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La exuberante vegetación de las 36 islas que forman el Archipiélago de Solentiname, es el refugio preferido de la más exótica y variada fauna silvestre de la cuenca sur del Gran Lago de Nicaragua, donde aves del paraíso se confunden entre bandadas de garzas blancas, patos chanchos, garcetas, espátulas rosadas y decenas de especies de aves migratorias de bellos plumajes. Aquí también existen muchas  especies de mamíferos.

De este paraíso terrenal, nace la inspiración de decenas de artesanos de las islas, quienes no necesitan fotografías ni modelos a escala de ningún paisaje, ni animal,  porque solo basta salir al patio de sus casas para ver el verdor de las plantas y el fuerte colorido de las flores que atraen colibríes, urracas, oropéndolas y otros pájaros;   así como basta lanzar la tarraya para atrapar guapotes, guabinas, mojarras, sardinas, bagres, sábalos, gaspar y otros tipos de peces.

En estas islas, los artesanos trabajan con herramientas de uso doméstico: cuchillos de mesa, machetes, escofinas, pedazos de sierra afilados y cualquier tipo de metal con filo que sirva para tallar en madera de balso una de las artesanías más bellas, coloridas  y reconocidas de Nicaragua en el mundo.

Los artesanos de Solentiname no estudiaron escultura ni pintura en ninguna escuela de arte, pero sus figuras talladas en madera de balso son verdaderas obras de arte nativo, que reflejan el mundo  que les rodea, con sus animales silvestres y la rica flora que embellece las islas.

En la comunidad El Refugio, isla Mancarrón, la mayoría de sus pobladores  viven de la producción de figurillas labradas en madera de balso,  pintadas con finos detalles en los patios de las casas que funcionan como talleres al aire libre, donde a fuerza de creatividad e  imaginación, jóvenes y adultos  transforman trozos de madera en estilizadas garzas blancas, sinuosos peces de vivos colores, lapas, tucanes, tortuguillos, gallinitas, mariposas, loras, armadillos y otros animales del trópico húmedo.

Noydi Rebeca Peña Ponce, tiene 26 años, pero desde niña miraba como su mamá pintaba las piezas talladas en balso y empezó a practicar con piezas pequeñas, hasta que un día, a los 16 años,  se percató que ya sabía lo esencial.

Desde entonces, ha depurado su técnica y ahora es una experta con el pincel dándole los colores más atractivos a cada tucán, gallina, pescado o garza sobre camalotes. Su papá talla las figuras y ella las pinta. “los colores uno los saca de lo que ve en la naturaleza, como los pescados con su variedad de colores, uno busca que sean colores originales.”

La familia de Noydi tiene un pequeño negocio de hospedaje, pero ella no piensa abandonar el trabajo artesanal, “este es mi trabajo, me encanta el oficio de pintar, porque me distraigo, pero además con esto nos ayudamos”-asegura Peña Ponce. Por su parte, Olga Virginia, hermana menor de Noydi,  de 13 años, incursionó hace dos años al mundo artístico-laboral pintando diminutas piezas para hacer llaveros, prendedores, chapas, móviles y toda la gama de animalitos que existen en las isla. Olga Virginia sueña con ser aeromoza y viajar por el mundo, pero por el momento estudia segundo año de secundaria y da su aporte a la familia pintando las piezas talladas en balso en el improvisado taller de su casa, donde se  venden sus trabajos a los visitantes.

Heylin de los Ángeles Carrillo Obando, 30 años, tiene la mitad de su vida pintando, ya que a los 15 años empezó a dar sus primeros pincelazos en piezas de madera.  “Ya como que viene de Dios lo que uno va a aprender, porque yo aprendí el arte con mucha creatividad propia, uno tiene que innovar los colores y hacer las mezclas que a uno le salgan. Con Meyling son cuatro hermanas, su mamá talla la madera y ellas las pintan. Sus piezas se venden en galerías y tiendas de Managua y en su casa de Solentiname.

Meyling e Ingrid Carrillo, de 26 y 27 años respectivamente, también viven de la artesanía de balso. Meylin explica que desde los 12 años sus padres la ponían a lijar las piezas. “En aquella época las piezas eran quemadas, se hacían tramitos con un cuchillo candente y luego se pintaba cada tramito, después doña Nubia Arcia, dueña del Hotel Mancarrón, trajo al pintor Abel Vargas y él nos enseñó a pintar sin quemar, agarramos la técnica y ahora pintamos y ponemos los colores que a nosotros se nos viene a la imaginación y quedan bonito”.-explica Meyling.

Ingrid, es muy hábil con el pincel y se especializa en piezas pequeñas. En su taller, talla y pinta miniaturas para aretes y llaveros: tortuguillos, lapas, colibríes, pescados, ranitas y otros animales, así como piezas medianas y grandes para móviles y adornos de pared.

“Las piezas pequeñas a veces son más complicadas, porque son chiquitas  y tiende uno a cortarse, las más pequeñas son más tiempo  por los detalles. Creo que el pintado (de las artesanías) viene mejorando, hay que inventar para no hacer lo mismo, para que este arte no desaparezca”-opina Ingrid.

Artesano por un día

En Artesanías Los Trillizos, se ofrece el tour “Artesano por un día” donde el turista, por 10 dólares recibe clases del jefe del taller para elaborar una pieza de artesanía. Recibe un trozo de madera con la figura dibujada y el alumno debe tallarla, lijarla y pintarla con ayuda del profesor. Al final, la pieza que el alumno hace, se la lleva de recuerdo.   

Números: 35 artesanos hay en la comunidad El Refugio, Mancarrón.

Donde queda:

El archipiélago de Solentiname queda en el sur este del Lago Cocibolca. Rio San Juan.

Cómo llegar:

Del Mercado de Mayoreo e  Iván Montenegro salen buses para San Carlos. De allí  salen botes para Solentiname.

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