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A lo lejos, rostros multicolores con los ojos bien abiertos y con la boca gritándonos. De cerca, un mundo, un universo, un cosmos que alberga centenares de micromundos. Nombres, rostros, direcciones, situaciones, palabras al azar en inglés, francés y español, todo eso hay dentro de las pinturas de Jean Marc Calvet, de quien el cineasta Dominic Allan nos regala un retrato en el documental Calvet, con el que se inaugurará el Festival Ícaro 2012.

A pesar de la fama de sus obras y de su brillo como pintor, este francés apenas tiene doce años de romance con los pinceles. Ajeno a cualquier escuela, un día untó sus manos de pintura, deslizó los dedos por la pared, salió de un mundo de sombras y sin quererlo, sin buscarlo, llegó hasta la pintura abstracta.

“Era un hombre que se estaba muriendo autocastigado y un día encontró la pintura en un lugar insospechado, empezó a pintar con un dedo en la pared cuando estaba al borde del suicidio. La pintura me devolvió la vida, sin ella estaría muerto. Yo hacía todo para morir, apenas estaba pesando 80 libras. Desde ese día pinto diario 10 o 12 horas, esto me ha dado una estabilidad emocional grande”, sostuvo Calvet.

Granada puso punto final a una peregrinación que un hombre sin rumbo y sin horizonte, empezó en Costa Rica, siguió en Guatemala, donde se enamoró de Ciudad Antigua, pero estando ahí le hablaron de La Gran Sultana como un sitio bello y más tranquilo. Y en busca de esa tranquilidad, rentó un camión, montó sus cosas y se vino junto a Sam, su amada mascota: “Cuando llegué a Granada supe que aquí quería vivir y que aquí quiero morir”.

Un pintor nicaragüense

Aunque el acento y la fisonomía lo revelan como francés, Jean Marc se siente nuestro, se nos revela no como un pintor francés que vive en Nicaragua sino como un pintor nicaragüense que nació en Francia.

“Me siento más nicaragüense que francés, en mi pintura no hay ninguna vaca de Normandía, pinto los temas nicas a mi manera, que es bastante urbana, mi estilo no es figuración libre pero encontré el primitivismo libre en el sentido de que hago estos pequeños personajes”, afirmó. Y respecto de su estilo, es meritorio destacar que habla acerca de la figuración libre como algo de lo que hay reminiscencias en su trabajo, no obstante, reconoce su encuentro con el primitivismo nicaragüense como el motor que hizo que cambiara su pintura abstracta de las manchas de colores por los pequeñitos personajes que con paciencia crea y recrea.

“A mucha gente le gusta mi pintura, aunque otros no la entienden, sin embargo, puedo decir que en esas caras hay cientos de personajes que hablan, que se gritan, que ven TV, que hacen el amor, y todas esas cosas son las que a diario hace el ser humano.

Son rostros de una persona que en sí lleva un poco de vos, de mí, del vecino, del que vende la fritanga, porque estamos full de detalles los seres humanos, llenos de recuerdos, de experiencias, si quitas todos los detalles de tu vida eres transparente, los míos son personajes sin piel que adentro llevan todas estas historias”, reveló en su taller lleno de bocetos, de obras terminadas, de esculturas olvidadas y de inscripciones en la pared.

¿Por qué pinta perros?

En la pared blanca del fondo, sobresale una pintura cuyo protagonista es un perro que también está lleno de miniaturas semejantes a las que coloca en los rostros. Y al verla con detenimiento descubro que hay nombres de personas ahí, y Jean Marc me explica que siempre coloca los nombres de las personas con las que estuvo en contacto mientras pintaba el cuadro, así que el mío y el del fotógrafo estarán en el que tiene colocado en el caballete.

