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Un inmenso laboratorio biológico que invita a la investigación y diversión.

El reloj marcaba las 7:00 en punto  de la mañana y uno a uno los estudiantes de Comunicación para el Desarrollo de la UNAN-Managua iban llegando al punto de reunión: los organizados, que apuntaron una semana antes en sus teléfonos como acontecimiento importante  “viaje al Mombacho”, llegan en bus. En tanto, los típicos tarderos y desvelados, que mientras llegan van llamando a la profesora para decir la trillada frase “no se vayan sin mí” o “ya voy llegando”, aunque no hallan ni salido de su casa, llegan en taxi , sin saber que aquella maestra que conoce sus mañas  y llegadas tardes los citó una hora antes.

Ya todos reunidos, entre bromas y bostezos comienzan a contarse la hora en que tuvieron que levantarse para cocinar y alistarse. Se dan las ocho de la mañana y cada quien se acomoda en sus asientos, según su forma de ser: los necios al fondo, los tranquilos en el centro y los más serios adelante, cerca de la maestra. Así la aventura  comienza, no sin antes encomendar al señor el tan esperado viaje.Granada vista desde el mirador del volcán Mombacho.

Enrumbados

El bus arranca y los cantos  a capela de  una que otra canción de cabanga se escuchan desde el fondo, hasta llegar al empalme de El Guanacaste, 9 kilómetros al sur de Granada, frente al coloso. Las emociones están a mil por horas, ya que para algunos será la primera vez que escalarán un volcán y también, sin las necias llamadas al celular, pues en ciertas partes del volcán la señal es poca o nula --según cuentan quienes ya conocen--.

En la falda del volcán están las oficinas de Fundación Cocibolca, que administra la reserva. Desde allí se puede observar la majestuosidad y  el verdor del gran Mombacho, que hace a algunos dudar de poder escalarlo. Para llegar a la cima hay tres  opciones, una es subir en vehículo  propio (debe ser doble tracción), ir en camión o  a pie, pero en todas la experiencia es extrema debido a lo empinado del camino.

Ya rumbo hacia arriba,  la vista  es inigualable, a ambos  lados están las plantaciones de café, pero lo más difícil y emocionante está en la parte más alta del camino, ya que aquí el vehículo pasa por una parte no apta para cardíacos: a la izquierda, uno de los cráteres apagados  y a la derecha,  protegidos por la vegetación, profundos abismos.

A mitad de camino (450 m) se hace una parada para degustar una taza de café en la hacienda cafetalera El Progreso, donde además de estirar los pies y respirar aire puro, se ofrece  a los turistas tours de aventuras en las plantaciones de café y canopy en las laderas de este majestuoso volcán.

Aventura

Quince minutos más subiendo la cuesta y el viaje en vehículo ha terminado, pero este es solo el comienzo de la aventura y los expedicionarios  comienzan a bajar sus mochilas y comidas. Al parecer pensaron que este viaje duraría una semana, pues unos llegaron con hielera, jugos de tres litros, botellas de agua de medio galón y porras con pollo frito. El extremo fue uno que llevó un balde repleto de arroz a la valenciana solo para él y se lo comió solito. Luego cada quien comenzó a distribuirse la carga, algunos con cara de aflicción, pero la voz de socorro del guía diciendo “pueden dejar las maletas en la recepción” cambió instantáneamente el rostro de aquellos “cansados” estudiantes. Ya en la estación biológica, el guía comenzó a contar la  historia del lugar, tipos de  flora y fauna que allí existen.

Especie que habita en el volcán.Hay tres senderos: El Cráter, El Tigrillo y El Puma. El último es el más largo, pero escogieron El  Cráter, que solo tiene 1.5 kilómetros de longitud. Este es un recorrido alrededor del cráter, bajo un denso bosque en el que se pueden observar orquídeas, heliconias helechos, bromelias y otras flores de intensos  colores.  

Desde el primer mirador se puede  ver la inmensidad del cráter cubierto de neblina y escuchar a cada paso al guía dando instrucciones, como ir con extremo cuidado para no pisar alguna de las 700 especies de plantas, o ir en silencio para no ahuyentar a los monos congos, osos perezosos o la famosa  salamandra del Mombacho.

El camino es engañoso, la humedad es permanente  y bajo las sombra de los árboles de este bosque se llega al mirador  El Túnel, un estrecho pasadizo que está custodiado por dos paredes cubiertas de musgo y algas que emanan agua y al final está el mirador, desde donde se ve el cráter número 3. Luego se sigue hasta el mirador La Vieja del Cráter, desde donde se puede apreciar el bosque nebuloso.

Luego de casi una hora de caminata, al salir del sendero, se llega al mirador principal de las fumarolas, ubicado frente a la ciudad de Granada, desde donde a lo lejos se divisan la laguna de Apoyo y el volcán Masaya, a la derecha, las isletas de Granada que sobresalen en el inmenso lago Cocibolca.  Allí, el aire fresco y la belleza del paisaje entusiasmaron a todos  y sin tanta espera, los disparos de las cámaras de los celulares no se hicieron esperar, porque como dicen por ahí, si vas y no tomás fotografías, es como no haber ido. Sin duda, el viaje valió la pena.

Cómo llegar:

De la UCA salen microbuses a Granada. De Granada, salen expediciones al volcán de las turoperadoras que están en La Calzada.
 
Costo de entrada: US$8 nacionales y US$20 extranjeros (incluye transporte hasta la cima).
Noche en albergue: US$50 por persona.

*La autora es estudiante de Comunicación para el Desarrollo, en la UNAN-Managua.

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