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El reencuentro de tres de los cinco firmantes de Esquipulas II hace veinte años originó distintos puntos de vista acerca de este hecho visto en restrospectiva, pero además se recordaron contradicciones que pusieron en peligro la firma en ese momento pero que quizás, por la severidad de la guerra, no se percibieron.

La mayor expectativa de este encuentro auspiciado por la Universidad Católica de Nicaragua, Unica, y el cardenal Obando, fue la presencia del presidente de Costa Rica, Oscar Arias, y su anfitrión el presidente Daniel Ortega, quienes se entrevistaron al culminar la tarde.

Por ejemplo, el ex presidente guatemalteco Vinicio Cerezo Arévalo llamó descarados a los representantes del gobierno de Estados Unidos en los años 80, encabezado por el entonces presidente Ronald Reagan, por impulsar las denominadas “guerras de baja intensidad” en pequeñas regiones como Centroamérica.

Pero el ex presidente de Honduras, Rafael Callejas, aunque no fue firmante de los acuerdos, sino el finado José Azcona Hoyos, resaltó ayer la labor de conciliación del cardenal Miguel Obando y Bravo, clave para la pacificación de Centroamérica.

“Fue vital la presencia del cardenal Obando como conciliador de los distintos actores”, recordó Callejas, quien gobernó Honduras entre 1990 y 1994.

Pero las celebraciones del 20 aniversario de los Acuerdos de Paz Esquipulas II en Managua también trajeron consigo lo que parece ser el proceso de reconciliación entre el presidente Daniel Ortega y el alcalde de la capital, Dionisio “Nicho” Marenco.

¿Reconciliación con Nicho?
“Querido hermano Dionisio Marenco, alcalde de Managua”, dijo Ortega e inmediatamente el auditorio de la Universidad Católica estalló en aplausos. Los presentes, incluyendo extranjeros, al tanto de las diferencias entre Ortega y Marenco, estaban atentos a que si el jefe de Estado ignoraría al edil o le daría su lugar, como en efecto ocurrió lo último.

Y es que el comandante Ortega había mencionado con la misma palabra de hermano al vicepresidente Jaime Morales; al jefe del Ejército, general Omar Halleslevens; al titular del Parlamento, René Núñez; al presidente del Consejo Supremo Electoral, Roberto Rivas; y al vicepresidente de la Corte Suprema de Justicia, Rafael Solís, pero ninguno de ellos fue aplaudido. Obviamente, esperaban la ocasión para hacerlo si el mandatario hacía lo mismo con Marenco.

El presidente tuvo un gesto que quizás para la mayoría pasó inadvertido: antes de que el evento empezara, se dio cuenta que Nicho Marenco estaba en tercera fila, igual el jefe del Ejército. Ortega Hizo un rápido movimiento de señas a uno de sus escoltas, quien trasladó dos sillas para ubicarlas en primera fila y luego se dirigió donde el alcalde y el general Halleslevens, a quienes les dijo que el presidente los invitaba a que se colocaran en primera fila, a lo que ellos accedieron.

Los desaires
Lo de “zapatero a tu zapato”, expresión del comandante Ortega a una declaración del alcalde Marenco y la del propio edil de que el presidente debe despachar los asuntos de Estado en la casa presidencial y no en la Secretaría del FSLN que provocó la respuesta de Ortega, parecen haber quedado en el pasado.

Un desaire para el alcalde ocurrió el 19 de julio, cuando los organizadores del evento ni siquiera mencionaron a Nicho Marenco, que se encontraba en la tarima principal pero relegado a una esquina de la construcción. El siete de agosto, Marenco fue marginado del programa sobre la visita que hizo a Managua el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. En esa ocasión el alcalde capitalino se quedó con las llaves de la ciudad que le entregaría al mandatario brasileño.

Ayer, las cosas fueron radicalmente distintas. A Marenco el propio presidente le dio su lugar, y como en otras ocasiones lo llamó hermano.

Alguien comentó después de la actividad en la Universidad Católica que en días pasados, el comandante Ortega, a través de uno de sus cercanos colaboradores, le mandó a decir a Nicho Marenco que quería hablar con él. Si fue acertada esa versión, el resultado se reflejó ayer y si no es así, de todos modos parece que las cosas entre ambos caminan mejor.

Respeto y ayuda para la paz
Al inaugurar el encuentro, el cardenal Miguel Obando y Bravo pidió a la comunidad internacional un trato especial que garantice el desarrollo socioeconómico de los países centroamericanos y, a su vez, “sea una garantía para la paz duradera”.

Obando también pidió a los países del mundo “respeto y ayuda” para la región, pero sobre todo para la paz. Al igual que Cerezo, Obando no cree que haya motivos para un nuevo conflicto regional.

“La guerra es una aventura sin retorno. En la actualidad, una guerra no resolvería los problemas que enfrentamos, por el contrario, los agravaría”, dijo Obando.

El prelado también llamó a los ciudadanos centroamericanos a constituirse en sujetos activos y no pasivos de su historia y su futuro; hizo un llamado a la solidaridad y la reconciliación, llamó a la paz y no a la guerra.


Callejas exalta al Cardenal
El ex presidente de Honduras, Rafael Callejas, resaltó ayer la labor de conciliación del cardenal Miguel Obando y Bravo, clave para la pacificación de Centroamérica.

Callejas se pronunció durante la conmemoración del XX Aniversario de los Acuerdos de Esquipulas que propiciaron la obtención de la paz en la región, celebración ocurrida en la Universidad Católica.

“Fue vital la presencia del cardenal Obando como conciliador de los distintos actores”, recordó Callejas, quien gobernó Honduras entre 1990 y 1994.

Callejas rememoró que al menos cuatrocientos mil refugiados salvadoreños y nicaragüenses tuvieron en su país una oportunidad para sobrevivir, y celebró que los acuerdos de paz les hayan permitido regresar a sus países sanos, salvos y bajo un nuevo ambiente de tolerancia a todas las ideas.

Llamó a todos los presidentes de Centroamérica a firmar un nuevo acuerdo para que no haya más desplazados económicos y se consolide el porvenir en el país.

También retomó el papel del cardenal Obando, destacando que “en un viaje de 24 horas a mi país, el cardenal Obando, con su espíritu conciliador, transformó veinte años de nuestra historia”.


(Con la colaboración de Eduardo Marenco).