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Un negro acaparando la atención del mundo utilizando precisamente Berlín como foco en 1936, amargando a Adolfo Hitler. ¿Se imaginan eso? Después del inesperado triunfo de Max Schmelling sobre Joe Louis ese año, la propaganda nazi cobijó aquellos Juegos, confiando en que Alemania arrollaría, pero Jesse Owens, negro, nieto de esclavos, había lanzado meses antes una seria advertencia, tumbando las marcas mundiales en salto largo, 200 metros y 220 yardas, igualando la de 100 yardas, convirtiéndose en el rival a vencer, la figura a seguir, la posibilidad de ver a un ganador de cuatro medallas de oro en pista y campo, algo fantasioso. Su marca de 8.13 en longitud en aquellas pruebas, permaneció 25 años.

Se tejieron muchas historias. Hitler no le dio la mano a ningún vencedor, ni siquiera al alemán Hein, ganador en martillo, por una recomendación del propio COI. Sin embargo, se asegura que sí fue cierta su expresión: “América debería avergonzarse con medallas de negros. No saludaré a ningún negro”.

Owens inició su arremetida fantástica, ganando el oro en los 100 metros con tiempo de 10.3 segundos, dejando quieta la marca mundial de Charles Paddock con 10.2, y continuó el salto largo enfrentando al alemán Luz Long, con quien cultivó una fuerte amistad. En la clasificación, Owens tuvo dos saltos nulos antes de asegurarse en el tercero, aprovechando que Long –según la leyenda- colocó un pañuelo en el lugar donde debería iniciar su impulso.

Con lo ajustado del horario, Owens ganó su serie clasificatoria de 200 metros, y minutos después, estaba marcando 7.74 metros, récord olímpico en su primer intento saltando. Long lo niveló, y Owens se fue hasta 7.87 y 7.94, antes de conseguir 8.06 capturando el oro, sin perturbar su propio récord mundial de 8.13 metros. Se impuso en los 200 metros con 20.7 segundos, marca olímpica, quedándose a la orilla del registro mundial de 20.6 en poder de Roland Locke y James Carlton. Cerró su actuación, con el triunfo en el relevo 4 por 100.

En su biografía, publicada en 1970, Owens dice que finalmente Hitler lo saludó desde las tribunas, pero que el presidente Roosvelt, no lo recibió en la Casa Blanca, y regresó a la parte de atrás de los buses, discriminado.

 

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