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  • ACAN-EFE

Las rejas de una cárcel de Nicaragua se abren y un grupo de reos se prepara para iniciar sus clases de teatro, que les sirven, al igual que a su maestro, de escape a sus problemas y como superación personal.

Tras el estridente sonido de las verjas al abrirse y cerrarse, se llega a una sala al aire libre, pero rodeada de altos muros, donde se aprecia algo parecido a un patio de colegio, y allí inician las clases los inculpados.

Los reos, con las clases de teatro, han sentido que las penitenciarías dejaron de ser un lugar implantado únicamente para la condena y se ha convertido ahora en un establecimiento para sobrellevar sus conflictos emocionales y sociales.

Imparten clases en penal de León

Un par de veces a la semana y por unas seis horas, Mick Rolling Sarria, un hombre de unos 35 años, de piel morena y vestimenta sencilla, acude al Sistema Penitenciario de León, a 90 kilómetros al noroeste de Managua, para entrenar a sus particulares alumnos de teatro.

"Estoy convencido que el teatro tiene su magia aunque no va a cambiar el mundo. El teatro no va a cambiar la realidad, pero creo que sí nos da la posibilidad de crear nuevos mundos", cuenta a Acan-Efe Sarria, añadiendo que parte de su vida ha girado únicamente en torno al teatro.

El maestro comparte su vocación con los reclusos desde el 2009, pero hace teatro desde 1992, cuando empezó con sus padres quienes prometían, a futuro, un proyecto artístico, que sucumbió en el 2002 al fragmentarse el matrimonio.

Proyecto artístico

Sarria, al no poder asumir emocionalmente la situación del divorcio decidió viajar a Europa a cursar talleres de teatro, donde encontró a un grupo de artistas chilenos que enseñaban a reclusos de diferentes centros penitenciarios de ese país.

La labor de ese grupo chileno sirvió al nicaragüense para inspirarse en hacer algo similar, por lo que decidió retornar a su país natal para enseñar a los reclusos lo que había aprendido.

"La cárcel es el espacio que necesito, me sirvió para empezar a trabajar y entender mi propio dolor, restaurar mi sensibilidad, escuchar historias que se necesitan escuchar", explica Sarria.

El artista, desde hace más de seis años ha impartido clases de teatro a unos 50 reclusos que cumplen o cumplieron sus condenas por diferentes delitos en el Sistema Penitenciario Regional de Waswalí, Matagalpa, a 130 kilómetros al norte de Managua, y en la Cárcel Modelo de Tipitapa, a 22 kilómetros al norte de la capital.

Clases para reos, sin fines de lucro

Actualmente, enseña teatro en su natal León a un reducido grupo de reos que forman parte de los proyectos que administra la dirección de Asuntos Juveniles de la Policía Nacional, donde a Sarria se le permitió impartir sus clases sin fines de lucro.

La estrategia es mostrarles a los presos su trabajo y pasar un proceso metodológico para construir conocimientos, dar "belleza al pensamiento" y trabajar el encierro del cuerpo.

Antes de formar parte del grupo de teatro, los reclusos, en su mayoría jóvenes, tuvieron que pasar por un proceso para determinar si merecían formar parte de las actividades recreativas que ofrecen las autoridades carcelarias.

Sarria junto a sus más de cuatro docenas de alumnos a lo largo de los años han podido presentar en los penales, ante público en general de diversas zonas del país, e incluso en el Teatro Nacional Rubén Darío en Managua, unas tres obras.

Explica que llevar al público una obra teatral es todo un proceso de inserción y sin los recursos suficientes se torna más complicado.

De acuerdo con el maestro, sus alumnos ahora se sienten con más curiosidad, soltura y la intimidad de confiarle lo que les ha tocado vivir fuera y dentro de la prisión.

Nicaragua tiene bajo cárcel a unos 10,000 reos, los que viven en condiciones de hacinamiento, de acuerdo con el Ministerio de Gobernación.

 

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