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El otro día respondía un correo de un lector de la columna pasada que se tomó el tiempo de escribirme (lo cual agradezco sobremanera), y le decía que mi aliado para escribir es el Espíritu Santo. ¡Él es mi “flow”! Los artistas le llaman “flow” a la inspiración. Y últimamente Su inspiración anda alrededor de valores perdidos, entonces voy a ser obediente. Cada día, nos enfrentamos con gente mediocre que hace menos de lo mínimo; y es muy fácil buscar motivos para actuar de esa manera: el jefe me trata mal, no gano suficiente dinero, no me gusta lo que hago, tengo problemas en mi casa, este trabajo me aburre, etc.  

A veces esas actitudes son tan obvias que uno las puede leer en el lenguaje corporal de la persona. Mi esposo y yo hemos tratado de ser buenos ejemplos para nuestros hijos enseñándoles a hacer todo con excelencia y a recorrer el kilómetro extra, sin importar las circunstancias profesionales, laborales o de negocios que nos ha tocado vivir. Quiero compartirles una situación que experimentó uno de mis hijos el año pasado. Alejandro se graduó de Ingeniero de Sonido y Producción Musical en Berklee College of Music, y después de su graduación tuvo la oportunidad de hacer una pasantía en uno de los estudios de producción más importantes de New York. Llego a su primer día de trabajo con la expectativa de entrar directo a asistir a los ingenieros de grabación y se decepcionó cuando la primera tarea que le encomendaron fue hacer café. Lo pusieron a limpiar el estudio, a lavar baños y hacer mandados en la calle. 

Un día nos llamó para decirnos que quería renunciar porque el tiempo efectivo que pasaba haciendo tareas relacionadas a su profesión era mínimo por estar haciendo esas otras cosas. Después de escuchar todos los motivos con los cuales justificaba su decisión, le dijimos: entendemos tu frustración y sabemos que estás deseoso de poner en práctica tus conocimientos técnicos, pero en la vida profesional a veces nos toca hacer cosas que nos aburren, que no disfrutamos y que nos parecen una pérdida de tiempo. Nuestra recomendación es que hagas todo lo que te encarguen con excelencia. Si te mandan a hacer café, hacé el mejor café; si te ponen a limpiar hacélo de forma impecable; volvete el mejor lavador de inodoros. Vas a ver que si haces todo con excelencia, si tu actitud es de agradecimiento y de servicio a los demás, y recorrés el kilómetro extra, te vas a ganar la confianza de los ingenieros y pronto te estarán involucrando más en las labores propias del estudio.  No renunció y al cabo de unos días nos sorprendió con esta foto que mandó al grupo de la familia: 

Cabe aclarar que no estoy diciendo que lavar inodoros es un trabajo indigno, más bien cuando me acordé de la foto me pareció un buen ejemplo para ilustrar mi mensaje. Alejandro vio los resultados de haber puesto en práctica nuestras recomendaciones; durante el resto de la pasantía, asistió en las grabaciones, consolidó sus conocimientos, aprendió a trabajar con profesionales de alto nivel y tuvo la oportunidad de tocar batería para artistas famosos que llegaron a grabar al estudio. Cuando la pasantía terminó le hicieron una fiesta de despedida donde estuvo presente hasta el dueño de la tienda de música donde hacía los mandados con frecuencia. Ahora el estudio lo está patrocinando para su visa de trabajo. Hay un principio que dice: “Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie en este mundo, conscientes de que el Señor los recompensará con la herencia.” Colosenses 3:23  practíquenlo y me cuentan.

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