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La poeta nicaragüense Claribel Alegría recibió ayer el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana con un alegato a favor de las mujeres, que durante años lucharon contra el machismo imperante en América Latina y lograron romper los muros para ver reconocido su papel en la sociedad.

A sus 93 años, la poeta nicaragüense aseguró sentirse “emocionadísima” por la distinción que corona una trayectoria literaria de siete décadas en la que, según sus palabras, siempre escribió “bajo la espuela de la obsesión”.

“Nací y crecí en una sociedad agresivamente machista”, evocó en su discurso, en el que recordó que la mujer campesina o proletaria nunca tuvo otra opción que la de convertirse “en esclava de su marido y sus hijos”.

Alegría confesó que su “golpe maestro” para poder estudiar fue amenazar a su padre con hacerse monja o casarse con el primero que pidiera su mano para divorciarse enseguida, lo que era “un horror en ese tiempo”.

La poeta subrayó que el machismo en Centroamérica ha tenido que admitir “lentamente y de mala gana” que una mujer pudiera acceder a puestos de trabajo como los del hombre y, también, a ser reconocidas en el ámbito de las letras.

También reflexionó sobre si hay una literatura femenina y otra masculina, sobre lo que concluyó que hay dos tipos: “la buena y la mala”.

“El sexo del autor no tiene nada que ver con la calidad de su obra”, sostuvo Alegría en un discurso en el que, sin faltar los toques de humor, repasó algunos de los hitos de su vida y “los

poemas de amor” con los que quiso combatir “las dictaduras, las injusticias y las barbaries” en Centroamérica.

Uno de los secretos de su literatura, reveló la escritora, es que nunca escribe versos en ordenador, porque necesita “bolígrafo y páginas sin rayas” para afrontar “una empresa tan frágil” como la de escribir poesía. Sentada en su silla de ruedas, Alegría dedicó el premio a la reina Sofía --de cuyas manos recibió el premio en una ceremonia celebrada en el Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid--; a su mentor, el célebre poeta Juan Ramón Jiménez, así como a su esposa, Zenobia Camprubí, y a quien marcó su vocación literaria, el escritor Rainer María Rilke.

Como es tradición, en la entrega del galardón, dotado con 42,100 euros (49,000 dólares), se presentó el poemario antológico de Alegría, “Aunque dure un instante”.

Integrante de la llamada Generación Comprometida, Alegría tiene a sus espaldas una dilatada carrera que estrenó en 1948 con su primer libro, “Anillo de silencio” y al que siguieron otros 24 poemarios y una decena de novelas.

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