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Del comunista que fue de joven al liberal que es hoy. El Nobel peruano Mario Vargas Llosa desgranó este martes en Santiago su metamorfosis ideológica, que pasó de ser un gran defensor de la revolución cubana a un crítico implacable de cualquier totalitarismo.

El escritor se encuentra en Chile para recibir el enésimo doctorado que luce en sus vitrinas, en esta ocasión el de la Universidad Diego Portales, que ha organizado varias actividades para el Nobel de Literatura.

Tanto, que el rector, Carlos Peña, admitió que se trata de una distinción "que nos honra más a nosotros que a él", previo a la conferencia magistral -titulada "De la utopía a la libertad"- con la que el autor de "Conversación en la catedral" desgranó cómo había evolucionado su trayectoria ideológica.

Jalonada por dictaduras militares, su evolución no es muy diferente de la de muchos latinoamericanos de su generación ni de la historia reciente del propio subcontinente, reconoció Vargas Llosa, que acaba de cumplir 80 años, ante una audiencia entregada de académicos y alumnos, a la que no faltó su amigo el expresidente Sebastián Piñera, que acudió recientemente a Madrid a su fiesta de cumpleaños.

De ser en su juventud un "entusiasta" militante de la revolución cubana, "un acontecimiento extraordinario que nos llevó a la ilusión", pasó en pocos años a la decepción y a la crítica feroz tras descubrir que la realidad no se correspondía con la idea de la revolución.

"¿Cómo podía defender a un país donde no podría vivir ni un solo segundo" y donde el líder de la revolución Fidel Castro "no tenía interlocutores, sino oyentes?", contó.

"El totalitarismo viene de la mejor de las ideas: la búsqueda de la perfección en la Tierra. No es solo imposible sino la peor forma de violencia que tiene la humanidad", dijo el excandidato a la presidencia peruana en 1990, que perdió ante el autócrata Alberto Fujimori.

"Soy un liberal"

El punto de inflexión en su trayectoria intelectual tiene dos nombres: los filósofos y teóricos políticos Isaiah Berlin y Karl Popper, dos pensadores liberales que conoció en el Reino Unido de su admirada Margaret Thatcher.

Popper, de origen austriaco, fue "quizá, el descubrimiento que me cambió la vida", en particular la lectura de la "La sociedad abierta y sus enemigos", integrada por dos volúmenes: "El influjo de Platón" y "La pleamar de la profecía", dijo el escritor.

Ardiente defensor de la democracia liberal, Vargas Llosa dijo que esta es "la forma más segura hacia el progreso", aunque no sea capaz de entusiasmar a todos aquellos que buscan el progreso, reconoció.

Y es que "se puede alcanzar la perfección a nivel individual; a nivel colectivo, jamás", aseveró tras dejar claro: "soy un liberal", prototipo del "intelectual público", como recordó el rector de la Diego Portales.

"Todos los intentos de arraigar la utopía sólo nos han traído enormes fracasos", dijo el escritor, cuya relación con la española Isabel Preysler le ha llevado a ocupar últimamente un lugar preponderante en las páginas de la prensa rosa que tanto ha denostado.

Con la excepción de las "dictaduras" de Cuba y Venezuela, los latinoamericanos aceptan, algunos con "entusiasmo y otros con resignación", la democracia, que es el único "camino de la libertad", aseveró.

"Y es que el sueño de la utopía y de la sociedad perfecta ha quedado en los márgenes" y los gobiernos civiles tienen unos consensos -según dijo- que no se habían dado en el pasado de esta convulsa región.

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