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Amarse a sí mismo no es una manifestación banal de narcisismo, sino una necesidad del ser humano. Hay quienes dicen que es imposible evitarlo, sobre todo cuando la existencia transcurre en medio de condiciones psíquicas estables.

A pesar de estos puntos de vista, algunos son incapaces de amarse. No porque les importe poco su existencia material, sino porque no comprenden el significado de del concepto. Amarse a sí mismo es dar al cuerpo, la mente y el espíritu lo que reclaman y merecen.

Según Osho, “la naturaleza se encarga de muchas acciones vitales del cuerpo”, pero es injusto dejarla sola en tal empeño. No se equivoca el gran pensador indio: abandonar a la naturaleza, en las funciones esenciales que redime, nos convierte en seres débiles y desagradecidos. Y un ser así no resiste los embates de la vida, porque no conoce el amor por sí mismo, ni por los demás.

Autoamarse es saber escuchar al cuerpo, obedecerlo, consentirlo, brindarle la atención que merece y ponerlo en línea con la mente, para lograr el “equilibrio ineludible”. Cuando el cuerpo y la mente entran en línea, cuando trabajan en conjunto y se apoyan mutuamente, el espíritu se fortalece.

El cuerpo y la mente se alinean cuando esta última reacciona de acuerdo con las necesidades del primero. Por ejemplo, cuando el cuerpo habla y nos dice “algo me duele”, la mente ha de motivarse y, ante todo, atender el malestar. Cuando el cuerpo nos indica “tengo sed”, la mente se pone en función de buscar agua.

Sin embargo, si tenemos hambre y seguimos sumergidos en otra cosa, sin proporcionarnos sustento alimentario, somos víctimas de un desequilibrio nocivo. Mente y cuerpo marchan entonces por caminos diferentes, nos convierten en seres débiles, física y espiritualmente.

Hoy día está muy de moda el interés por la  perfección corporal. Los gimnasios y las clínicas estéticas están casi siempre llenos. Sin embargo, lamentablemente, las librerías y las bibliotecas languidecen.

Cuando digo que amarse a sí mismo no es una manifestación banal de narcisismo, lo hago porque ese amor ha de llevar implícito no solo presencia física, sino también salud, cultivo del intelecto, destreza de la mente y amurallamiento del espíritu.

www.IsmaelCala.com

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