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Carolina de Mónaco acepta con orgullo el paso del tiempo, sin caer en la tiranía del bisturí y de los retoques. Icono de estilo y elegancia en las últimas cuatro décadas, la hermana mayor del actual Príncipe de Mónaco, Alberto II, abandera un estilo juvenil, elegante y coqueto que la convierte en la abuela más bella y glamurosa de la realeza del siglo XXI.

Educada para ser reina, sin serlo, Carolina de Mónaco es consciente de las obligaciones que exige el Principado y ha retomado su agenda oficial que incluye actos humanitarios, cenas solidarias y bailes de gala, eventos que requieren un nutrido y actual fondo de armario.

A lo largo de su vida, ajena a las estridencias y exageraciones, Carolina de Mónaco ha creado su propio estilo, sobrio y clásico, orquestado bajo la batuta de la sencillez. Su diseñador fetiche: Karl Lagerfeld, su gran amigo.

Siempre acompañada por el adjetivo elegante, Carolina de Mónaco ha destacado por su porte refinado y “chic”, siguiendo la estela de su madre, la actriz Grace Kelly, una belleza mítica e irrepetible, que abandonó los estudios de Hollywood deslumbrada por el amor de un príncipe europeo.

Madre e hija, en la década de los setenta se caracterizaron por su impecable forma de vestir y su gusto por adaptar las tendencias “hippy” a su personal estilo.

Una abuela con estilo

La recordamos con novios inapropiados, rebelde y con una belleza impresionante, vestida con pantalones de campana, camisas sueltas, zapatos planos y pañuelos anudados en la nuca a modo de pirata.

Contrajo matrimonio con el playboy Philippe Junot en 1978 y dos años más tarde se separó, una ruptura que le llevó a una depresión que le hizo perder su esbelta figura. Tras pasar una temporada estudiando en Inglaterra, Carolina de Mónaco retoma la vida social y se convierte en la novia de Europa, un icono de belleza y glamur para todo el mundo.

Conoció al multimillonario Stéfano Casiraghi, con quien se casó en 1983, y tuvo tres hijos: Andrea (1984), Carlota (1986) y Pierre (1987). Pero, un trágico accidente en una carrera de motonáutica, acabó con la vida del italiano en 1990, tragedia que llevó a Carolina a una profunda tristeza que vivió en su retiro de Saint-Rémy-de-Provence, donde con el tiempo mostró un estilo casual, romántico y campesino.

En la década de los noventa fue una de las mujeres más veneradas. Con vaqueros, traje de chaqueta o vestida de gala, Carolina siempre lucía espléndida.

También derrocha estilo con “looks” más casual y deportivos, así como prendas específicas de caza y esquí, deportes que adora y practica habitualmente.

Ninguna tendencia se le resiste y tiene la capacidad de lucir con poderío unos pantalones con camiseta y manoletinas o un sencillo vestido aderezado con un cesto de paja.

Último matrimonio

Su matrimonio con el príncipe Ernesto de Hannover, en 1999, tampoco ha sido un cuento de hadas, por la peculiar y complicada personalidad del aristócrata alemán, una relación que hoy sigue abierta por la hija de ambos, Alejandra, de 16 años.

Sus tres nietos, Sasha e India –fruto de la unión de su hijo mayor Andrea con Tatiana Santo Domingo- y Raphaël –nacido en diciembre de 2013 de la relación de su hija Carlota con el actor y humorista francés Gad Elmaleh-, han descubierto a una abuela moderna y atenta a las necesidades de su familia.

Han pasado los años y, a sus 59 inviernos, Carolina de Mónaco sigue siendo una referencia de estilo y elegancia máxima, que ha transmitido a su hija Carlota.

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