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Mundialmente famosa por sus vinos, la ciudad Oporto guarda la esencia de Portugal en el empedrado de sus calles y en el colorido de sus azulejos, y ofrece símbolos arquitectónicos como los puentes que cruzan el Duero para unirla con Gaia, la moderna Casa da Música o la bella librería Lello.

Las estrechas y empinadas calles empedradas de la ciudad de Oporto, la segunda ciudad de Portugal, a unos 300 kilómetros al norte de su capital, Lisboa, descienden hasta fundirse con el Duero en la colorida ribera, para crear una de las estampas más bellas y reconocibles  de la ciudad y del país,  que puede disfrutarse en todo su esplendor desde el otro lado de río, en Vila Nova de Gaia, tras cruzar el puente de Don Luis I.

Galería de fotos: Oporto, tradición y modernidad

En Vila Nova de Gaia, en la otra ribera del río, se encuentran las famosas cavas del vino, que albergan uno de los tesoros de Oporto y que, como la ciudad misma, no puede entenderse sin el Duero, pues es en los valles que atraviesa el río, en las regiones del Alto Douro y Trás Os Montes, donde se produce el licor de renombre.

Oporto, el Portus Cale de los romanos, que establecieron el puerto del asentamiento conocido como Cale en lo que hoy es la colorida ribera, da su nombre al famoso vino, y a todo el país, pues Portugal recibe su nombre de aquel enclave comercial.

El centro histórico de Oporto, que fue declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco en 1996, guarda la esencia arquitectónica y decorativa del país, con sus suelos de “calçada portuguesa” y los azulejos de cerámica que cubren las fachadas de los edificios.

La catedral, la estación de São Bento o la Torre de los Clérigos son visitas tan ineludibles como las bodegas para disfrutar de la ciudad,  que ofrece otros atractivos como  la bella librería Lello, la Casa de la Música o los puentes que cruzan el Duero. Oporto es una ciudad que tiene  250,000 habitantes, aunque su área metropolitana alcanza cerca de 2.5 millones de personas.

LA CIUDAD DE LOS SEIS PUENTES

Oporto debe su ser al río, y una de las formas más atractivas de disfrutar de las espectaculares vistas de la ciudad y de Vila Nova de Gaia es el paseo en barco por el Duero, una de las visitas turísticas más exitosas y que permite contemplar, de una manera única, la arquitectura de los puentes que comunican Oporto entre sus dos riberas.

El viaducto más emblemático de la ciudad portuguesa es el puente de Don Luis I, símbolo de la gran urbe, junto a la Torre de los Clérigos inaugurado en 1886, como sustituto del antiguo puente colgante, ineficaz ante el crecimiento comercial. 

Famoso por su gran arco de hierro, cuenta con dos plantas que unen la ribera con la zona de las bodegas del vino de Oporto en Gaia, junto al lugar en el que se encontraba el Ponte Pênsil, del que aún se conservan parte de los pilares. 

El puente metálico es obra del ingeniero alemán Théophile Seyrig, socio de Gustave Eiffel, que una década antes había diseñado para la ciudad el puente de María Pía, el primer viaducto ferroviario, que comunicó ambas orillas del río, sustentado también por un gran arco de hierro.

En funcionamiento desde 1877, el puente de María Pía fue sustituido en 1991 por el puente de São João, sobre el que desde entonces circula el tráfico ferroviario.  

El actual puente ferroviario es obra del ingeniero Edgar Cardoso, el segundo en proyectar dos puentes sobre el Duero, ya que también diseñó el puente de la Arrábida, declarado monumento nacional en mayo de 2013, y que en el momento de su construcción, medio siglo antes, era el mayor puente de arco de hormigón armado del mundo. 

El último puente construido entre Oporto y Gaia es el puente del Infante don Enrique, que desde 2003 recoge, aguas arriba del puente de Luis I, el tráfico rodado que antes circulaba por la planta superior del puente de hierro, ahora destinada al tránsito peatonal y a una de las líneas del metro de Oporto.

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