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La Plaza Julio Martínez es un punto de referencia en Managua. Justo en su parte frontal se aloja una parada de autobuses, lo que la hace muy conocida, sin embargo, vale la pena preguntarnos ¿quién es el personaje que da nombre a ese sitio tan famoso en la capital?

Ligia Martínez Houben brinda la respuesta a esa interrogante en la obra “Julio Martínez: el hombre, el padre, el empresario”, un libro en el que va mucho más allá de hablar del gran emprendedor que fue en el ámbito empresarial, al que entró con un vehículo de un caballo de fuerza, pues a los 20 años solo poseía un coche halado por un equino, el cual se distinguía de los demás por ofrecer a sus pasajeros pulcritud e iluminación eléctrica, cuando los demás usaban velas.

Sin dudas, en nuestra era, Julio Martínez sería un orador motivacional,  porque cuenta con una historia personal que inspira, pues abandonó su Rivas natal para aventurarse a crecer en la capital, meta que definitivamente sobrepasó al lograr adquirir 12 taxis y luego dárselos a sus cadetes, para que los pagaran en pequeñas cuotas, mientras él se mudaba al negocio de los repuestos para automóviles.

La señora Martínez Houben es la menor de los cuatro hijos de este hombre, cuyo nombre se relaciona a grandes marcas de automóviles como Ford y Mazda, pero cuyo legado trasciende al plano de la filantropía.

Esta no es la primera obra escrita por ella. En el 2004 publicó el libro “La Virgen María y la mujer nicaragüense” y  luego “Transforma tu pérdida”. Su mamá le pidió que escribiera un libro sobre su papá y la travesía fue accidentada, pues cuando comenzó a hacerlo le robaron su computadora y perdió el trabajo.

No obstante, bien dicen que todo llega cuando tiene que llegar, así que mientras ayuda a su mamá a mudarse encontró la caja de los tesoros, pues en ella había recortes de periódicos, conferencias grabadas en casete, escritos y placas de premios recibidos por su padre. 

“Descubrir esa caja fue para mí como encontrar un tesoro. Lo escribí del alma pero también lo documenté. Mi papá fue muy conocido como empresario, triunfó en el mundo de los negocios  pero no somos seres unidimensionales, por ello quise hablar de sus otras facetas, sobre todo de la de padre, porque fue un gran padre y al descubrir recortes y el contenido de sus conferencias mi admiración ha crecido mucho más”, compartió. 

El emporio comenzó con la vulcanización de llantas. La hija de don Julio Martínez manifestó que hay una foto en la que él salía junto a un muchacho vulcanizando una llanta y esa la conservaba en su oficina, debido a que nunca quiso olvidar de dónde venía y cómo había comenzado.

“Mi padre supo quién era él y creo que eso influyó en que él siempre fuera compasivo. Recuerdo que una vez que llegó un señor que cuidaba en el primer piso, la persona que filtraba quiénes podían pasar o no estaba evitando que entrara un mendigo, escuchamos la discusión y mi papá salió, hizo pasar al mendigo y lo trató con el mismo respeto que trataba a las personas con dinero, eso a mí me caló, él no fue un empresario frío, sino uno que siempre veló por su prójimo”, señala.

Como dato curioso y a la vez inspirador, destacamos que él siempre quiso hablar el idioma de sus proveedores, para entenderse con Ford estudió inglés de forma autodidacta y luego aprendió japonés cuando empezó a tratar con Mazda.

“En Estados Unidos la comisión de la Ford le dio una placa de oro por su trabajo y el éxito que había cosechado. Tuvo el honor de cerrar el evento representando a Latinoamérica. Fue un hombre que creyó en el ahorro, era disciplinado y creía en la importancia de reinvertir”, comparte la escritora.

El libro será presentado a las 6:30 en el Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra. El evento es abierto al público y la autora espera poder establecer un conversatorio con todos los asistentes. 
 

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