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El grupo de estudiantes de comunicación de UCC, partimos de Managua, rumbo a la ciudad colonial de Granada aproximadamente a las nueve  de la mañana.

Llegamos pasada las diez bajamos del bus en el Parque Central, donde podíamos ver los toldos que instalaron los comerciantes para vender sus productos a los turistas extranjeros y nacionales que pasaban por ahí. La mayoría eran artesanías, pintura sobre tela, camisetas o comoida típica.

En el centro del parque los caminantes se detenían a observar el grupo musical que mantenía el ambiente cultural nicaragüense, todo esto era ofrecido a todos los visitante que llegaron a la ciudad colonial, debido a que en "La Gran Sultana" celebraba El VII Festival de Poesía de Granada que alojó a más de 150 poetas y escritores de más de 50 países de habla hispana y muchos otros idiomas.

Caminamos hasta el centro del parque,  y luego nos separamos cada quién por su lado, tanto en el parque como en la Plaza Central se podía respirar el aire a poesía y literatura. Se podía ver en los edificios coloniales de la Plaza vallas alusivas al festival y muchas decían “Bienvenidos Poetas del Mundo”.

Caminé hasta el costado norte de la plaza central, donde ondeaba en un asta la bandera nacional al lado de un cañón de guerra antiguo, ahí se forma una pequeña calle que en una de sus aceras albergaba toldos de comerciantes que vendían libros de autores nicaragüenses y extranjeros, así como también cuentos infantiles, libros de recetas para cocinar y muchas otras variedades de libros, en el centro de la calle también había toldos en los cuales se podían ver cuadros de pintores nacionales que estaban a la venta así como comida y otros productos, al otro lado de la calle, los poetas y escritores invitados se encontraban desayunando o tomando café o refrescos preparándose para un viaje a las isletas de Granada, parte del protocolo de visita de los poetas.

De regreso al Parque Central, en el toldo se encontraban los músicos, ahora se podía apreciar a poetas novatos declamando sus poemas a la multitud que cada vez era mayor.

Después de degustarme con un plato de vigorón y un fresco de chía, me preparé para partir de regreso a Managua, con el eco de cada poema que logré escuchar.