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Hace solo unos días asistí en Londres a un seminario de negocios con uno de mis mentores y coaches de vida, Anthony Robbins. Allí aprendí y refresqué estrategias para seguir creando experiencias que eleven, transformen y despierten la conciencia social en individuos y empresas.

Pensé que lo más sobresaliente me llegaría del seminario, pero en realidad no fue así. La gran lección de liderazgo la encontré con el cubano Javier Torres, quien baila en la prestigiosa compañía británica Northern Ballet. Antes había sido primer bailarín en el Ballet Nacional de Cuba, bajo la dirección de Alicia Alonso. Tuve la oportunidad de verlo en dos obras. En su virtuosismo y deliciosa entrega, me percaté de cómo el talento, con disciplina y entrega, llega a unos niveles de gracia donde la técnica se invisibiliza y parece sin esfuerzo el ir y venir de las piernas, los brazos y las manos. Han sido meses de ensayo, y muchos años de formación, pero hoy recibe elogiosas críticas de los medios británicos. Viéndolo bailar reflexioné sobre las claves del éxito expuestas en mi libro

"Un buen hijo de P…". Sin su pasión, paciencia y perseverancia, sería otro el que estaría en su lugar. Para danzar en la vida, como hace Javier sobre el escenario, hay que mantener la curiosidad al extremo, sentir pasión por aprender, disciplina para el ensayo riguroso y piel gruesa para convivir con la crítica. El fracaso temporal no es nuestro enemigo, sino un aliado hacia el éxito. No debemos desmayar ante la incertidumbre, sino, por el contrario, abrazarla. En la danza, como en la vida, lo mecánico es la base, pero la psicología de la entrega te convierte en artista, en maestro.

En el ballet cada participante encaja en un maravilloso rompecabezas creativo. El trabajo en equipo no es un lujo, sino una necesidad, igual que en nuestras familias, iglesias, empresas y sociedades.Para los bailarines, el tiempo no pasa inadvertido. Es una carrera que demanda mucho, físicamente hablando, como la de un atleta olímpico. Hay que considerar cuál será la variante tras bajarse del escenario. Javier lo tiene claro: vivir y danzar el ahora, labrar el destino y preparar una estrategia de futuro.

Mi aplauso de pie para el amigo Javier Torres y para todos los que han conseguido sus sueños sobre la base del esfuerzo, el talento y el trabajo en equipo. Y tú, ¿cómo danzas al compás de las circunstancias de la vida?

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