Y tras revelar quiénes eran las personas mencionadas en el cuadro ante la pregunta de por qué pinta perros respondió: “Porque el mío se murió, puede parecer tonto, pero fue mi mejor amigo y está enterrado aquí. Sam vivió conmigo 9 años, estaba al inicio de mi pintura, me esperó cuando me fui a la clínica, no comía cuando yo no lo hacía, yo pintaba hasta cuando estaba acostado conmigo”.

Jean Marc cada año hace una pintura de Sam y la que está en su estudio es la tercera. La primera está con un coleccionista colombiano que vive en Miami y la segunda forma parte de una galería de Miami.

“La pintura es como una máquina del tiempo, él está aquí siempre conmigo, el nuestro fue un amor de verdad y hubo una conexión increíble con él. Cuando se murió fue muy duro porque él siempre que me veía triste me abrazaba, era como un niño”, refirió con evidente nostalgia.

La explosión de los colores

Jean Marc Calvet reconoce que en su vida como pintor todo ha sucedido muy rápido. Así, cuando apenas tenía cuatro años pintando llegó a exponer en New York, además, su estilo lo ha llevado a varias colecciones privadas y a museos de New York, Miami y Francia.

“La pintura me enseñó con el tiempo que la mejor manera de cambiar el mundo es cambiar uno mismo. A diario yo aprendo porque cuando pasas tanto tiempo pintando solo en un lugar al final no estás solo sino con tu pasado y tu presente que se mezclan y te llevan a reflexionar sobre lo que pasa en tu vida. La pintura es un medio para comprenderme y después comprender y compartir con los demás”.

Por otro lado, dice que no conoce nada de pintura y ahora tiene hambre de arte, “quiero ir a los museos y conocer, nunca estudié y nadie me enseñó a pintar, creo que es la mejor manera de encontrar puertas nuevas, yo no puedo dibujar ni pintar de todo sino solo mi alfabeto de colores propio, es lo que tengo para poder compartir y hablar con la gente de todo”. Y ratifica que sus cuadros son multicolores porque la violencia es colorida, “lo malo tiene color, es equivocado pensar que lo negativo es negro porque en realidad no es así”.

Calvet, el documental

En el año 2004 Jean Marc Calvet conoció a Dominic Allan, y en 2006 recibió una llamada de él para proponerle la realización de un largometraje sobre los hechos que han marcado su vida. Seis años después, el documental ya ha estado en festivales en Miami, Toronto, New York e Italia, y hasta ya ganó un premio en Guatemala.

“La película habla de la disfunción humana, de cuando nos refugiamos tras un muro en el que aparentamos estar bien pero por dentro estamos quebrados y no nos recuperamos porque la sociedad va tan rápido que no te deja tiempo para encontrar las piezas del rompecabezas que te hacen falta, hasta que llegas a la depresión y a morir.

Muchas cosas que me pasaron en mi vida casi me matan, porque no quería decir a nadie lo que me pasó cuando estaba niño, porque fueron cosas feas que me daban vergüenza y que me estaban destruyendo, mi pintura y la película tienen como trasfondo que dejara de guardar todo eso, que tenía que hablar para que mi mundo cambiara. Hasta los 36 años me quedé con la boca cerrada pero con la pintura estoy más cerca de ser yo, me ha hecho tan bien y creo que puede ser buena para otros seres humanos”, compartió este hombre que tras romper el silencio ha encontrado un norte y superado esas vivencias que no reveló en la entrevista porque quiere que las conozcamos en la película.

Este francés y su trabajo ya han representado a Nicaragua en las Bienales de Arte centroamericanas y a través del documental ha proyectado Granada como la cuna de su estilo, pero más allá de eso ha dado un ejemplo de esperanza y un motivo para creer que se puede romper con lo que nos ata al dolor, pues de sentirse nada ha pasado a la ansiada estabilidad emocional que le permitió conformar una familia junto a su esposa y sus dos hijas.

La proyección será el miércoles 15 de agosto a las 7:00 de la noche, previa invitación, aunque adelantó que en diciembre se proyectará para el público en las carteleras cinematográficas.

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