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Si en la mayoría de los segmentos la competencia es dura, en el caso de los SUV es aún mayor. La gente, y los fabricantes por ende, apuestan por estos modelos, a los que las marcas les definen como aspiracionales, lo que les ha convertido en moda.

La seguridad que aporta un puesto de conducción elevado, la silueta agresiva que ofrecen, la modularidad interior que presentan similar a la de un monovolumen y la posibilidad de contar con tracción integral, que es lo menos demandado por los clientes, son las principales características de los todocamino.

En el caso de Honda todos esos ingredientes están contenidos en su SUV grande, el CR-V, que por debajo tiene un hermano menor de reciente aparición, el HR-V.

El CR-V que está actualmente a la venta se corresponde con la cuarta generación y presenta cambios notables en el diseño exterior e interior que le hacen más elegante, aunque ese refinamiento le ha hecho perder parte de la imagen de 4x4 duro y cuadradote que ofrecía.

Los cambios más destacados afectan a la parte delantera, en la que la nueva parrilla con unas  ópticas y un paragolpes renovados le hacen parecer más ancho, a lo que contribuye una menor distancia al suelo que en la generación anterior y una placa protectora que le dan un toque más agresivo.

En la vista lateral es donde menos se diferencia una generación de otra, aunque en la actual hay una mayor profusión de elementos cromados que le quieren dar un diseño más moderno y de mayor calidad.

En la trasera el protagonismo es para las luces LED multifunción, que dotan al CR-V de una imagen más trimidensional, según la marca, que ha querido hacer este SUV más dinámico, de ahí el nuevo diseño de las llantas de aleación que pueden ser de 17 y de 18 pulgadas.

Una doble salida de escape iría más en consonancia con el aumento de potencia que se ha aplicado al nuevo propulsor diésel que equipa la unidad probada por Efe.

Motor

Este motor, junto con la caja automática ZF de nueve velocidades, son las dos caballos de batalla con los que Honda quiere aumentar las ventas del CR-V.

El nuevo propulsor diésel i-DTEC de 1.6 litros es un cuatro cilindros con una potencia de 160 CV. Pertenece a la serie Earth Dreams Technology de Honda y tiene la difícil misión de superar al notable 2.2 i-DTEC de 150 CV.

La cruzada que está sufriendo la tecnología diésel ha llevado a Honda, al igual que al resto de fabricantes, a aplicar la tecnología "downsizing (menores cilindradas acompañadas de sobrealimentación para lograr una mayor potencia y un menor consumo) a sus motores. Es el caso de este 1.6 que lleva un nuevo turbo de dos etapas: una se activa a bajas presiones y otra a altas presiones. ¿Cuál es el objetivo? Evitar que el motor pierda fuerza a partir de la banda de las 3,000-4,000 vueltas, que es cuando empiezan a fallecer los diésel, mientras que un gasolina se puede estirar mucho más allá.

El nuevo motor y la nueva transmisión pesan 65 kilogramos menos que el conjunto propulsor anterior.

Además son el aliado perfecto para mover con soltura los casi 1,700 kilos de esta unidad, que puede alcanzar una velocidad máxima de 197 km/h y acelerar de 0 a 100 km/h en 10.4 segundos.

El comportamiento en carretera es muy neutro gracias a un centro de gravedad que ahora es más bajo. La sensación que tiene el conductor al ponerse a los mandos es que tiene un pisar firme, en el que las inercias de la carrocería no son muy apreciables.

El coche transmite seguridad en el paso por curva gracias a una serie de mejoras aplicadas en el chasis. Los pilares han sido rediseñados, incluidos los cojinetes de la nueva suspensión delantera y los amortiguadores.

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