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Para Camila Selser la actuación comenzó como un hobby a los nueve años y hoy es su profesión. Ha participado en obras de teatro, películas, series y cortometrajes. Recientemente llegó al país procedente de Colombia, donde participó como actriz en una película con el cantautor colombiano Juanes, de quien dice, es una de las personas más humildes y maravillosa que ha conocido.

Es cofundadora de Cinema Regional, una productora que impulsa la capacitación, producción y difusión nacional. Sueña con abrir una escuela de cine en Nicaragua, grabar videos de Nina y Sebastián Cardenal y de La Cuneta Son Machín.

De madre argentina y padre cubano, nació en Managua 30 años atrás y desde los seis vive en Ciudad de México. Sin embargo, habla maravillas de Nicaragua para que cada vez más gente conozca el país, incluso tiene un tatuaje en su brazo izquierdo de un triángulo que representa para ella el escudo de Nicaragua. 

De ojos verdes profundos, trato súper relajado, sonrisa fácil y acento mexico-nicaragüense, Camila cuenta que estudió actuación desde los nueve años y recibió a El Nuevo Diario antes de empezar a filmar la cuarta temporada de la popular serie Sr. Ávila, de HBO, en la que interpreta a la maquilladora de muertos. 

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¿Cuando llegaste a México ya ibas con la idea de querer ser actriz?

Cuando llegué allá, para mí la actuación fue como un escape, porque me ayudó a salir de lo doloroso que fue irme de mi país y llegar a una ciudad gigantesca sin conocer a nadie. Fui a ver más de 100 veces una obra de teatro musical que se llama “El príncipe feliz”, que trataba sobre una estatua y una golondrina que se queda varada en un pueblo y no logra emigrar. Me hice amiga de los actores y productores. Me enseñaron a cantar, a bailar y aprendí más técnicas de actuación. Al final me quedé siendo parte del elenco de la obra. Tenía nueve años.

¿Cómo conseguiste entrar al elenco?

La protagonista que interpretaba a la golondrina era la cantante Ximena Sariñana, quien por razones familiares se tuvo que ir de viaje con su papá. Entonces como yo ya me había aprendido el guión de la obra y encajaba con la niña que hacía el papel de la golondrina, me lo dieron a mí. Siempre fui una niña muy extrovertida y eso me ayudó. Ensayé durante dos meses todas las tardes después que salía del colegio y luego ya estaba actuando en la obra.

La actuación, para mí, comenzó como un hobby y luego se convirtió en mi profesión. Estudié actuación desde los nueve años e hice teatro musical, comerciales… de todo un poco.  Desde una serie que hice en el 2010, que era una adaptación de una serie argentina, mi carrera ha tomado otro giro más positivo.

¿Qué tan fácil te fue adaptarte a México siendo tan pequeña?

¡Nada! Me tomó más de 10 años adaptarme. La primera vez que yo dejé de llorar al llegar a México, porque cada vez que veníamos a Nicaragua yo no me quería ir, fue cuando tenía 16 años. En ese entonces, al ver la inmensa ciudad desde el avión entendí que debía quedarme porque ahí estaban mis amigos, mi profesión y mis sueños. Sin embargo, me costó mucho saber cuál era mi identidad.

¿Con cuál país te identificás más?

Creo que soy una combinación entre nicaragüense y mexicana. A mí me encanta volver a Nicaragua, la comida, la gente, como te hablan, aquí están mis raíces.

¿En qué rama de la actuación te sentís más cómoda?

A mí me encanta el cine. Justamente ahora estoy haciendo mucho cine comercial, pero también me inclino por el independiente. 

Teatro hace mucho que no hago, aunque lo extraño porque creo que es realmente donde uno se convierte en actor y se enfrenta directamente a sí mismo y al público. Soy de las que cree que la mayor herramienta de crecimiento actoral es el teatro, porque se rige a partir de uno. Lo demás es a partir de una cámara, ambientes y luces; mientras que en el teatro uno está solo frente a la gente tratando de conmoverlos.

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¿Hasta ahora qué es lo que se te ha hecho más fácil?

Ser yo misma, pero paradójicamente a la misma vez ha sido lo más difícil, porque hay tantos estándares de belleza con los que se debe cumplir, intelectualidad, aspiraciones, etcétera. Pero ser yo misma me ha abierto muchas puertas con personajes muy únicos. Por otro lado, me ha costado mucho trabajo porque estuve mucho tiempo perdida queriendo saber qué quiero con esto, porque todo comenzó como un juego y de repente tuve que tomármelo demasiado en serio.

¿Cómo valorás el panorama de la producción audiovisual y artística en Nicaragua?

En este país no hay una industria. Sin embargo, hay mucha cultura, arte e historias que contar. Existe mucha gente que sin ser artista, desde hace mucho tiempo viene haciendo cosas impresionantes. Mujeres como Lucero Millán y Katy Sevilla, que hacen esto por pasión. 

Lamentablemente a veces el Estado no apoya ni ve al arte y la cultura como un bien social, porque tiene que atender otras cosas. Pero hace falta arreglar eso acá en el país. El arte transforma, te deja un mensaje sin que te des cuenta, te hace remover emociones que te hacen ser más humano. Camila Selser

Me encantaría que la escena artística y cultural en Nicaragua estuviera donde debe estar, porque hay muchas cosas pasando: veo a los jóvenes que me muestran algunas piezas audiovisuales y me quedo impresionada que me pregunto cómo pudieron haber hecho semejante trabajo sin haber ido a una escuela o aprendido una técnica. Los jóvenes nicas pintan, filman, escriben, producen y si hacen todo esto sin una escuela, cuánto más podrán hacer si se capacitan.

