•   París, Francia  |
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  • EFE

Colores pastel, vestidos lenceros y chaquetas militares crearon el fondo de armario de la firma John Galliano, que presentó hoy en París su colección primavera-verano 2018, inspirándose en la estética rockabilly que volvió a poner de moda en los 80 el clásico adolescente "Cry-Baby".

"La colección va de rockabilly y looks guais, inspirados en la película de John Waters sobre un grupo de amigas, chicas buenas, que conocen al chico malo que en realidad no lo es tanto, sino un romántico", resumió a Efe el británico Billy Gaytten.

Una idea fácil con un punto cómico y divertido, como tenía el propio film, que parodiaba en cierto modo los grandes clásicos musicales para adolescentes protagonizados por Elvis Presley en los 50.

Así, la pasarela se llenó de looks andróginos, con chaquetas militares en blanco con flores bordadas o decoradas con estampados de leopardo, sobre vestiditos lenceros y trajes de chaqueta corta combinados con camisas con volantes en el pecho en blanco y negro.

Gaytten volvió a repetir con sus sencillos vestidos de día, ajustados en la cintura y con mangas y falda de vuelo, aunque en esta ocasión los creó en sedas satinadas o tul translúcido, dejando a la vista la lencería que se lleva también retro y en colores vivos.

Si las modelos robaron en esta ocasión el look de Johnny Depp, protagonista de la película, no dejaron de llevar los clásicos vestidos princesa palabra de honor de la época, en una estética casi de Barbie, adornados con flores en rosa fucsia y azul, un guiño a los estilismos que vestían las chicas en las fiestas americanas de instituto de la época.

El look se cierra con mocasines bicolor en blanco y negro, como los que solía vestir Elvis, botas acordonadas y sandalias con tacón "kitten" para llevar con vestidos, mientras que en los bolsos tan solo destacaron unos sacos tipo bolsa del supermercado en la que se guardan los zapatos, para descansar después de tanto bailar rock n'roll.

Entre los grandes nombres del día, también destacaron las propuestas de Valentino con la consolidación de Pierpaolo Piccioli, cuya carrera en solitario al frente de la casa italiana tras la partida de su antigua colega Maria Grazia Chiuri se estabiliza.

Hacía tiempo que no se veía tanto rojo en una colección de Valentino desde que el maestro Valentino Garibaldi abandonara las riendas de la "maison" y quizás precisamente por eso el italiano, quien siguió el desfile desde la primera fila, junto a la cantante Carla Bruni, se levantó a aplaudir a su aprendiz al cierre de la pasarela.

Las raíces de la casa se reinventan en una línea especialmente ovacionada, que alterna los vestidos más elegantes con piezas ultra deportivas y una gran cantidad de piezas especialmente comerciales, como los zapatos de tacón "kitten" con puntera y lazo -el rojo promete ser éxito de ventas- o una gabardina asimétrica con lazada al cuello y solapa de piel.

A pesar de que los vestidos, en versión maxi o mini, ocuparon gran parte de la colección con espectaculares bordados y sensuales volantes, los looks "sport" se llevaron el protagonismo, en pantalones tipo militar en cuero y con brillantes, así como tops confeccionados a base de lentejuelas.

Por último, Céline repitió sus códigos de vestimenta para la mujer contemporánea, con ese talento innato que parece tener para ello su diseñadora, Phoebe Philo, aunque para ello tenga que repetirse e innovar poco, como ocurrió este domingo.

Repiten las maxigabardinas y las exageradas chaquetas de desproporcionados hombros cuadrados en una estética de oficina de principios de años 90 con el punto underground que añaden los tiempos modernos.

Lo más atractivo resultaron un par de vestidos sin mangas, en un modelo estampado a rayas y en otro sencillamente negro, que, a partir de una cinta de cuero, crea una especie de armadura marcando la cadera para caer con gran movimiento en la falda. 

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