Esteban Solís R.
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A 20 años de la firma de los Acuerdos de Paz de Esquipulas II, los presidentes de Nicaragua, Daniel Ortega, y de Costa Rica, Oscar Arias, narraron sus vivencias como protagonistas directos de ese proceso, pero quedó en evidencia que ambos tienen una visión radicalmente opuesta sobre los orígenes del conflicto.

Ortega, Arias y Cerezo estaban sentados en el auditorio de la Universidad Católica bajo la atenta mirada del cardenal Miguel Obando, mediador de aquellas negociaciones. Napoleón Duarte y José Azcona, ex presidentes de El Salvador y Honduras, respectivamente, ya fallecidos, también fueron artífices de los acuerdos.

El mandatario costarricense recordó que no podía seguir esperando que las potencias extranjeras (Estados Unidos, la extinta Unión Soviética y Cuba) decidieran “si querían que nuestros conflictos se resolvieran por la vía militar o por la diplomacia”.

Arias dijo que ante ese escenario, tomó la decisión en enero del 87 de redactar un plan de paz, “una solución centroamericana para los centroamericanos”. Dijo que el plan fue presentado personalmente a sus colegas y lo llevó a Europa, que lo hizo suyo, incluyendo el Vaticano.

El relato veinte años después
El relato de los protagonistas de los acuerdos era seguido por un auditorio lleno de invitados, entre los que se encontraban los representantes de los poderes del Estado de Nicaragua, diputados, cuerpo diplomático así como estudiantes universitarios.

“La presión de las superpotencias continuaba aumentando, pero no estuvimos dispuestos a aceptar sus imposiciones y después de varios cambios de fecha, Esquipulas II se llevó a cabo en agosto del 87”, recordó Arias.

Contó que aún después de la firma de los acuerdos, la oposición de las grandes potencias continuó, sin embargo, gracias al apoyo de la comunidad internacional y la estoica perseverancia de los presidentes centroamericanos “las presiones extranjeras disminuyeron y la construcción de la paz pudo empezar”.

Arias dijo que no caería en la trampa de quienes han querido enfrentar a “nuestras dos naciones, nos costó demasiado tiempo, sangre y dolor alcanzar el respeto en Centroamérica, como para jugar a perderlo”.

Ortega niega injerencia de los rusos y de Cuba
Por su parte, el presidente Daniel Ortega prácticamente emplazó a su colega costarricense y de paso a Cerezo, a quienes les pidió que hicieran público que si alguna vez durante las sistemáticas y prolongadas reuniones que mantenían a puertas cerradas, recibió alguna llamada de los rusos o de los cubanos para interferir en el proceso.

Incluso, Ortega recordó que la antigua Unión Soviética no dio una sola munición al FSLN en su lucha contra la dictadura de Somoza, antes bien, el ex presidente costarricense José “Pepe” Figueres les dio las primeras armas a los guerrilleros sandinistas, las cuales tenía desde finales de los años 40.

El jefe de Estado dijo que los Estados Unidos, con el entonces presidente Ronald Reagan al frente, intentaron destruir la revolución porque no podían permitir que hubiesen dos revoluciones en América Latina, la cubana y la nicaragüense.

“Reagan y el señor
Shultz (George), ex secretario de Estado norteamericano, sí hacían llamadas a los presidentes centroamericanos, yo nunca recibí una llamada de la Unión Soviética”, remarcó Ortega.

Insistió que Nicaragua quería la paz y los Estados Unidos quería invadir con sus tropas, que las tenía en bases hondureñas, abriendo una cabeza de playa en una porción del territorio nacional en la zona del Pacífico. En Costa Rica también tenían bases militares.

Rechaza conflicto Este-Oeste
Rechazó de plano que Centroamérica estaba atrapada por el conflicto Este-Oeste, porque eran los Estados Unidos los que querían destruir la revolución. Sin embargo, dijo que cada uno de los presidentes o ex presidentes centroamericanos tienen su propia visión de los hechos y que era difícil conciliar posiciones, pero allí están los elementos probatorios, retó.

Dirigiéndose a Arias, a Cerezo y al ex presidente hondureño Rafael Callejas, continuador del proceso que heredó de Azcona, Ortega emplazó “que me digan ellos si en algún momento escucharon el rumor de que la Unión Soviética me estuviese aconsejando a mí no apoyar los acuerdos o no buscar el diálogo, al contrario, los soviéticos eran respetuosos de lo que nosotros decidíamos, igual Cuba, ese fue el pretexto para justificar la destrucción de la revolución sandinista”.

Ortega, Cerezo y Callejas, con la excepción de Arias, abogaron por la unidad de los pueblos centroamericanos, como el único camino para sacar adelante la región porque, como afirmaron los tres, sigue pendiente la erradicación de la pobreza y el combate al desempleo.