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Cuando tenía 10 años, Shantall Lacayo encontró entre los retazos del atelier de la diseñadora Emperatriz Urroz, un pedazo de tela de lentejuelas que la dejó fascinada. A esa edad esperaba ansiosa los fines de semana para coserle vestidos a sus muñecas y ese retazo fue un gran tesoro.  

Más de 20 años después de ese episodio, Shantall Lacayo se ha convertido en una marca de moda. Actualmente tiene una tienda de ropa en la ciudad de Panamá y ha llevado sus diseños a las pasarelas de eventos internacionales como República Dominicana, Argentina y París.  

Pese a que la diseñadora reconoce que vivir de este negocio es difícil, asegura que Nicaragua cada vez tiene más mercado para ello y potencial para expandirse internacionalmente.  

¿Cómo nació esta idea de convertirte en diseñadora de modas en un país como Nicaragua? 

En realidad yo he sido apasionada por el diseño siempre. Definitivamente creo que el diseño de modas y yo nos enamoramos, así como cuando uno encuentra un amor a primera vista. Yo tendría tal vez unos cinco o seis años cuando en la casa de mi abuela me enseñaron a coser, a partir de ese entonces fue que se volvió un gran motor. Los fines de semana esperaba que llegara el viernes para hacerle los vestidos a las muñecas; el mejor regalo era que te llevaran a La Tijera, donde en ese entonces se vendían retazos.  

Desde ahí arranca la pasión pero fue hasta los 13 años que descubrí que quería ser una diseñadora de modas cuando entré a primer año y una amiga decía que quería ser una fashion designer, y yo pensé ¿qué es una fashion designer? Ahí descubrí que había una carrera de diseño de modas y que podía vivir de eso. 

Antes de diseño de modas, estudiaste otra carrera, ¿no fue esta tu primera opción? 

Yo estudié marketing porque cuando salgo del colegio mi sueño era irme a Nueva York, a Parson`s la escuela de diseño más grande del mundo y obviamente no podía, mi mamá es una mujer soltera, ha tenido que criarme a mí y a mi hermana, así que el sueño se vio frustrado y tuve que replantearme qué quería hacer de mi vida.  

Yo dije: quiero ser diseñadora de modas, pero me dije ¿qué más querés ser? En ese momento me replanteé que quería ser una empresaria. Definitivamente quería tener una marca, mi sueño era ser Chanel, pero que si no lograría llegar a ser Chanel, por lo menos quería ir creciendo en Centroamérica y en Latinoamérica y que Dios y la vida me llevaran hacia donde ellos consideraran que son mis fronteras y mis límites. Decidí estudiar marketing para entender y aprender de herramientas y posicionamiento de mercados, de segmentos, que mi cabeza empezara a funcionar en base a una metodología de negocios. 

¿Cómo empezaste a hacer tu marca? 

Desde que entré a la universidad empecé a trabajar con mi equipo de costureras, nunca renuncié a mi sueño de ser diseñadora. Estaba estudiando marketing pero emprendí mi primer taller. Empecé con una y para cuando terminé la carrera eran cuatro.  

Luego con mis ahorros, vendiendo lo que medio tenía, decido irme a Argentina a estudiar diseño de modas, una tecnicatura en diseño de modas y tecnología textil en la Escuela Argentina de Modas. Eso fue en 2008. Llegar a Argentina fue otro ciclo, llegar y darte contra la puerta. Uno llega con la fantasía de que tenés  una creatividad enorme y que vas a llegar con tu currículo a tocar la primera puerta y que te van a decir: “wow, que niña más talentosa“, y te van a contratar y eso no sucede así de fácil.  

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¿Fue estando en Argentina que surgió la oportunidad de participar en Project Runway? 

Sí y definitivamente después de Project Runway tuve que volver a detenerme y pensar qué voy a hacer con esto que se suma a mi currículo, que definitivamente marca un precedente en mi vida como diseñadora, pero que no lo es todo. Después que termina toda esta ficción del reality, te quedás con la verdad, que seguís siendo una diseñadora que se acaba de graduar, que tiene un brazo adelante y otro atrás y que las oportunidades no te llegan a tocar la puerta. En ese momento te toca a vos buscar con lo que hiciste y la proyección que tuviste a nivel internacional e ir a tocar puertas para venderte.  

A mí me cuesta mucho venderme. Gracias a Dios he tenido gente que se ha unido a mí, mis familiares y mis amigos, de los que he aprendido a venderme.

¿Qué cambió después del programa? 

Vine a Nicaragua a tocar puertas de diferentes empresas que en su momento me patrocinaron para decirles: yo soy un talento nicaragüense, yo soy una artista y necesito patrocinio. En 2010 empecé a desarrollar proyectos en Nicaragua con empresas grandes.  

Eso me permitió contar con un pequeño capital para reinvertirlo en mi marca, contratando un relacionista público, generando pauta. Chanel no es Chanel por su talento, sino por los millones que la marca tiene invertida, por eso es Gucci, por eso es (Christian) Louboutin, y eso es lo que yo empecé a hacer. Empecé a tener desfiles a nivel nacional.   

Regresé a Argentina y estaba haciendo cosas allí. Logré ser publicada en la revista Harper´s Bazaar, pero fue un proceso de filtros, de curación de mis colecciones. Tuve mi primer desfile en Argentina. Empecé a agarrar un poquito de esto y un poquito de aquello. También con el Intur logramos llevar una muestra de nuestros artistas plásticos. Por eso es que después se fusiona y surge Nicaragua Diseña.  

