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Cinco mil años de historia de Corea del Sur fueron representados magistralmente la noche del jueves, a través de nueve obras con la esencia de la danza coreana que hicieron de la sala mayor del Teatro Nacional Rubén Darío (TNRD), una máquina del tiempo que pudo brindar al público un derroche cultural con danzas ancestrales coreanas durante los 90 minutos que duró el espectáculo  en el que las bailarinas del grupo Chicago Korean Dance Company, trajeron esta cultura milenaria a los escenarios del país.

La obra nos muestra los cimientos, la raíz y el patrimonio ancestral  del pueblo coreano. La ceremonia fue presidida por la joven nicaragüense Katherine Natasha Dávila Sánchez, quien apropiadamente llevó puesta la vestimenta tradicional coreana, un precioso “hanbok” verde y amarillo y dio a los presentes el saludo tradicional del país oriental. Previo a este acto, las palabras de apertura y agradecimiento fueron expresadas por Ramón Rodríguez, director del Teatro Nacional Rubén Darío, y el embajador de Corea del Sur en Nicaragua Seok-hwa Hong.

El embajador dedicó este impresionante show al príncipe de las letras castellanas, Rubén Darío, en saludo al centenario de su paso a la inmortalidad. También agradeció profundamente la presencia de miembros del cuerpo diplomático y consulado de Corea del Sur, así como a los militares y funcionarios nicaragüenses y a los asistentes en general. Recalcó que el objetivo principal de esta actividad cultural es fortalecer la amistad entre los dos países y dar al público una noche de intercambio cultural.

El grupo de danza Chicago Korean Dance Company fue creado en 2009 con el propósito de formar bailarines jóvenes profesionales y promover la diversidad cultural en el continente. Tanto la directiva, formada por Lee AeDeok, BaikGeeSook y Cho Seo Young, como las 12 bailarinas del show presentado en Nicaragua, son jóvenes y adultos de origen coreano que residen en los Estados Unidos y cada año han presentado esta obra en distintos lugares del país, en esta ocasión, fueron recibidas en Managua y crearon en los asistentes un interés por la cultura coreana.

Sobre el escenario

La apertura de este show fue con la danza “Giwonmu”, y las bailarinas vistieron unos lujosos “hanbok” que combinaron los vistosos colores rojo, amarillo, azul, verde y blanco y adornaron sus cabezas con altas pelucas que representan el estrato social de la reina de la dinastía coreana, la protagonista de este ritual de lluvia que se danzaba en agradecimiento a la buena cosecha, quien también llevaba cubiertas las manos dado que en la antigüedad las mujeres no podían mostrar sus manos ante el rey.

Los presentes, luego, estuvieron ante un acto muy peculiar, la danza “Hwarang” o danza con la espada que originalmente representaba a los personajes de los militares de alto nivel en Corea, se abarca una época en la que, dos de los tres reinos coreanos sostenían conflictos políticos durante los siglos II a VII. Esta danza se llevaba a cabo en conmemoración del sacrificio de un joven que asesinó al rey del bando rival demostrando su habilidad de usar la espada. Luego, el uso de espadas fue extendiéndose a otros países orientales como Japón y China, demostrando la influencia que ha tenido esta cultura de tan amplia trayectoria.

Sin duda, uno de los bailes más entretenidos fue el “Miyalhalmi” o “danza de máscara” que simboliza la protesta de un pueblo escondido tras vistosas máscaras, pero que al mismo tiempo no pierde el sentido del humor y le da un toque romántico y optimista a una situación tan difícil como esta. Se muestra la historia de una esposa que pierde a su esposo e hijos durante la guerra y cuando los busca se lleva una sorpresa inesperada.

Mágico

El impresionante sonido acústico del teatro y la participación del pianista nicaragüense José Contreras y su coterráneo el cellista Manuel Cabrera en su interpretación de la pieza clásica “Nocturno” de Chopin hicieron de “Salpuri” uno de los actos más llamativos, este significa “danza de exorcismo”, fue el protagonizado por AeDeok Lee, directora general y de producción de Chicago Korean Dance Company. Este acto está repleto de las creencias de la cultura coreana relacionados a la mala suerte pero también contiene sentimientos fuertes de crítica al machismo, la vida de vagabundos y la tristeza femenina.

La naturaleza, flores, mariposas, valles y olas del mar fueron expresadas mediante el lenguaje corporal por el grupo de coreanas adultas que danzaron el espectacular baile “Buchaechum”, o baile tradicional de abanicos en el que el color rosa cautivó a los espectadores con el movimiento armónico de los abanicos que hacían las formas de elementos naturales que transmitían un sentimiento de paz con el medio ambiente.

Cuando por fin llegó a escena “Arirang”, una de las últimas obras presentadas en la velada, la cual es la danza más representativa tradicional coreana y fue declarada Patrimonio Cultural por la Unesco en el año 2012, el público pudo empaparse de los sentimientos que las bailarinas se encargaron de transmitir a la perfección.

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