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Un fundido encadenado que permitió la transición del escenario completamente a oscuras a una imagen tenue en la que un gigantesco árbol de Navidad servía como punto de fuga que concentró la atención de los personajes que uno a uno fueron apareciendo, marcó el inicio de la obra “El Cascanueces”, representada por el Ballet de Moscú sobre Hielo.

El escenario de la Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío estaba más gélido que nunca. 50 metros cuadrados de hielo fueron el pasaporte a la fantasía en la que el público quedó sumergido con la destreza y calidad artística de los bailarines.

La presentación se desarrolló en dos actos. En la primera parte, el público disfrutó de la historia pura del cascanueces, el muñeco de madera obsequiado en Nochebuena a una niña y que logra cobrar vida y convertirse en un apuesto príncipe.

Hadas, magos, monarcas de las nieves y hasta ratones de tres cabezas dieron vida al argumento del clásico cuento de Navidad original de Ernst Hoffmann y al que Chaikovski puso música.

Magia

¿Cómo lo hacen? Esa es la pregunta que empezó a martillar  la mente de los presentes en la sala justo desde que empezó el segundo acto, pues si en el primero habían quedado atónitos con la sublimidad de las danzas sobre las afiladas cuchillas de acero, en este fueron engullidos por completo por el factor sorpresa.

Solos, dúos y danzas colectivas en las que la magia tenía el rol primordial y las acrobacias fueron el plato fuerte que arrancó los ayes del público que imprimieron el sello a esta parte. 

Una patinadora sobre cuchillas gigantes, un mago que cambia los vestidos de su pareja de baile frente al público, un acróbata capaz de girar con la velocidad de un tornado, balletistas sobre cuchillas saltando hasta dos cuerdas y una joven que mueve hasta 20 ruedas de ula ula a la vez son la dosis perfecta para dejar estupefacto aún al más incrédulo.

Entre danzas y acrobacias el espectáculo completó sus dos horas previstas y no podía terminar de otra forma: el público de pie, aplaudiendo y dando vivas a los rusos que los catapultó a la magia.

Pero ese no fue el final. Lo mejor vino después, cuando el público infantil abandonaba la Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío, deslizándose sobre sus zapatos, emulando la trayectoria de los baletistas sobre el hielo.

Y para quienes disfrutan el patinaje sobre hielo, aún hay tiempo para disfrutar del espectáculo único con patinadores artísticos que han estado en olimpiadas y que harán su última presentación en Nicaragua, hoy a las 7:00 de la noche.     

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