18 de septiembre de 2011 | 00:00:00


La evolución de nuestro cerebro le ha llevado a desarrollar algunas características muy peculiares, pero esenciales

Neurólogo-Psiquiatra

¿Nuestro Cerebro Nos Engaña?


* Este órgano es capaz de suplir información que le falta, recurriendo a la fantasía y a la confabulación con tal de asegurar la supervivencia.

Dr. Francisco Javier Martínez Dearreaza | Fama

¿Nuestro Cerebro Nos Engaña?


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¡Por supuesto! Nuestro cerebro nos engaña, finge, adultera y falsifica, pero es una función importantísima  porque lo hace para sobrevivir. Eso explica que nuestra memoria no sea algo de lo que hay que fiarse mucho, ya que lejos de funcionar como una cámara fotográfica, muchas veces para forjar un recuerdo coherente, lo que hace es rellenar los huecos con contenidos ficticios. En definitiva nos miente, aunque tiene dos razones para hacerlo:

La primera es su empecinamiento en sobrevivir a toda costa. Ese es su fin último y no para de buscar la verdad. El cerebro es un dispositivo fruto de la selección natural y dedicada al servicio de un organismo vivo, y la meta de todo organismo vivo a lo largo de la evolución ha sido la supervivencia.

Este órgano es capaz de suplir informaciones que le falta recurriendo a la fantasía y a la confabulación con tal de asegurar esa supervivencia.

Al dualismo cartesiano que implica la existencia de una mente separada del cerebro se le responde hoy con que “la mente es un producto del funcionamiento del cerebro, afirmación que cada vez tiene más fuerza por los resultados del estudio de lesiones cerebrales que afectan la mente y el de la acción de las drogas que ingeridas, tienen un claro efecto sobre las funciones mentales.

Esa actitud nos lleva a asumir que la mente es un producto de la función cerebral, tiene una historia, una evolución, lo cual significa que en las especies que nos han precedido existen estructuras y funciones precursoras de las nuestras.

Si partiéramos en dos un cerebro de plástico, empezaríamos a ver algunas de las estructuras imprescindibles para el ser humano en la formación de la memoria. La más conocida es el hipocampo que es necesaria para las primeras fases de la memoria; si esta estructura resulta destruida -por algún fallo cerebral o a consecuencia de un accidente o algo así- se pierde la capacidad de construir nuevos recuerdos. En la enfermedad de Alzheimer, las células nerviosas de esta región del cerebro se encuentran entre las primeras células nerviosas que mueren por causa de la enfermedad, y esta es la razón por la que creemos que a las personas que empiezan a padecer de Alzheimer les resulta muy difícil recordar cosas nuevas; después mueren otras células y la situación va empeorando.

Hay personas que a consecuencia de intervenciones médicas se les ha destruido el hipocampo, tal es el famoso caso del paciente al que se conoce solo por las iniciales H.M. En los años 50 del siglo XX, y en la actualidad aún vive. Su hipocampo quedó destruido por una de estas intervenciones médicas. En aquel entonces él era un joven de unos 20 años y hoy conserva todos los recuerdos hasta el momento justo en que su hipocampo quedó destruido. Curiosamente si se le pregunta qué edad tiene, responde 20 años, reconoce y conversa con la limitante de que no puede almacenar nuevos recuerdos.

La segunda razón, se trata se trata de uno de los grandes descubrimientos de finales del siglo XX, como es la confirmación de que nuestra vida está programada por el inconsciente. Hasta ahora creíamos que los procesos automáticos se referían solo a los hechos básicos de respirar, la digestión, la sudoración, procesos inconscientes que funcionan muy bien; de hecho, mejor que las decisiones conscientes que tomamos.

Se ha descubierto que cuando una persona resuelve irse a la cama con alguien, viajar o cambiar de trabajo, su cerebro lo ha resuelto diez segundos antes de la decisión que la persona cree haber tomado.

El valor de las apariencias

¿Le ha sucedido alguna vez, el notar que la luna tiene un tamaño inusualmente grande? Esto tiende a suceder cuando está en el mar y ve salir la luna llena en el horizonte lejano.