¿Qué hace falta para mejorar ese panorama?

Considero que Nicaragua es un diamante en bruto, porque es absolutamente explotable y no de una forma negativa, sino que simplemente se trata de que la gente crea y se apropie del valor gigantesco que hay aquí y que ha estado siempre. No fue en vano que Rubén Darío nació y creció en esta tierra. Se necesitan redes sólidas apoyadas por el Estado y por oenegés.

Los mensajes patrocinados por oenegés muchas veces alteran el mensaje inicial de un productor audiovisual, ¿cómo lidiar con eso?

Sí claro, eso es una realidad, pero se deben hacer concesiones. Como productor tenés que ponerte a ver qué querés hacer, qué mensaje querés llevar y así buscar a las organizaciones pertinentes que destinan recursos para abordar las temáticas que se relacionan con tu idea.

Tu productora, Cinema Regional, apuesta a la capacitación de los jóvenes en Nicaragua y han recibido ayuda de las instituciones. 

Sí. Nosotros impartimos un taller a jóvenes durante un año que se llamó Puerta Abierta. Teníamos expectativas altísimas, nunca en mi vida había planificado algo así y conseguimos patrocinio. Pero me costó muchísimo trabajo convencer a los patrocinadores de la importancia de la producción y la capacitación. Hablé con empresarios que tienen muchísimo dinero y no ven al arte como un bien y de entrada dicen que no darán más de US$1,000. El propósito de los talleres es educar. Trajimos maestros de Alemania, México y Argentina totalmente gratis y las empresas que nos iban a dar dinero de repente nos decían que no. Hace falta formalidad y responsabilidad.

¿Qué han logrado con los talleres?

Tenemos tres cortometrajes maravillosos que dirigieron tres chavalas, y uno de ellos es sobre las fiestas de Masaya. Cuando lo vi dije: ¡Wow!, esto lo hicieron muchachas de 20 años sin tener tantas herramientas y con solo haber tomado un taller. En ese momento me di cuenta de que el talento está y lo que hace falta no solo es apoyo estatal e institucional, sino también es necesaria una escuela de cine y ese es mi sueño: quiero abrir una escuela de cine Nicaragua.

Un sueño muy ambicioso…

Lo sé. Mucha gente me dice que aquí se trabaja con lo que hay, que no haga nada, que siga con mi sueño en México, que no voy a conseguir nada. Pero las cosas se hacen haciéndose y no esperando a que sucedan porque sí. A quien le comento la idea me dice que no hay maestros, entonces me pregunto: ¿dónde estás los periodistas, fotógrafos, pintores, cineastas, músicos? ¡Esos son los maestros!

¿Y tu familia qué dice al respecto?

Es curioso, porque hasta mi mamá me decía que para qué me iba meter a eso, que luchara por mi carrera. Sin embargo, ahora entiende la importancia de esto y me apoya. Hay que sentarse, planificar, creer en uno mismo y tocar puertas.

¿Cómo pretendés lograr ese sueño teniendo al mismo tiempo una carrera profesional?

Tendría que venirme a vivir aquí para que funcione y no solo para el proyecto de la escuela de cine, sino también para que Cinema Regional funcione más y mejor. Ahorita tenemos el proyecto de hacer tres películas, de las cuales yo estoy escribiendo una, Gabriel Serra está escribiendo otra. 

Queremos participar en una película que se va hacer en toda Centroamérica con diferentes directores por país, e incluso voy actuar en Guatemala. Quiero hacer videoclips a cantantes como Nina y Sebastián Cardenal y La Cuneta Son Machín, así que tendría que venirme a trabajar aquí a Nicaragua y lo veo dentro de mi futuro.

¿Cómo llegaste a HBO?

En el 2012 hice un casting en la Ciudad de México con Fernando Rovzar, que es el director general de Sr. Ávila, recuerdo que eran cientos de chicas las que audicionaron por el personaje de Ana, la joven que trabaja en la funeraria donde se encubren todos los asesinatos del mundo del Sr. Ávila. 

Desarrollamos la primera temporada sin saber un poco qué iba pasar y el resultado fue un éxito total, a tal punto que ahora grabaremos la cuarta temporada. La historia que se cuenta es bastante fuerte. Hay mucha violencia, crítica social, todo el universo es una contradicción constante entre la vida y la muerte. Es uno de los personajes más importantes de mi carrera. 

¿Qué es lo que más te gusta de tu personaje?

A mí lo que más me gusta de Sr. Ávila, y de lo que me siento sumamente afortunada y agradecida, es que interpreto a una mujer que no está observada ni por sus compañeros, directores o el público como un símbolo sexual, sino que lo interesante y atractivo de ella radica en la personalidad y carácter que tiene. Esto es bueno porque estamos acostumbrados a sexualizar a la mujer.

Ha sido una de las experiencias más importantes. Aunque la competencia es feroz, creo que al fin y al cabo la carrera es con uno mismo. Ser parte de Sr. Ávila me ha ayudado a ser mejor actriz y me ha servido para abrir puertas y eso pesa en mi currículo. 

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