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Montado en su mula o de pie, la imagen del general Augusto C. Sandino está presente en todos los municipios y algunas comarcas de Nueva Segovia. En San Fernando, Sandino se confunde entre las flores y plantas del parque municipal, mientras que  en Santa Clara, de pie sobre un alto pedestal, saluda a los transeúntes y viajeros que pasan en vehículos rumbo a Ocotal o Jalapa.

A la salida de Susucayan, la misma imagen de Sandino con su chaqueta bajo su brazo izquierdo mira en dirección hacia el Chipote. En la entrada de El Jícaro, montado en su inseparable mula, Sandino sale al paso de los visitantes que van a la ciudad o a las ruinas del mineral de San Albino, distante unos siete kilómetros.

A 78 kilómetros de Ocotal,  en Quilalí, desde el centro de un arco con la leyenda: “¡Feliz Viaje, Quilalí les recordará siempre!”, una silueta de Sandino en su mula parece dar la  bienvenida a este pintoresco pueblo segoviano.

Lo mismo sucede en San Juan de río Coco. Aquí la imagen de Sandino esta empotrada en el centro de la calle que da salida y entrada al poblado.

Al otro lado del río Coco, en Telpaneca, en el centro de una diminuta rotonda, sobre un pedestal, la escultura de Sandino en su mula ve subir los vehículos que pasan el nuevo puente sobre el más extenso río de Nicaragua, el Coco o Wangki.

En Palacagüina, una pequeña imagen en concreto del legendario guerrillero sobre el lomo de su mula adorna el centro del parque municipal, pero aquí Sandino no es la figura principal, sino Miguel Ángel Ortez y Guillén, el más joven de sus generales, que llegó a ese grado militar a solo 21 años de edad.

A él se le erigió en lo alto de una torre dentro del mismo parque una escultura de su imagen, de cuerpo entero, con su largo rifle apuntando hacia el norte, su pistola al cinto y el sombrero sobre su cabeza.

El motivo de esta distinción es que en este  pequeño poblado, él regó el suelo segoviano  con su sangre durante el ataque al cuartel de la Guardia Nacional  el 14 de mayo de 1931. 

Miguel Ángel Ortez no solo fue un valiente general, conocido por su coraje y temeridad, sino también un poeta popular de vanguardia, ya que un año antes de su caída en combate se habían divulgado cuatro poemas suyos, incluso ya era cantado en corridos y poemas  del Ejército.

Ortez era un estudiante, egresado del  Instituto Nacional de Occidente de León, que ingresó como voluntario al Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua a finales de 1927, cuando apenas tenía 16 años. Después de haber dirigido victoriosos  combates de San Juan de río Coco, Achuapa y Somoto, contra los marines y la Guardia Nacional, comandó el ataque a Palacagüina, donde  fue abatido por las balas de los soldados.

Sobre una banca

En una esquina del parque  central de San Rafael del Norte, la ciudad donde el general Augusto C. Sandino se casó con Blanca Estela Aráuz la madrugada del 18 de mayo de 1927, está una estatua de ambos sentados en una banca. El general y su esposa parecen hacerse promesas de amor bajo la sombra de un árbol. A sus espaldas, flores y plantas, y a un costado, está la iglesia donde contrajeron nupcias.  

A media cuadra está la casona donde funcionaba el telégrafo que Blanca Estela operaba durante la guerra, y que por muchos años ha funcionado como Museo Sandino. Se encuentra cerrado por reparación.

San Rafael fue uno de los pueblos más queridos por el general Sandino, pues allí conoció a su esposa y en ocasiones le sirvió de base de descanso a sus tropas y punto de partida hacia los campos de batalla.

San Rafael del Norte, ubicado en el departamento de Jinotega,  es hoy un pacífico pueblo cafetalero en la cima de la cordillera Isabelia, donde el tradicional frío, de sus más de 1,000 metros de altura sobre el nivel del mar, se quita con una humeante taza de café con rosquillas.

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