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Esperanza, Sun Bay, Media Luna y Playuela en Vieques, así como Flamenco, Tortuga, Tamarindo y Zoni en Culebra, son las principales playas de estas dos pequeñas islas ubicadas al extremo este de la isla principal de Puerto Rico. A ellas solo es posible llegar por mar o por aire y constituyen todo un reclamo para turistas que buscan playas en las que se puede permanecer prácticamente solo en cualquier época del año.

“Las playas en Vieques son la mayor atracción que tienen la isla para los turistas”, asegura a Efe Harold Cruz, director desde hace cuatro años de la Oficina de Asuntos Culturales y Desarrollo Turístico de Vieques.

La playa de Flamenco, en Culebra, conocida por su blanca arena y mar cristalino, ha sido seleccionada durante varios años como una de las diez mejores playas del mundo, según las encuestas que periódicamente hace el portal TripAdvisor.

Vivir la vida sin prisas

Cruz indica que la temporada alta del turismo en Vieques es entre los meses de noviembre y abril, ya que durante ese periodo es cuando los turistas -estadounidenses en su mayoría- visitan la isla escapando del frío de otros lugares situados más al norte del hemisferio.

Vieques -conocida como la Isla Nena-, es la más extensa de las dos, por lo que tiene una superficie de unas 52 millas cuadradas (135 kilómetros cuadrados), con 21 millas (34 kilómetros) de largo y 4 millas (6 kilómetros) de ancho. Además está más poblada y ofrece una mayor variedad de restaurantes, empresas de servicios y lugares para hospedarse.

Culebra, situada a unas 9 millas (14 kilómetros) al norte de su hermana mayor, Vieques, y a unas 17 millas (27 kilómetros) al este de la costa de la isla principal de Puerto Rico. Tiene tan solo 11 millas cuadradas (28 kilómetros cuadrados), pero entre ellas una de las playas más bellas del mundo.

Sin embargo, Vieques suele conquistar con más facilidad a los turistas, porque cuenta con una mayor oferta de infraestructuras turísticas, tiene en sus aguas la fascinante bahía bioluminiscente, en la Bahía Mosquito, una de las tres que existen en Puerto Rico.

Cruz, detalla que durante los pasados años, Vieques ha acogido “una buena movida de asiáticos, principalmente coreanos, japoneses y tailandeses, que buscan explorar el ecoturístico, la cultura y el medioambiente de la zona”.

“Nunca habíamos recibido a tantos orientales en la isla”, asegura Cruz, quien explica que los negocios han tenido que adaptar sus menús para incluir muchos más vegetales, pescados y mariscos.

“Estas personas no comen nada frito ni hamburguesas”, resalta Cruz sobre comidas que, ya sea por autóctonas o por ser importadas de EE.UU., respectivamente, predominan en la dieta puertorriqueña.

“Lo más importante es el ambiente en ambas islas. Es un ambiente relajado, sin prisa, perfecto para un fin de semana de relajación, o para celebrar una boda o una luna de miel”, asegura sobre ellas la directora ejecutiva de la Compañía de Turismo de Puerto Rico, Ingrid Rivera.

La principal ejecutiva de la agencia de turismo puertorriqueña detalla además que Vieques se ha convertido en “un destino muy atractivo para el mercado Lgbtt (gais, lesbianas, bisexuales, transexuales o transgénero)”.

La huella de la Marina

Vieques, donde además se practica el buceo de superficie y muchos otros deportes acuáticos, cuenta con 134 playas registradas, pero solo se utilizan en torno a 20, debido a que gran parte de la costa aún pertenece a la Marina de los EE.UU., que se retiró físicamente de esta isla en el 2003, tras realizar ejercicios militares en ella durante 60 años.

“La limpieza está lenta. Se supone, que diez años después de que se termine la limpieza las playas se podrán abrir al público”, dice Cruz.

Los habitantes de ambas islas tuvieron que sufrir durante décadas los efectos secundarios de las maniobras militares que llevó a cabo la Marina estadounidense en sus territorios, así como las de otros Ejércitos que alquilaban las instalaciones.

Lo más importante es el ambiente en ambas islas. Es un ambiente relajado, sin prisa, perfecto para un fin de semana de relajación o para celebrar una boda o una luna de miel”, asegura sobre ellas la directora ejecutiva de la Compañía de Turismo de Puerto Rico, Ingrid Rivera.

Desde 1941 hasta 2003 la base de Vieques fue utilizada por el ejército estadounidense para realizar ejercicios militares y probar allí bombas, misiles y otras armas.

Tras unas series de protestas populares, el ejército estadounidense abandonó la base militar, pero no realizó las correspondientes tareas de limpieza y retirada de explosivos, por lo que los problemas de contaminación aún perduran.

Esas tareas de limpieza han requerido hasta el momento, según las propias cifras de la Marina estadounidense, unos 220 millones de dólares.

Organizaciones de diferentes ámbitos sociales de Puerto Rico llevan años insistiendo en que la salida de la Marina de Vieques, todavía bajo control de Washington a través del Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre, no significó el fin de los problemas para sus habitantes, que además se han quedado sin una de sus principales fuentes de ingresos.

Aseguran que enfermedades como cáncer, diabetes, hipertensión y problemas respiratorios son mucho más habituales entre los vecinos de Vieques que en otros lugares de Puerto Rico, lo que achacan a las prácticas militares, que la Marina niega aduciendo falta de estudios objetivos.

Culebra también fue ocupada durante décadas por la Marina de Guerra de EE.UU. para utilizarla como campo de tiro, tanto por sus propias fuerzas como por los ejércitos de otras naciones, que alquilaban las instalaciones.

Por ello, en esta isla de enorme riqueza medioambiental, aún hay restos de munición que permanecen en sus aguas y no es extraño que cada cierto tiempo algún turista descubra una bomba si explotar cerca de la costa.

“Fuera de Flamenco, no se hace nada. Es limitado”, dice Rosarelis Feliciano, residente de esta isla que, afortunadamente, “es muy segura” y no sufre los índices de violencia que sí padece la isla principal de Puerto Rico.

De la misma manera opina Benjamín Pérez Vega sobre la tranquilidad social que existe en Culebra.

“Es el único pueblo donde no hay crímenes. Yo duermo con las puertas abiertas y vivimos tranquilos”, afirma Pérez Vega, quien recuerda que en la década de los 60 vio a adultos y niños morir por jugar con granadas que se encontraban en las playas. 

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