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Y hablando del evento, ¿qué ha significado Nicaragua Diseña? 

Empezó en el 2011, cuando Camila Ortega, que en ese entonces trabajaba en el Intur, quiere desarrollar un proyecto que apoye y promueva a los diferentes diseñadores de moda a nivel nacional. El Intur absorbe el proyecto y como se necesitaba un poco el know how de cómo se hace un evento de moda, deciden hablar conmigo y es donde surge Nicaragua Diseña.  

Nicaragua Diseña ha marcado un antes y un después para la moda en Nicaragua. Vemos a otros diseñadores que también han ido a otros países como Adilia Alemán que fue a Londres, Carlos René Cruz que estuvo en República Dominicana.  Shantall Lacayo  participó en el reality show Project Runway Latinoamérica, donde clasificó como una de las finalistas

¿Qué tan difícil ha sido llevar tus diseños fuera de la región? 

En 2012, Alicia Rivas que en ese momento era mi relacionista pública, empezó a gestionar cómo nosotros pudiéramos entrar probono a diferentes eventos internacionales como Panamá Fashion Week, Latinista Fashion Week en Nueva York y diferentes eventos internacionales que me permitieron tener cierta proyección.  

Para entonces, no solo cuento con apoyo de la empresa privada, cuento con el apoyo del gobierno, no solo para promover a un artista, sino para promover el arte de Nicaragua a nivel internacional. Y así fue que empezamos a trabajar y se empezó a generar una red y una ola de contactos, que volviendo al tema de Nicaragua Diseña, está todo fusionado.  

Decidimos trabajar con Apen (Asociación de Productores y Exportadores de Nicaragua) hace un par de años desde Conimoda (Comisión Sectorial de Arte Textil, Cuero y Accesorios de Moda) que es un segmento de Apen. He tenido también apoyo de ProNicaragua, que a través del Mific (Ministerio de Fomento, Industria y Comercio) y las Naciones Unidas, la marca Kueros fuimos a exponer a París.

¿Qué tipo de conexiones se hacen en estos eventos? ¿Fue así como se logró la participación de Ágatha Ruiz de la Prada en la última edición de Nicaragua Diseña?

A Agatha Ruiz de la Prada, que me la encontré en un desfile y respiré profundo, conté hasta diez y le dije: “Hola que tal soy Shantall Lacayo, codirectora de este evento, te queremos invitar, toma la tarjeta de mi relacionista pública“. Ya nos conocíamos, pero por supuesto que ella no se acordaba de mí.  Ella presentó hace dos años en Panamá Fashion Week con Custo Barcelona y ahí la conocí. Estuvimos en la conferencia y todo. Claro, no se acordaba de mí en el sentido que yo soy una diseñadora emergente y era la primera vez que la conocía, pero sí conocía a las organizadoras que también se han aliado a Nicaragua Diseña.  

¿Qué significó su presencia en el evento? 

Ella marca un antes y un después, porque para un evento que tiene cinco años y querés traer diseñadores que no conocen a Nicaragua como moda, y si decís hemos tenido invitado a Ágatha Ruiz de la Prada, ya ese diseñador se ve más interesado en aceptar una invitación para venir.  

Cuando fui a Panamá, sentir que estaba presentando a la par de Ágatha Ruiz de la Prada en un evento, era una cosa enorme. Ahora imaginate aquí, que cosa más bella para los diseñadores compartir las mismas modelos, el mismo estilista, la misma audiencia, la misma pasarela.  

Ella quedó enamorada de Nicaragua, sé que si quisiéramos invitarla otro año y su agenda coincide perfectamente, ella estaría dispuesta a venir. Creo que también como Nicaragua Diseña nos abrimos a invitar a otros diseñadores, ¿por qué no un Custo Barcelona a quién ya hemos logrado localizar? Ahorita viendo la feria, hay tres marcas Nandamus, Stephan y Yao que van a estar en la Bienal y van a hacer un show personal en la tienda de Ágatha.  

Pero más allá de las puertas que siento que ya se abrieron con su presencia, (creo) de repente puede que la puerta a otro tipo de proyección internacional no va a suceder conmigo, pero puede llegar a suceder con estas tres marcas. Creo que al final es un ciclo y ese es el objetivo de Nicaragua Diseña.  

¿Creés que hay mercado para la moda en Nicaragua? 

Emprender en el mundo de la moda es un sueño que al día siguiente se puede convertir en una pesadilla. No es un mercado fácil, tenés que superar el estrés, tenés que superar egos, muchísimas cosas. Es muy difícil de llegar, pero no es imposible llegar. Yo no he llegado todavía al lugar donde quiero llegar, pero lo importante es que hoy por hoy existe Nicaragua Diseña y es un antes y un después. Hay una gran competencia local. Cada vez somos más y cada vez más competitivos.  

Mercado hay, lo que pasa es que así como los diseñadores van creciendo, la calidad de los diseñadores tiene que ir mejorando, el cliente también tiene que ir creciendo y abriendo su mentalidad. Es una tarea de dos. El público tiene que aprender que un cintillo, por ejemplo, que es hermoso y que lo podés encontrar en un centro comercial, es de una diseñadora nicaragüense y por eso lo comprás. Eso nos falta. 

Vender es lo más difícil. Para poder vivir de una pasión como esta es difícil porque estás compitiendo con un monstruo como China y donde te venden cualquier cosa a cinco pesos y al diseñador le cuesta el doble. 

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