20 de julio de 2012 | 00:01:00


Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni

Steven White presenta Arando el aire


Una hermosa metáfora hija de Salvador Cardenal da título a la nueva obra del escritor estadounidense Steven White: Arando el aire

Por Letzira Sevilla Bolaños | Fama

Steven White presenta Arando el aire
Steven White.


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En enero de 2012, White cumplió 33 años de haber llegado a nuestro país y de iniciar un proceso que llama “aprendizaje vivo y dinámico con los poetas de Nicaragua”.

Durante este tiempo ha hecho traducciones y antologías de la poesía nicaragüense, además de que en los últimos años se ha interesado por la ecología, precisamente por la relación entre el medio ambiente y la literatura, que dio como fruto esta obra que según él “tiene como meta destacar la importancia y el conocimiento existente de los poetas de la flora y fauna de su país”.

Asimismo, en una breve conversación destacó la importancia de la serie de reportajes sobre la basura que ha publicado El Nuevo Diario como un esfuerzo loable por crear conciencia medioambiental.

Una aproximación a la obra

El libro inicia con White presentando a Rubén Darío como autor de poemas ecocéntricos y predecesor del ecologismo mediante la personificación de la naturaleza. Cita Reencarnaciones como un poema que describe la relación mutua con la naturaleza por medio de transformaciones chamánicas, habla de la biofilia y plantea la interrogante de si es Darío precursor del eco-cosmopolitismo.

Luego retoma un ensayo de Lynn White Jr., quien propone que el cristianismo es la religión más antropocéntrica del mundo, y solo le reconoce como positiva la figura de San Francisco de Asís, cuyas ideas son la “savia” de muchos poemas de Azarías H. Pallais, que “ desarrolla la inicial y poderosa parábola vegetal con la imagen de un árbol gigantesco en alusión a Francisco de Asís”, y resume su filosofía como reciprocidad y afecto entre el hombre y el mundo, en busca de mayor solidaridad entre las especies.

Para White, Alfonso Cortés no es solo un gran poeta metafísico sino también “un autor con una enorme sabiduría telúrica que utiliza el mundo natural como base para una escritura terapéutica, porque expresa en su poesía el valor psicológico de la biofilia, por eso se identifica con los árboles y el medio ambiente para realizarse en toda su amplitud como ser humano”.

En Salomón de la Selva reconoce que su conciencia botánica nace a veces de momentos de tranquilidad pastoral, pero también de las horrorosas experiencias bélicas y plantea que en ambos casos y en obras posteriores “el poeta intenta establecer una nueva reciprocidad con un mundo natural lejano o cercano en términos temporales y espaciales”.

Al analizar la producción de José Coronel Urtecho, White plantea que advierte en él una tradición romántica mediante la cual se concibe el paisaje americano como una utopía cuya abundancia vegetal produce el bienestar económico para los que tienen el conocimiento y el valor de explotar sus recursos.

De PAC a Gioconda Belli

Para aproximarse a Pablo Antonio Cuadra, el ecocrítico toma como base la importancia de la dimensión ecológica del chamán: “El camino hacia la voz del chamán es a la vez un encuentro y aceptación del pasado indígena que el poeta rechazaba en sus inicios pero que con El jaguar y la luna adopta la máscara del chamán, como punto de equilibrio entre el hombre y el paisaje, para conocer la flora y fauna de Nicaragua”.

Cabe resaltar que nos encontramos con un análisis bastante complejo en torno de Joaquín Pasos, del que propone el estudio de El Gran accidente eco-escatológico en Canto de Guerra de las cosas, obra que considera fruto de una estética apocalíptica derivada de la existencia de la bomba atómica y que refleja cómo el ser humano labra su propio fin como especie.

Y de lo complejo hay un salto a lo particular al inscribir a Carlos Martínez Rivas como fabulista y eco-fenomenólogo en un subtítulo dedicado al análisis del poema “Parte sobre el pájaro llamado Sargento y su estrategia”.

“Claribel Alegría se ha preocupado por imaginarse inmersa en la otredad” –dice-- y cita más adelante el poema Metamorfosis, en el que para White busca establecer un nexo ontológico entre la rosa y el esfuerzo por hacerla florecer en el poema, pero también la asume como una escritora con compromiso ecológico y señala que a veces su aporte consiste en denunciar el estado en que se encuentra el planeta.

“La poesía racional y materialista de Ernesto Cardenal contribuye a crear una conciencia ecológica aguda y valiente, él concibe que existen formas de organizar la sociedad menos dañina para el planeta, intenta procurar la justica medioambiental”, así se podría resumir su visión sobre la producción cardenaliana.

Quizás la menos favorecida por estos ensayos de ecocrítica es Gioconda Belli, a quien White tilda como una escritora que busca “homogeneizar el medio ambiente al abordarlo en términos genéricos como un fondo de paisaje sin tener conocimientos de las cualidades específicas locales ni de sistemas cuyo ámbito abarca lo global. En sus poemas se apropia de la naturaleza de manera antropocéntrica y no posee un lenguaje botánico enriquecedor ni un entendimiento de cómo su amado país pertenece a sistemas y redes mayores que facilitan no solo el intercambio de productos y conocimientos sino que van a producir inundaciones, sequías y huracanes”.

Hasta los trovadores

La obra de Rosario Murillo es vista por el estadounidense como cargada de “un impulso biocéntrico en el que las especies y su interdependencia se manifiestan con claridad y en el que se respeta la biodiversidad del país, logrando inducir el hecho de que todas las entidades constituyen un colectivo en el que se relacionan y dependen unas de otras de forma igualitaria”.

De la leonesa Estela Calderón presenta lo que ha dado por llamar una colección de poemas etnobotánicos, “que supone un jardín lingüístico con decenas de especies de plantas, las plantas y su utilización de una manera tanto figurativa como literal. Según el autor, Calderón lucha contra el analfabetismo ecológico denunciando la carencia en el conocimiento de la biodiversidad. También crea la simetría entre ecología y erotismo”.

Poetas de la Costa Caribe es un compendio en el que habla de Wani como una revista que para él supera el etnocentrismo y el racismo en Nicaragua, así como de Poesía ecológica en lengua miskita, el Palo de Mayo, el medio ambiente en la poesía en inglés criollo, la construcción masculina de la mujer y la naturaleza, y dos textos de Carlos Rigby.

Cierra su libro con Los trovadores de la música popular nicaragüense: Justo Santos, Camilo Zapata, Erwin Krüger, Carlos Mejía Godoy, “El Guadalupano”, Luis Enrique Mejía Godoy y el mayor impulsor de la ecología Salvador Cardenal, q.e.p.d.

Sin temor a dudas, una obra trabajada a conciencia, sustentada en las teorías de importantes estudiosos de diversas corrientes y una nueva visión de las obras de todos los artistas estudiados.

 


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