A medida que va saliendo se va haciendo más evidente ¡Un hecho bastante extraño! Esta luna es inmensa, mucho más grande que cualquiera otra luna que haya visto. Los cráteres lunares se miran perfectamente y pareciera como si fuese a echarse encima engullendo a la tierra.

Si toma una foto de esta inmensa luna y luego la visualiza, probablemente quedara estupefacto al contemplar que la de la foto no tiene nada que ver con la que había contemplado solo unos minutos antes: esta es mucho más pequeña y su aspecto era el de siempre ¿Qué ha pasado? Esta experiencia se conoce como la ilusión de la gran luna llena y como ya habrá podido intuir se trata de una ilusión creada por el cerebro, una prueba más de que este órgano nos engaña.

El cerebro crea la realidad

“Si nos estimulan la corteza parietal derecha con un electrodo (mientras estamos despiertos y conscientes, por un instante parecerá que flotamos cerca del techo y veremos nuestro cuerpo abajo) describe el prestigioso neurocientífico V.S. Ramachandran.

La experiencia de abandonar el propio cuerpo no solo está asociada con las vivencias cercanas a la muerte; el consumo de algunas drogas como la ketamina o situaciones extremas como la que viven los pilotos de caza, también han sido recreadas en el laboratorio. La clave está en estimular una zona concreta del hemisferio derecho del cerebro conocida como giro angular.

James Whinnery, un cirujano de la Marina estadounidense,  desde los años 70 realiza pruebas con pilotos de caza. Para ello utiliza una centrífuga con un brazo de 15 metros  y una pequeña cabina que gira a toda velocidad y simula la fuerza “G” que tienen que soportar los pilotos durante el vuelo.

En los últimos veinte años, Whinnery ha sometido a la prueba a más de 500 pilotos para estudiar el fenómeno conocido como “black out”. En el momento en que el cerebro de los pilotos empieza a quedarse sin oxígeno se produce la visión de túnel y termina perdiendo el conocimiento. De los 500 pilotos, al menos 40 vivieron la experiencia de salir de su propio cuerpo, y algunos relatan experiencias cercanas a la muerte.

Durante las pruebas los pilotos han llegado a alcanzar hasta 12G por unos instantes, cerca del límite que les provocaría la muerte. Cada desmayo dura un promedio de entre 12 y 24 segundos, y los pilotos relatan experiencias parecidas a las que otros compañeros han vivido alguna vez en vuelo: verse fuera del avión, sentado en el ala, o colocados justo encima de la cabina mientras se ven a sí mismos desde arriba. Entre el 10 y el 15 % relatan experiencias similares a las cercanas a la muerte, con característica luz al final de un túnel.

La evolución de nuestro cerebro le ha llevado a desarrollar algunas características muy peculiares pero esenciales para nuestra supervivencia. Por un lado, tiende a recopilar los fragmentos de información y a completar huecos, y por otro, es especialmente bueno en el reconocimiento de caras. Éstas y otras características explican un fenómeno conocido como “pareidolia”, el que lleva a algunas personas a distinguir la cara de un santo en las humedades del techo o los ojos y la boca del hombre en la luna. Es decir, vemos patrones reconocibles donde solo hay estímulos al azar.

Nuestra capacidad para juntar información e interpretarla puede habernos proporcionado una ventaja evolutiva. Para explicarlo, siempre se pone el ejemplo del hombre primitivo que ve varias manchas amarillas tras un matorral y cuyo cerebro decide interpretar que detrás hay un tigre. La capacidad para reconocer caras frente a cualquier otra disposición geométrica en el espacio, se ha comprobado sistemáticamente en los bebés y tiene un componente innato.

La Clínica San Francisco ofrece los días jueves consultas a precios reducidos para personas de escasos recursos.

Dr. Francisco Javier Martínez Dearreaza. Universitá degli Studi di Pavia-Italia.

Te invito a leer mi blog: Dearreaza.blogspot.com

Contacto: articulospsiquiatria@hotmail.com

Clínica San Francisco. De donde fue Camas Luna de Montoya 90 varas arriba.

Teléfonos: 2222-2494. Cel. 8877-1894


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