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El auge del teatro en Nicaragua es una realidad. Cada año aumentan los diferentes festivales que se desarrollan en el país, algunos organizados por las universidades o por grupos teatrales. Según Salvador Espinoza, actor con más de 35 años de experiencia y subdirector del Teatro Nacional Rubén Darío, también ha crecido la diversidad de géneros, como lo son: la comedia  “Stand Up”, el teatro popular, narración oral y monólogos.

Espinoza estima que los talleres artísticos en las universidades están brindando la oportunidad para que los jóvenes puedan, además de expresarse, descubrir su talento y aportar a las agrupaciones más profesionales.Un renacer de las artes escénicas se percibe en el ambiente cultural nicaragüense,

Otro fenómeno positivo son las capacitaciones que se brindan en los departamentos, como es el caso del Movimiento  de Teatro Popular Sin Fronteras (en Matagalpa), que hasta el momento ha fundado más de 20 grupos. “Este movimiento  le ha dado otro giro a la actividad teatral al tener esta escuela. Ellos le llaman teatro popular porque pueden hacer teatro en cualquier espacio, una dinámica que enriquece al movimiento teatral en Nicaragua”, reflexionó Espinoza. La comedia “Stand Up”,  que practica la compañía Los Wampiros, dirigidos por Lincoln Castellón,  es otro género  relativamente nuevo, pero con mucho futuro en el país.

"Tenemos varias perspectivas y grupos profesionales como Guachipilín, la Comedia Nacional (que celebró 50 años de existencia en el 2015), la Escuela Teatro Justo Rufino Garay, y otras agrupaciones. Por otro lado, están el movimiento  de narración oral,  otra experiencia y visión de ver el teatro”, menciona.

Los retos son mayores

Alicia Pilarte, actriz y directora del grupo de Teatro Universitario de la Universidad Centroamericana (Teuca), dice que son pocos los grupos que con frecuencia presentan sus obras y escasos los espacios teatrales.

“Son mínimas las presentaciones de teatro nicaragüense, solo el Teatro Justo Rufino Garay mantiene su cartelera, también el Teuca (de la UCA), dentro y fuera de la universidad, el grupo de teatro Las Hijas del Maíz, que llevan su trabajo a espacios alternativos de mujeres, y otras compañías, pero son pocas. El aumento no existe realmente”, subraya Pilarte.

Contrario piensa Pablo Pupiro,  director del Movimiento de Teatro Popular Sin Fronteras, pues señala que las organizaciones no gubernamentales han jugado un papel importante para promover este arte.

“Las universidades son uno de los tantos espacios. El crecimiento también se debe a que las organizaciones que trabajan con diversos temas (medio ambiente, violencia intrafamiliar, niñez, entre otros) han observado que el trabajo del teatro es un elemento importante para cumplir sus objetivos”, indica.

Pupiro, que desarrolla su labor en el norte del país, dice que hay grupos de teatro femeninos en las regiones, los más de 25 grupos de teatro popular y, “sin miedo a equivocarme pienso que habrán unos 50 o 70 agrupaciones que trabajan por su cuenta o coordinados con alguna organización”.

Sin embargo, estima que uno de los principales retos, es el financiamiento y la falta de lugares para llevar estas obras, punto  que coincide Pilarte, quien recomienda a esos sitios “tener más  concesiones, facilidades y que sean accesibles, para que también exista un público”.

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