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Con el Año Nuevo Lunar se despliega por los hogares de China un variado abanico de menús, no obstante tiene dos ingredientes comunes: una larga dosis de tradición y una porción cada vez menor de superstición.

Si uno es invitado a pasar en la provincia oriental de Anhui la “Nochevieja” china, que esta vez será entre el 7 y el 8 de febrero, ya que sigue el calendario lunar y cada año cambia de fecha, quizás se sienta tentado a probar una apetitosa carpa que se presentará entera en la mesa.

Pero si es también cauteloso, se dará cuenta de que sus anfitriones no probarán un bocado de ella y sí, en cambio, de un segundo pescado que seguramente también será servido.

El motivo es que “pez” (en mandarín “yu”) tiene una fonética igual que “sobrante” en ese idioma, aunque sus caracteres sean distintos. Por ello, los oriundos de Anhui dedican cada año un pescado, normalmente una carpa, a sus ancestros, en señal de abundancia y bonanza.

Tradiciones

Es una tradición que se repite de distinta forma en otras partes del país, marcado aún por las consecuencias del llamado “Gran Salto Adelante”, la iniciativa de Mao Zedong para desarrollar la industria pesada en detrimento del campo que, unida a la campaña contra las “cuatro pestes”, causó una letal hambruna que mató a millones de personas en la década de 1960.

Xu Fei, lleva sus 27 años de vida repitiendo este ritual cuando celebra la última noche del año lunar con su familia de Anhui. Pese a llevar haciéndolo tanto tiempo, admite no saber qué representa: “es una tradición, pero no sé si durará para siempre”, dice, pocos días antes de sentarse a la mesa y ver cómo la carpa se retira intacta del banquete cuando este llega a su fin.

De momento, Xu prefiere no pensar en el porqué de la liturgia y opta por centrarse en sus deseos para el año entrante, el del mono dorado, que según el zodiaco chino augura fertilidad, por lo que aprovecha y dice que quiere salud y buen ánimo para sus allegados, y además una novia para él.

Tal vez para lograr ese objetivo los familiares de Xu le animarán a degustar el pescado que sí esté listo para comer, que en la cultura china también simboliza un matrimonio unido y fértil.

Un deseo que comparte Lin Li, de la misma edad que Xu Fei y recién casada, por lo que, como marca la costumbre, tendrá que pasar su primer Año Nuevo tras el matrimonio en la casa de sus suegros en Hebei, cerca de Pekín y lejos de su Fujian natal (sureste de China).

“En el sur de Fujian, la primera comida de Año Nuevo tiene que ser un fideo muy fino y largo llamado xian mian, que simboliza la longevidad y que en mi casa tomamos a la vez con dos huevos porque eso trae paz”.

Sin grandes peculiaridades gastronómicas en el septentrional Hebei, donde Lin dice que seguramente: “comeremos algo de carne o pescado”, tal frugalidad estará en las antípodas de lo que se preparará unos dos mil kilómetros al sur, en la provincia de Cantón. En algunos puntos de esa región se recibirá al “mono dorado” con los llamados “alimentos de mil años”, como se denomina a una serie de platos que se preparan para que puedan abastecer a los huéspedes durante tres días, en señal de que la escasez es pasado.

“Son tradiciones, superstición es una palabra negativa. Para el Año Nuevo es bueno respetarlas”, comenta la cantonesa Lorraine Luo, recién licenciada y quien cree que la gastronomía es una parte más de su provincia, cuya “cultura y lengua (el cantonés) son especiales, por lo que somos conscientes de que hay que protegerlo”.

“Pero en el proceso -añade- estoy segura de que se agregarán elementos nuevos de esta época”.

Pescados y símbolos

Deng Ying, una locutora de 26 años, comparte la opinión de Luo acerca de que, más que una superstición, su ritual de Año Nuevo en Hunan, la provincia central de China de la que procedía Mao, será más bien “una oda a la vida” y una oportunidad para cumplir con las tradiciones y pedir deseos. 

En su casa, según cuenta, no tomarán el clásico pastel de arroz, uno de los platos con los que se suele esperar al cambio de año en esa región, ni el “fu yuan”, los tallarines de arroz con nabo seco o la sopa hecha de fruto del loto para tener una vida dulce y longeva.  La joven dice que seguirán a cambio una tradición menos común en esa zona: servir un pescado que solo podrá comerse 15 días después del Festival de la Linterna, que marca el fin de las festividades del año lunar.

“Quizás antiguamente se creía que preservar un pescado durante tanto tiempo sin comerlo podía traer buenas cosechas, pero ahora sabemos que se trata solo de un símbolo, que consiste en seguir la tradición, porque valoramos lo que tenemos y queremos esforzarnos para vivir mejor el año que viene”.

Para Xu, Lin, Luo o Deng, todos miembros de una generación nacida tras la muerte de Mao (1976), cuando el país despegaba económicamente hasta convertirse en la actual segunda potencia mundial, casi irreconocible hoy a ojos de sus padres y abuelos, lo que coman en Año Nuevo tendrá más sabor a leyenda que a superstición, pero no por ello quieren abandonar una costumbre que han vivido desde pequeños y que les lleva cada año a ver a sus seres queridos.

“Para mí es tradición, y añade más ánimo al Año Nuevo”, comenta Lin, mientras Deng, asegura convencida que “seguiré con ellas y se las transmitiré a mi hija”. Y añade: “Cada vez quedan menos tradiciones, hay que protegerlas bien para que no desaparezcan”.

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