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  • ACAN-EFE

El equipo de la película "Everest", una superproducción de alta montaña basada en hechos reales, recordó hoy en Los Ángeles su experiencia en ese duro rodaje en altura con temperaturas extremas, donde primó el realismo frente a los clichés de la industria del cine.

El filme, que abre la Mostra de Venecia el próximo 2 de septiembre, revive la trágica expedición a la cumbre más alta del planeta (monte Everest, 8.848 metros) de un grupo de montañeros aficionados que hicieron cima el 10 de mayo de 1996 y fueron sorprendidos en el descenso por una terrible tormenta.

Ocho de las personas que intentaron aquel ascenso perecieron, incluidos los dos guías principales, Rob Hall y Scott Fischer. Fue el peor balance de muertes registrados en un solo día en el Everest.

La historia fue inmortalizada en varios libros escritos por algunos de los supervivientes ("Into Thin Air", Jon Krakauer; "Left for Dead: My Journey Home From Everest", Beck Weathers) y adaptada a la gran pantalla (disponible en formato IMAX y 3D) por Universal Pictures.

El estudio contrató al cineasta islandés Baltasar Kormákur ("2 Guns") quien se propuso hacer una película que capturara la esencia del drama, -el "Titanic" del montañismo- sin caer en "esas mierdas de Hollywood", en palabras del actor Josh Brolin ("W."), que en el filme encarnó a Weathers, un tejano que escapa de la depresión trepando cumbres.

Además de Brolin, Kormákur logró sumar al proyecto a Jake Gyllenhaal, Jason Clarke, Emily Watson, John Hawkes, Robin Wright, Sam Worthington, Keira Knightley y Michael Kelly, un reparto estelar para una obra coral donde el principal protagonista es la montaña.

"Fue un viaje descomunal de gente muriéndose y queriendo vivir en unos lugares extraordinariamente inhóspitos", comentó Clarke ("Terminator Genisys"), que se puso en la piel de Hall.

"Es una película en la que la madre naturaleza gana", apuntó Gyllenhaal ("Nightcrawler"), que hace de Fischer.

En pos del realismo y de llevar a la audiencia a un lugar donde la mayoría nunca irá en su vida, según reflexionó el realizador, se planteó una filmación en condiciones precarias para los estándares de Hollywood, un factor que lejos de asustar al reparto, fue un aliciente.

"(Baltasar) nos prometió que íbamos a estar en los elementos, que estaríamos legítimamente helados y asustados. No hay nada más divertido para mí que ponerme en una situación que se siente lo más real posible", explicó Gyllenhaal quien confía en que sus penurias se transmitan al espectador.

"Creo en la experiencia inconsciente de la película", indicó el actor. "Everest" se filmó entre Nepal, Italia y Reino Unido. Los intérpretes rodaron a más de 4.800 metros de altura por la cordillera del Himalaya, si bien las secuencias de aproximación al Everest se grabaron en el glaciar Senales en los Alpes, donde el equipo sufrió una de las nevadas más intensas registradas en la zona.

A pesar de ser una producción de Hollywood, las estrellas tuvieron no solo que aclimatarse a la altura y a las caminatas, también a la falta de comodidades.

El agua se helaba, no había calefacción y usaban mantas eléctricas para dormir. Tampoco había asistentes y cada actor tenía que llevar su propio equipo.

Las temperaturas en rodaje llegaron a caer hasta los menos 30 grados centígrados. "Nuestros peores momentos puede que fueran (solo) un 25 % de lo que ellos (los escaladores reales) experimentaron en la realidad", manifestó Gyllenhaal, mientras que Brolin recordó que el castigo físico no finalizó al abandonar las montañas.

En los Pinewood Studios en Londres se recrearon las secuencias de coronación del Everest y otras escenas dramáticas, para las que se simuló la ventisca de nieve con sal que era arrojada contra los actores a cerca de 200 kilómetros por hora.

"Espero que haya quedado bien en el filme porque (el malestar) estaba ahí seguro", afirmó Brolin, a lo que Kormákur respondió que "un actor feliz no es un buen actor".

Aunque épica en sus dimensiones, "Everest" da poco oxígeno al espectador que ve cómo poco a poco las posibilidades de un desenlace que reconforte ante tanto suplicio caen por un precipicio de desesperanzas.

"Estoy seguro de que la gente querría un final más heroico, pero esa no es la película", admitió Kormákur.

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