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En la primera estrofa del Himno Nacional  nicaragüense “¡Salve a ti, Nicaragua!”  se hace referencia a un arma que durante siglos fue la más poderosa, destructiva  y  temida de todos  los ejércitos del mundo, incluyendo Nicaragua, que la usó en sus diferentes guerras fratricidas, pero en ocasiones, también en  defensa de su soberanía nacional: el cañón.

Grandes guerras se definieron por el uso de estos poderosos tubos artillados con bolas de hierro y propulsados por pólvora en un inicio y después por proyectiles cargados con explosivos, los que causaban pánico y muerte en las filas del enemigo. Pero en nuestro texto lírico nacional no se hace una oda al cañón, sino lo contrario cuando se dice:  “¡Salve a ti, Nicaragua! En tu suelo ya no ruge la voz del cañón,  ni se tiñe con sangre de hermanos tu glorioso pendón bicolor”. A lo largo y ancho del territorio de Nicaragua, en museos, parques, fortalezas, muelles y plazas, aquellas poderosas bocas de fuego  que tronaron en memorables batallas, hoy solo quedan como muestra de un pasado del que hay que aprender para no volver a escuchar  el rugir de los cañones.  Aquellas  viejas piezas de artillería expuestas al aire libre, siglos después nos cuentan la historia del país en algunos detalles, como la fecha  grabada al momento de su fundición, el nombre de la pieza, el emblema de la corona del reinado o de la flota marítima que la llevaba. 

En la actualidad, la mayoría de cañones de la época colonial  forma parte de los atractivos turísticos de varias ciudades o, al menos, los usan como elementos decorativos, porque lamentablemente no todos tienen información alguna sobre su procedencia, año de fundición, ni historia de su participación en actividades bélicas. A continuación, una pequeña galería de cañones coloniales en Nicaragua.

El Castillo.

Una de las baterías de cañones que más protagonismo tuvo en la historia de la Nicaragua colonial, es la de el Castillo de la Inmaculada Concepción de María, ubicado sobre la rivera del Río San Juan, donde  la heroína Rafaela Herrera, tea en mano, defendió a cañonazos la fortaleza ante una fuerza expedicionaria inglesa que pretendía alcanzar la ciudad de Granada para saquearla. De los cañones originales, solo quedan unos cuantos en el museo del mismo castillo y otros como el de la foto.

Granada:

Ubicado en la Plaza de la Independencia, este viejo cañón carcomido por la intemperie, es   un elemento decorativo que tiene de fondo  una muestra del barroco y neoclásico  de su arquitectura colonial. Su imagen figura en casi todas las selfis que se toman cientos de turistas nacionales y extranjeros que visitan la ciudad de Granada.

Corinto, Chinandega.

Es el cañón de la época colonial más grande que existe en Nicaragua y está ubicado en el parque central de la ciudad de Corinto, Chinandega. Por su fino decorado, se estima que perteneció a una batería de artillería  importante que llegó por el puerto de El Realejo en plena época colonial.  Las dos orejas en el centro  eran para facilitar su traslado en barcos.

El Fuertecito, Isletas de Granada.

Tras siete años de trabajo,  en 1790 fue construida en  una de las isletas de Granada la Fortaleza de San Pablo, con una batería de cañones que tenía la misión de resguardar a la ciudad de los ataques de piratas que remontaban el río San Juan y cruzaban el Gran Lago para atacar y saquear esta metrópolis. Esta construcción militar colonial está ubicada a unos 4 kilómetros de la ciudad y se puede visitar saliendo del muelle ubicado al fondo de la calle del malecón  o viajando en una lanchita de las que están a la orilla de la costa.  

Cañón de Rivas.

Esta pieza móvil de artillería,  está ubicada  en la entrada a la antigua casa hacienda de cacao Santa Úrsula, que hoy forma el Museo de Antropología e Historia de Rivas. Está  ubicada a escasa media cuadra del famoso Mesón, donde en 1855, en plena guerra nacional, el filibustero norteamericano William Walker se refugió con sus huestes y fue expulsado cuando el profesor Emmanuel Mongalo le pegó fuego a la guarida del aventurero. Sin embargo, esto no evitó que, un año después, Walker se proclamara presidente de Nicaragua. Este cañón es un importante atractivo turístico del museo de esta ciudad.

El Cañón de Montoya.

Este es uno de los cañones más conocidos de Nicaragua, principalmente por los capitalinos que lo tienen como referencia a la hora de dar direcciones. Este monumento muestra a un campesino devenido en  soldado, descalzo, con un fusil en su mano izquierda y con la otra señalando hacia el norte. La historia dice que representa a Ramón Montoya, el niño-héroe de 14 años  caído en combate en la batalla de Namacigüe, que se desarrolló entre el 17 y 23 de Marzo de 1907 entre los ejércitos combinados de Honduras y El Salvador contra Nicaragua, donde las tropas nicas salieron victoriosas.

También existen cañones antiguos en otras ciudades, como Laguna de Perlas, San Carlos en Río San Juan, Ocotal en Nueva Segovia, Bluefields y otros lugares.

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