiziano, quien murió de peste en 1576.

Rizzardi también aconseja visitar la Scuola Grande di San Roco, muy cerca de la Basílica di Santa María Gloriosa dei Frari y que, en palabras de la guía, tiene “el mejor Tintoretto del mundo”. 

Este gran pintor, llamado Jacopo Robusti, era hijo de un artesano tintorero y de ahí surgió el apodo de Tintoretto, que significa el tintorerito. Su obra más importante fue precisamente la decoración de la Scuola Grande di San Rocco, en la que invirtió casi un cuarto de siglo de trabajo. Lo mismo que Tiziano, Tintoretto también falleció debido a la peste.

Los años de la peste --entre 1347 y1348-- representaron una época aciaga para Venecia, pues se estima que esta enfermedad mató a un tercio de la población de la ciudad. 

En aquella época, el senado prometió construir una gran iglesia a la Virgen a cambio de su intercesión a favor de los venecianos. Así, cuando la epidemia terminó, se construyó la iglesia de Santa María della Salute. 

En su interior hay un retablo coronado por la imagen de la Virgen y en el que se representa a la peste como una vieja que huye y a Venecia como una elegante señora que se postra de rodillas.

Desde la escalinata exterior de Santa María della Salute hay una bonita vista de San Marcos, que se alza en la otra orilla del Gran Canal, en el lugar en el que este desemboca en la El Gran Canal Venecia. EFE / ENDlaguna.

Si remontamos el Gran Canal hacia el interior de la ciudad, tras un largo paseo, hallamos el Puente de Rialto, uno de los símbolos de la ciudad. Junto a él, hay infinidad de palacios y de edificios majestuosos que ofrecen sus fachadas a las aguas del Gran Canal.

Un paseo en góndola es una manera inmejorable de disfrutar de este espectáculo. Pero también se pueden contemplar desde el vaporetto o desde cualquier otro medio de transporte acuático, como la lancha que va y viene al aeropuerto.

Toda Venecia es un museo al aire libre, un lugar en el que cualquier edificio es una joya y cada rincón merece un elogio. La ciudad acoge a los visitantes con los brazos abiertos durante todo el año aunque, en palabras de Ilaria Rizzardi, “mayo, junio y septiembre son los mejores meses para visitar Venecia a pesar de la temporada alta y de la muchedumbre”.

Durante la primavera y el otoño, Venecia disfruta de un clima suave. Sin embargo, los veranos suelen ser calurosos y los inviernos muy fríos y lluviosos. Pero pese al intenso sol del estío o  las nieblas invernales, el encanto de Venecia no se desvanece.

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