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Como parte del esfuerzo de la Fundación Ortiz Gurdián (FOG), para que los nicaragüenses conozcan sobre la vida y obra de grandes artistas, llega la exposición Rufino Tamayo: mexicano universal.

La exposición está conformada por una muestra de 66 estampas, realizadas en distintos períodos por Tamayo: en las décadas de los 50, 70 y 80. También se exhiben piezas de 1925 y 1969.

Rufino Tamayo (pintor de caballete), muralista, grabador, escultor y coleccionista, es considerado el artista mexicano más famoso del siglo XX. Aparte de los tres grandes del muralismo: José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros.

Su obra refleja la influencia de varios movimientos artísticos de vanguardia, y aborda diversidad de temas: bodegones, retratos, desnudos, animales, y escenas de la cultura, y los mitos de los indígenas mexicanos.

Su trabajo ha sido objeto de múltiples apreciaciones, entre las que destaca la del escritor, poeta y crítico de arte Edward Lucie-Smith: “Siempre se le ha definido como un artista de síntesis, que liga ideas de distintas fuentes... A pesar de su evidente eclecticismo, posee una gran fuerza individual que, en parte, proviene del tratamiento del color”.

La sutileza es una constante, incluso cuando las pinturas son casi monocromáticas, y con frecuencia ricas, saturadas y llenas de sonoras armonías. Unido al color de Tamayo está su atención por la textura. Las superficies de sus cuadros son táctiles y generosamente trabajadas, haciendo patente en la pintura, la obra de artesanía tanto como la obra de arte.

Influencias

En la obra de Tamayo, correspondiente a su primera estancia en Nueva York (1926-1928), se advierte la añoranza de su país y su gente, actitud que lo identifica con los artistas de la escuela de París y la típica nostalgia del emigrado. Ejemplo de ello es la serie de autorretratos de esa época, en los que acentúa su piel morena, y sus rasgos de indígena y mestizo.

Su obra de la etapa 1929-1930 refleja la influencia del pintor italiano Giorgio de Chirico, fundador de la pintura metafísica.

Su obra de la etapa 1940-1941 refleja una capacidad de síntesis propia del pintor español Pablo Picasso, de quien Tamayo era un gran admirador.

A raíz de la crisis de salud de su esposa Olga, ocurrida a finales de 1942, y ante su imposibilidad para concebir, los Tamayo volcaron su cariño en las plantas y los animales, sobre todo en las aves y los perros, cuya presencia es abundante en la obra del artista.

Su producción sufrió un cambio drástico entre 1946 y 1947, etapa durante la cual creó piezas en las que destacan la geometría y el color, y en las que da cuenta de las secuelas de la guerra y del impacto que le produjeron los bombardeos a Hiroshima y Nagasaki.

Su obra Niño con sandías (1940) fue subastada en 1981 por Christie’s (Nueva York), en 200 mil dólares, el precio más alto pagado hasta entonces por una obra de arte latinoamericano.

Actualmente, la pieza forma parte de la Colección de Yale University Art Gallery, Connecticut. En 1989, Tamayo creó la Fundación Olga y Rufino Tamayo. En 1990, pintó su último cuadro, El muchacho del violón, considerado un autorretrato emocional.

Exposiciones

La muestra se inaugura este miércoles 26 de julio en el Centro de Arte Fundación Ortiz Gurdián/Banpro, en  edificio Málaga, Plaza España (Managua), donde estará hasta octubre. La inauguración inicia a las 6:30 p.m.

En noviembre (hasta febrero 2018), la exposición se exhibirá en  el Centro de Arte Fundación Ortiz Gurdián, León (Casa Derbyshire). 

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