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* Actor, productor artístico e investigador cultural

Blanca Guardado emerge de esa herencia del ritual místico prehispánico, al observar desde su  primigenia e infantil mirada indagadora, a la ancestral Chonita Gutiérrez, dirigiendo un baile de parejas con el sonar de la marimba.  Desde entonces, despertó su conciencia y desplegó un abanico de cargas emotivas, constituyendo en sí misma toda una gama de expresiones, de alteraciones para elevar el espíritu, honrar a la vida y la muerte, regresar al origen emulando el latir del corazón, el latir de la Madre Tierra, el latir de la vida otorgada por los dioses. Tal y como al principio, cuando el ritmo fue la expresión de la vida y, con el paso del tiempo, junto al tambor, los caracoles, las flautas talladas en madera o barro, las voces, las manos y los pies, el cuerpo y la cabeza marcaron el compás para originar la danza, Blanca Guardado cimentó su profunda devoción aprendiendo de otros herederos de nuestro patrimonio danzario como el paso sencillo de Juan Doña; el zapateado mestizo, enigmático y misterioso del 'Baile de Húngaras y de Negras' de René Chavarría y Alfredo Montalván de Masaya; las inditas de Monimbó de Manuel Silva; las Inditas de Diriamba de José del Carmen González; el 'Toro Huaco' de Juan Francisco Rodríguez y los 'Diablos de Nandaime' de Alan Oporta.

Ese monumental acervo selló su compromiso y pasión por la danza, integrando en 1971 el conjunto folclórico de la Universidad Nacional Autónoma  (UNAN-Managua), génesis del histórico Ballet Folklórico Macehuatl, fundado por el maestro Alejandro Cuadra, del cual fue fundadora y primera bailarina. La aprehensión de la técnica moderna, que el maestro Alejandro Cuadra aportó para una nueva visión de la danza como espectáculo, Blanca Guardado la hizo suya, logrando una fusión de lo autóctono con lo moderno, respetando siempre el origen.

De esta manera crea el Taller Experimental de Danza Folklórica Tepenahuatl en el Instituto Nacional de Comercio Manuel Olivares, su más grande proyecto innovador y visionario, en los albores de la Revolución Sandinista, participando de este hermoso fenómeno cultural que significó la revolución para instituir una nueva forma de pensamiento que unió a nuestra Nicaragua multirracial y multilingüe, mestiza, india, negra, mansa y bravía,  alegre y bullanguera, extrovertida y embustera, güegüencera, torera,  marimbera y bochinchera.  

A esta Nicaragua de feria, de chinamos y chinacas, de dulces y cajetas, del zapoyol, almíbar y cusnaca, de huevo chimbo y bizcotela, rosquilla y turrón, gritería y fiesta patronal, pertenece Blanca Guardado.

Esa Nicaragua es la que representa y vive Tepenahuatl, por eso  ahora es Ballet Folklórico de Nicaragua, porque Tepenahuatl es Nicaragua entera bailando  lo  milenario, prehispánico y moderno.  Tepenahuatl son  las iglesias de oro y sombra del barroco americano, es la Nicaragua promesante,  la Nicaragua ahuizotera.  Tepenahuatl es la Nicaragua mitológica, sincrética, mágica y religiosa, pagana y mística, huipilera, enjardinada de bugambilias y calles malincheras. Tenepahuatl es la multiplicidad de la Vaca Chica y sus chicheros en Santo Domingo, son los centauros chontaleños parranderos.

Tepenahuatl es tradición escénica popular, es el teatro y la danza callejera, transposición y esencia de lo autóctono a la espectacularidad. Es la recreación estética de los bailantes tradicionales, es indigenismo y modernismo.

Es fidelidad del folclor trasladado al diseño lúdico de sus coreografías asimétricas  llenas de luz, musicalidad, movimiento espacial, temporal, color, ritmo, cadencia, sonoridad, erotismo y originalidad de nuestra identidad multicultural y multirracial.  Es ritual garífuna, miskito y negro, es palo encintado del mayo lluvioso y fértil en un mismo bloque narrativo práctico y esotérico.

Su crecimiento intelectual es lo que ha permitido trazar su carrera de bailarina, maestra, coreógrafa e investigadora. 

Junto a sus bailarines, sus discípulos,  aquellos jóvenes cruzados por la causa de la alfabetización, estudiantes del Instituto Manuel Olivares, fuertes, enérgicos, alegres, decididos y audaces que, en su aventura observaron las polkas de tierra adentro del mágico norte nicaragüense, para entregarse sagradamente con misticismo al arte de la danza, siguen construyendo el acervo cultural de este pueblo como verdaderos  guardianes de la tradición, porque Tepenahuatl no es una moda efímera, es cultura duradera y perdurable.  Por ello Blanca Guardado y Tepenahuatl son Nicaragua, es recreación del folclor de Nicaragua y seguirán llenando con sus sonidos el ambiente y el aire, creando la atmósfera necesaria de comunión entre lo profano y lo divino.  Seguirán recorriendo y corriendo virtuosos en el aire que llega al oído, llenando los espacios de las plazas y teatros. Elevando la fe y la conciencia, y al mismo tiempo,  materializando el vínculo entre el pueblo y sus deidades.  Rescatando los ricos atavíos que permiten ver plumas de quetzal, piedras preciosas, metales y pieles, que danzan al compás del ejecutante. Seguirán con los cantos y la música, el movimiento y la danza, origen de una de las más bellas tradiciones culturales prehispánicas.

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